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Trampas después de la derrota

Con un 3-0 en el marcador y con el árbitro habiendo pitado ya el final del partido, Coalición Canaria quiso marcar un gol con la mano en la constitución del Parlamento de la X Legislatura

Asier Antona (PP), José Miguel Barragán (CC), Ángel Víctor Torres (PSOE) y Román Rodríguez (NC) durante la constitución del Parlamento de Canarias.

Los líderes de los principales partidos en el Parlamento canario, durante el receso provocado por la presencia de cuatro mujeres y un solo hombre en la Mesa de la Cámara.

El árbitro ya había pitado el final del encuentro y en el marcador aparecía reflejado un clamoroso 3-0 que mostraba en toda su crudeza las tres derrotas que había sufrido el equipo de casa las últimas semanas. Efectivamente, Coalición Canaria jugaba en casa porque de ella se apropió un día de hace 26 años cuando venció con trampas una moción de censura que su primer dirigente interpuso a su socio de gobierno trayéndose a empellones desde Madrid a dos diputados lanzaroteños que se habían negado a participar en la mascarada.

El 26 de mayo pasado el mismo partido fue derrotado ampliamente en las urnas, y por primera vez había una posible alternativa que no tuviera que pasar necesariamente por sus condiciones. Ésa fue la primera derrota.

La segunda se produjo en la cumbre del Palacete, la reunión entre Coalición Canaria, el Partido Popular, Nueva Canarias, la Agrupación Socialista Gomera y Ciudadanos del pasado viernes 14 de junio. Allí, en la residencia presidencial de Ciudad Jardín, un enaltecido Fernando Clavijo dijo que estaba dispuesto a cederle la presidencia a Asier Antona, el líder y candidato del PP, si aceptaba ser un presidente florero, vestido todo el día de frac, para no perderse ni una sola procesión, o de romero para estar en todas las romerías. El medianero, término con el que Clavijo se refiere despectivamente a Asier Antona porque así seguramente se lo permiten en la sede central del PP, se levantó indignado y los dejó a todos con tres palmos de narices.

Clavijo creía entonces que era superable el veto de Ciudadanos a su presencia en el Gobierno, al menos como vicepresidente, a pesar de su imputación en el caso Grúas, pero la tozudez del tiempo le dejó claro una semana después que su candidatura era imposible. Y ahí fue cuando llegó la tercera derrota.

Esta vez Coalición Canaria se reforzó con un fichaje de postín que ni siquiera estaba federado, una exigencia -la de los reglamentos y las leyes- que, al fin y al cabo, jamás ha importado mucho a ese partido si de lo que se trata es de ganar a cualquier precio. El forro fue José Manuel Soria, el ministro de los papeles de Panamá, el ministro de las prospecciones petrolíferas, del impuesto al sol, el del viaje del salmón y el del caso chalet.

No está nada claro aún si fue Soria el que se ofreció a Clavijo o si fue Clavijo el que recurrió a él para que intercediera ante la sede central del PP para intentar una investidura presidencial que garantizara a toda costa la permanencia de Coalición Canaria en el poder. Fuera como fuese, Soria aceptó el reto, y a él le añadió uno más: apartar con el mismo golpa a Asier Antona para que no pudiera volver jamás a poner en peligro los negocios de los grupos de poder más influyentes de Canarias, entre los que se encuentran los que son asesorados por el famoso señor Soria.

Es a Soria al que se le atribuye la idea de proponer al PP que la presidenta del Gobierno fuera la mano derecha de Antona, su secretaria general, Australia Navarro, lo que a José Miguel Barragán, el secretario general de CC, le parecía una idea malvadamente insuperable. Primero porque, de haber sido aceptada por el PP, allanaría el camino a que CC pudiera mantenerse en el machito otros cuatro años, y segundo, porque de ser rechazada, sembraría en la cúspide del PP canario la semilla de la discordia y de la desconfianza.

Y a CC le salió la segunda opción, que este martes tuvo su verificación en la pérdida para Australia Navarro del puesto de portavoz de relumbrón del PP (con su correspondiente plus salarial, coche, chófer, dietas y demás prebendas) y la apertura de una brecha de desconfianza hacia ella que tardará mucho en recomponerse.

Rechazada esa opción marciana (el tercer partido presidiendo el Gobierno mediante una candidata que desplaza a su propio y humillado candidato), a Coalición Canaria solo le restaba aceptar la derrota y acatar el resultado de las urnas antes de que diera comienzo la X Legislatura. Pero no lo hizo.

En la constitución del Parlamento de Canarias volvió a enseñar su colmillo. Conocedor días antes su secretario general de que el PSOE iba a proponer a una mujer -Teresa Cruz- a la presidencia de la Cámara, y de los nombres de las otras dos mujeres que compondrían la Mesa (Esther González, de Nueva Canarias, y Luz Reverón, del PP), José Miguel Barragán informó la tarde anterior al secretario general de los socialistas, Ángel Víctor Torres, de que renunciaba a exigir dos puestos en ese órgano y que su candidata sería mujer, Rosa Dávila.

CC trataba así de provocar un bloqueo en la misma inauguración de la legislatura haciendo pasar un primer sofoco al PSOE, pero Torres ya había sido prevenido por la presidenta saliente, Carolina Darias, de que esa circunstancia podría producirse: que un artículo del reglamento de la Cámara, previsto para evitar discriminación de género hacia la mujer, pudiera ser utilizado de modo perverso para justo los fines contrarios. Al fijarse la prohibición de que no pueda haber más de tres personas del mismo sexo entre las cinco que integran el órgano, y al conocerse que podía haber cuatro si el PSOE mantenía a su candidata a la presidencia y a un hombre para la secretaría primera, Coalición Canaria lograría con su gesto un bloqueo que habría evidenciado la incapacidad de los socialistas para manejarse en las instituciones.

El PSOE maniobró, y preparó una alternativa: sustituyó a Teresa Cruz por un hombre, Gustavo Matos, y colocó a una mujer como candidata a la secretaría segunda, de modo que provocara el mismo bloqueo en la constitución de la Mesa, pero con una diferencia: la situación generada no abocaría a la repetición de la votación a la presidencia, como mandata el reglamento, pero sí la de los demás miembros, de modo que se viera reflejado en el Diario de Sesiones que la imposición reglamentaria obligaba a sustituir a una candidata (Nayra Alemán) por un candidato (Jorge González), pero sin tocar la elección de la presidencia, lo que hubiera supuesto un patinazo inaugural que Coalición Canaria habría convertido en su primer triunfo de su nueva era en la oposición.

Es conveniente ahora que el PSOE y sus socios de gobierno por la izquierda promuevan de inmediato una reforma del reglamento, de modo que un artículo pensado para corregir la desigualdad no choque contra las leyes de género españolas y europeas, que en caso de duda hacen primar la presencia de mujeres para corregir la histórica discriminación que han sufrido en las instituciones. Incluido el Parlamento de Canarias.

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