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Más allá de los argumentos

Coalición Canaria enturbia la campaña electoral desplegando todas las zafiedades previstas en el repertorio, desde Venezuela a Catalunya, pasando por el monstruo de La Moncloa

El presidente de Canarias y candidato a la reelección por Coalición Canaria, Fernando Clavijo en un mitin de su partido. EFE/Carlos de Saá.

El presidente de Canarias y candidato a la reelección por Coalición Canaria, Fernando Clavijo en un mitin de su partido. EFE/Carlos de Saá.

La resistencia al cambio de ciclo político en Canarias que han venido dibujando las encuestas y que estamos a muy pocas horas de comprobar, ha conducido a Coalición Canaria al precipicio del ridículo público. Utilizando continuamente la mentira para tratar de tapar los desastrosos resultados de su gestión de estos últimos cuatro años, el presidente Clavijo y su equipo han tenido que valerse de una apabullante campaña publicitaria de cuyo presupuesto total probablemente nunca nos enteremos y que ha incluido vallas y panfletos contra el partido que se perfila como ganador, así como respaldo descarado a todas aquellas formaciones, por muy frikis que puedan parecer, que estén en disposición de restarle votos a los socialistas. Aunque sea solo un puñado.

Carente por completo de recursos dialécticos y políticos con los que contrarrestar la dura realidad de las cifras y de los datos que colocan a Canarias a la cola de prácticamente todo lo medible, Coalición Canaria ha recurrido a lo más zafio del repertorio de campaña, a la descalificación del adversario con insinuaciones que solo los ignorantes podrían estar en condiciones de asumir. Con lo que debemos llegar a dos conclusiones inquietantes: la primera, que los nacionalistas consideran al cuerpo electoral fácilmente manipulable y, la segunda, que atacando a los que podrían resultar ganadores de estas elecciones y a los que se perfilan como sus posibles socios, en realidad los están aupando al lugar más privilegiado del podio.

Para el tramo final de la campaña, Clavijo y su equipo médico habitual han tirado de dos conceptos ampliamente descalificados por los analistas demoscópicos por desgatados e inútiles. Se trata de Venezuela y de Catalunya, dos espantajos que fueron utilizados profusamente durante la pasada campaña de las elecciones generales por los partidos de la derecha, que ni siquiera así han logrado sumar los escaños necesarios para impedir un Gobierno socialista apoyado por Podemos. Y circunstancialmente por los partidos nacionalistas, incluidos los independentistas catalanes.

Pretender equiparar a Podemos con Venezuela para, de rebote, zurrarle al PSOE y a Nueva Canarias por el pacto en ciernes en Canarias, en el supuesto caso de que mañana sumen, es pasar por encima de lo que el tiempo y todas las circunstancias han demostrado una falacia. La gestión de Podemos donde ha encabezado gobiernos o formado parte de ellos ha sido en ocasiones brillante, mucho mejor que la de los profesionales de la política que han tratado de  descalificarle con un éxito ciertamente cuestionable.

El viejo espantajo de la financiación chavista de la formación de Pablo Iglesias ha quedado tan en pañales con la aparición de informes que señalan a una policía corrupta que se inventaba esas conexiones y con la confirmación de que auténticos patriotas españoles como Vox se han venido financiando recurrentemente por capital iraní, en clara vulneración de las leyes patrias, que resulta grotesco y penoso devolver la burra al trigo con el asunto venezolano de marras.

Peor se ponen las cosas a Coalición Canaria con las apelaciones a que el Gobierno de Pedro Sánchez, ese monstruo de La Moncloa, le roba dinero a Canarias para dárselo a Catalunya. Se trata, cómo no, de otra afirmación falsa porque nada de eso ha podido ocurrir mediante unos presupuestos que no solo no llegaron a existir, sino que no prosperaron precisamente por la negativa de los independentistas catalanes a aprobarlos.

Peor aún resulta el encuadre ideológico en el que se coloca Coalición Canaria con invocaciones como la de Catalunya. Solo los partidos de la derecha y de la extrema derecha siguen instalados en ese guineo, es decir, los ultranacionalistas españoles a los que, precisamente por eso, critican contundentemente las formaciones nacionalistas serias, como el PNV, socio de Coalición Canaria en la candidatura al Parlamento Europeo.

El inmenso fraude que siempre ha sido CC se parece mucho a Santillana del Mar, que no es santa, ni es llana ni tiene mar, dicho sea con el permiso del omnipresente Miguel Ángel Revilla. No es nacionalista, es folclorista; no es progresista sino celosa guardiana de las esencias de los poderes económicos canarios, particularmente los de Tenerife; no “lucha” por Canarias, como dice su eslogan: defiende a uñas y dientes un poder alcanzado hace 26 años a partir de una trampa que tendrá que pasar este domingo nuevamente la cernidera de las urnas.

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