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Un giro histórico inesperado

Acuciado por el fracaso de su estrategia electoral y de su cerrazón del verano, Pedro Sánchez alcanza un acuerdo para un Gobierno de coalición de izquierdas con quien convirtió en un socio imposible

El PSOE y Unidas Podemos dibujan un programa de Gobierno perfectamente asumible por cualquier socialdemócrata europeo de los tiempos en los que la socialdemocracia se imponía a las exigencias de los poderes salvajes y a los hombres de negro

Cuarenta y ocho horas... Y 196 días después

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, tras la firma del pre acuerdo para formar un gobierno de coalición EFE / MADRID

Por primera vez desde la recuperación de la democracia, España se dispone a contar con un Gobierno de coalición y, además, de izquierdas, si finalmente llega a buen puerto el pre-acuerdo firmado este martes entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Ha sido un pacto tan inesperado como fulgurante, consecuencia inmediata y directa de los resultados electorales del domingo, que corroboraron el fracaso de la estrategia del presidente en funciones cuando las convocó tras dar por fracasados sus intentos por pactar con quien ahora ha pactado en 24 horas.

Bien está lo que bien acaba, es natural concluir, sobre todo a la vista de la reacción furibunda de los medios de comunicación de la derecha, que daban por sentado que Pedro Sánchez cumpliría con los vaticinios y se prestaría a formalizar un pacto blando que le permitiera gobernar con la abstención (y el secuestro) del Partido Popular y todo lo que representa.

Iván Redondo, al que todo el mundo (incluido yo) había atribuido hasta ahora la responsabilidad directa de la táctica absurda de la repetición electoral y, por lo tanto, la paternidad del fracaso que desembocó en la pérdida de escaños para el PSOE, el fuerte crecimiento de la extrema derecha y la mayor representación en Madrid del independentismo radical catalán, ha convencido ahora a su cliente, Pedro Sánchez, de la conveniencia de imprimir un giro dramático a la situación y sellar de inmediato un pacto con Unidas Podemos que fulmina todos los vetos, las excusas, la guerra de relatos, los desplantes y las descalificaciones que alimentaron la táctica anterior, completamente opuesta a la actual.

Desaparecen los vetos, Pablo Iglesias ya puede ser vicepresidente, la izquierda ya no quita el sueño y, por lo tanto, Unidas Podemos ya puede entrar a formar parte del Gobierno de España sin provocar graves quebrantos al sistema nacional de salud.

De la lectura del pre-acuerdo firmado por Iglesias y Sánchez se puede concluir que ambas fuerzas se disponen a aplicar un programa de Gobierno perfectamente asumible por cualquier socialdemócrata europeo de los tiempos en los que la socialdemocracia era una cosa muy seria que se imponía a las exigencias de los poderes salvajes y a los hombres de negro.

Es reseñable, por ejemplo, el refuerzo que se pretende realizar para recuperar y reforzar los derechos de la ciudadanía, el cuidado por los pensionistas, por la España vaciada, por la igualdad y por los servicios públicos esenciales, con el límite —eso sí- del “equilibrio presupuestario”. Del mismo modo que no es despreciable el capítulo dedicado a la cohesión territorial con especial énfasis a la sujeción a la Constitución de cualquier solución que se arbitre para la cuestión catalana y el nuevo diseño federal que se promueva.

La reacción de la prensa de la derecha maldiciendo este acuerdo demuestra la confianza que los poderes económicos salvajes tenían en la táctica del adelanto electoral y la solución bipartidista de un pacto PSOE-PP. Pero el desbarajuste que los resultados provocaron en la estrategia de La Moncloa y de los halcones de Ferraz aconsejaron el acuerdo que a todos sorprendió este lunes. Con el auge de la extrema derecha y sus complicidades con el PP y con Ciudadanos, abrazar un acuerdo con ella habría sido suicida para un Pedro Sánchez que no debería estar tentando tantas veces a su suerte.

En relación a Canarias, la naturaleza de la alianza de Coalición Canaria y Nueva Canarias podría provocar que se repitieran los episodios en los que Ana Oramas votaba distinto que Pedro Quevedo. Pero todo apunta en esta ocasión a que la diputada tinerfeña ha levantado de repente todas sus prevenciones sobre Unidas Podemos y se muestra dispuesta a respaldar un Gobierno en el que estén un vicepresidente y algunos ministros y ministras de ese partido. Nada ha cambiado en los planteamientos y en las exigencias del partido de Pablo Iglesias, lo que debe conducirnos a pensar que es Coalición Canaria la que muta para no quedarse más fuera de juego de lo que ya está. Ya sabrán Clavijo y Oramas explicárselo a su parroquia con esos juegos malabares de la agenda canaria. 

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