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La trabajera

Australia Navarro (PP) descubre las graves carencias de gestión del vicepresidente del Gobierno, que pasa más tiempo haciéndose fotos que resolviendo

Ana Mato y José Manuel Soria almuerzan juntos en Las Palmas de Gran Canaria para contarse cómo les va la vida después de haber tenido que dejar la política por asuntillos de baja estofa y alto rendimiento

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El vicepresidente del Gobierno, con el número 14 en su camiseta y el 13 en su calzón, dispara a puerta en un partido benéfico.

El vicepresidente del Gobierno, con el número 14 en su camiseta y el 13 en su calzón, dispara a puerta en un partido benéfico.

Episodio 1: Australia contra Pablo

Pleno del Parlamento de Canarias. La portavoz del Grupo Popular, Australia Navarro, afea cruelmente al vicepresidente del Gobierno y consejero de Obras Públicas su escasa capacidad de gestión. No se ha gastado, dijo Navarro, ni la mitad del dinero del que dispone para carreteras a pesar de los graves problemas de movilidad que acucian a miles de ciudadanos, particularmente en la isla de Tenerife.

La dura intervención de la portavoz popular, a la que poco o nada pudo contrarrestar Rodríguez (Coalición Canaria) dejaba en evidencia a quienes tan solo un par de días antes habían aventado que la muchachada canaria del PP tenía instrucciones de la dirección nacional de no perturbar la paz que reina en un Parlamento donde un partido con 18 diputados y el 18% de respaldo popular, gobierna a sus anchas sin mejorar las condiciones de vida de sus administrados.

 

Televisión Canaria, que no se pierde una evolución del vicepresidente del Gobierno, lo entrevista en los prolegómenos del partido de fútbol que disputó.

Televisión Canaria, que no se pierde una evolución del vicepresidente del Gobierno, lo entrevista en los prolegómenos del partido de fútbol que disputó.



Tiene razón en gran medida Australia Navarro cuando reprocha al vicepresidente Rodríguez que no dé un palo al agua. El hombre forma parte de esa vieja escuela de políticos que creen que cualquier tipo de déficit de capacidad se sobrepone mediante una agresiva política de comunicación consistente en tupir a los medios informativos con actos y acciones insulsos que son divulgados gracias a los fondos de publicidad y propaganda que gasta a mansalva y opacamente el Ejecutivo, y a la servidumbre de los medios de comunicación públicos.

Una de las más recientes hazañas de gestión del vicepresidente y consejero de Obras Públicas fue la de jugar un partido de fútbol a las once de la mañana con una asociación evangélica muy implicada en la integración de personas en riesgo de exclusión. Una competencia bastante alejada de las que le son propias pero que él atiende con el único y exclusivo fin de hacerse la foto y tratar de sacar del ostracismo a su organización política en Gran Canaria. Porque toda la agenda social, cultural y sandunguera de Rodríguez está centrada en esa isla y no en otra, lo que muy probablemente le esté impidiendo desempeñar su trabajo con más esmero.

 

José Manuel Soria y Ana Mato abandonan el restaurante Kano 31, en Las Palmas de Gran Canaria, tras almorzar la semana pasada.

José Manuel Soria y Ana Mato abandonan el restaurante Kano 31, en Las Palmas de Gran Canaria, tras almorzar la semana pasada.

Episodio 2: Mato y Soria, juntos en Las Palmas

En el extremo opuesto a Pablo Rodríguez, en lo que a la capacidad de trabajo se refiere, se encuentra un habitual de esta sección, el exministro José Manuel Soria. Entre sus defectos no se encontraba ese que tan bien describía el recientemente fallecido Pedro Molina, activista ganadero, que definía al gandul con una frase sabia de las suyas: “Se aguanta las ganas de trabajar”.

Soria jamás se aguantó las ganas de trabajar. Sus múltiples ocupaciones se lo impedían: presidir un partido, dirigir un ministerio y ocuparse de sus negocios internacionales requieren una dedicación y unas capacidades que no están al alcance de cualquiera.

Por eso, tras pasar un breve periodo de descompresión pidió a su presidente Rajoy que lo colocara en el Banco Mundial, un puesto de privilegio en el que podía seguirse ocupando de los asuntos familiares sin renunciar a la suculenta canonjía de un sueldo público que, en el caso que nos ocupa, llevaba aparejada hasta residencia en Washington.

Chafada aquella posibilidad, nuestro exministro de cabecera se vio obligado a volver a la vida civil, montar su propia consultoría internacional para empresas de alto nivel, aprovechar su abultada e influyente agenda -enriquecida por tantos años de servicio público- y echarse a la calle a buscarse sustento. En su cartera de clientes se encuentran, por ejemplo, Domingo Alonso, S.A., o más recientemente el grupo hotelero Seaside Hotels, al que hace poco gestionó sin éxito la adquisición y autorizaciones administrativas de un terreno en San Bartolomé de Tirajana.

De todas esas cosas seguramente habló Soria con una exministra con la que compartió sesiones del Consejo de Ministros de España y ciertas vicisitudes muy parecidas. Ana Mato estuvo en Las Palmas de Gran Canaria la semana pasada y, entre otras actividades de índole personal, mantuvo un almuerzo con José Manuel Soria en el que, al parecer, fue el primer encuentro entre ambos desde que se vieran forzados a abandonar la política por asuntos de baja estofa y alto rendimiento. Ella, por verse implicada en una vertiente de la Gürtel traducida en los tribunales como “partícipe a título lucrativo” de las andanzas de su exmarido, Jesús Sepúlveda, un influyente alto cargo del PP al que se le fue un poco la mano durante su paso por el Ayuntamiento de Pozuelo. Él, como es sabido, por su accidentada aparición en los Papeles de Panamá y el descubrimiento de que seguía cosiendo para la calle. Ambos se resistieron como pudieron a las exigencias de dimisión, pero donde manda Sáenz de Santamaría ya se sabe que no hay marinerito que valga.

Mato y Soria comieron juntos en el restaurante Kano 31, en el corazón del barrio de Triana, en un encuentro que contó con la bendición del actual presidente del PP, Asier Antona, quien compartió con ellos solo un breve aperitivo porque otras ocupaciones le impidieron quedarse al almuerzo. Soria y Mato se adaptan como pueden las inclemencias derivadas de vivir fuera del poder, pero lo suficientemente cerca como para no helarse.

Otros desde dentro, hacen lo posible por aguantarse las ganas de trabajar.

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