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Retos de altura después de los 60

Los participantes en la expedición canaria a Nepal.

Ángel Zurdo y Jesús Beitia forman un tándem perfecto y un claro ejemplo de que la edad no supone impedimento para calzarse las botas, coger la videocámara y emprender aventuras por todo el planeta. Y es que ambos, a sus 61 y 77 años, natural de Ávila el primero y del País Vasco el segundo, aunque afincados en Gran Canaria desde hace varias décadas, son dos apasionados de la montaña y de plasmar sus vivencias en películas documentales.

Dieciséis expediciones ha grabado Ángel hasta la fecha para que Jesús se encargue de editar los vídeos. Con imágenes insólitas de la propia isla hasta expediciones a los Pirineos; Patagonia; Kilimanjaro y Parques Nacionales; Himalaya por el norte de la India y por Nepal; Aconcagua o Toubkal, a donde partirán en apenas unos días -y por tercera vez en el caso de Ángel- a conquistar los 4.167 metros del pico más alto de África del Norte.

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Un día en el Albayzín

El barrio del Albayzín desde las murallas de La Alhambra (Granada).

9.00:Plaza Nueva es la puerta de entrada más utilizada por los viajeros que visitan el barrio del Albayzín, uno de los lugares más representativos de la ciudad deGranada. Y también es un buen lugar para tomar un desayunogranadino antes de enfrentarse a las cuestas del enorme laberinto de casitas que colman la ladera izquierda del cauce del río Darro. Para muchos, llegar a la plaza supone el primer encuentro cercano con la Alhambra. La Torre de la Vela, principal bastión defensivo del palacio nazarí, sobresale de entre los tejados y campanarios, flotando tras las copas de los árboles de la ladera de la Sabika. Si aún no las has probado, esta es una buena oportunidad para pedir las famosas tostadas con tomate. Según nuestra experiencia, las mejores son las que se hacen con los famosos molletes de Antequera . El Café Lisboa (Dirección: Reyes Católicos, 67; Tel: (+34) 210 579) es un clásico del lugar, pero si prefieres comer en plena plaza otra opción muy recomendable es la terraza del Café La Hacienda (Dirección: Plaza Nueva, 3; Tel: (+34) 958 223 408).

La Real Chancillería  es el edificio más notable de la plaza. Fue uno de las primeras edificaciones monumentales construidas en la ciudad tras la conquista de la misma por parte de los Reyes Católicos. Fue el primer espacio de España construido expresamente para ser sede de un tribunal de justicia y es una de las más espectaculares muestras de manierismo renacentista del país. Justo frente del edificio judicial se encuentra el Pilar del Toro, una preciosa fuente renacentista que se atribuye al genial artista Diego de Siloé.


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Ascendiendo hasta el techo de la isla de Fuerteventura

Playa de Cofete desde el Pico de la Zarza, en el Parque Natural de Jandía (Fuerteventura).

El Pico de la Zarza, con sus 807 metros de altitud sobre el nivel del mar, es la máxima altitud de Fuerteventura. Esta situación privilegiada no sólo es garantía de una de las mejores vistas de la isla, sino, también, situación que marca las condiciones ecológicas singulares de un lugar que contrasta con el resto de los paisajes majoreros. El sendero de pequeño recorrido FV-54 (señalizado con los colores blanco y amarillo) permite ascender al techo de Fuerteventura desde la población turística de Morro Jable. En total, son 7,5 kilómetros de subida continua pero asequible que conducen desde la orilla del maral techo insular. Es una ruta de contrastes, ya que permite recorrer, en una caminata de poco más de dos horas y media, ambientes tan dispares como el Saladar del Matorral, en la costa, y las zonas más húmedas de toda la isla. El camino, perfectamente señalizado y habilitado, forma parte de la completa red de senderos del Cabildo de Fuerteventura.

El recorrido del PR FV-54 comienza en la rotonda más cercana al extremo norte de la Playa del Matorral. El lugar es perfectamente reconocible por la escultura que simboliza, de manera muy esquemática, a un barco con las velas extendidas. La ruta asciende por la Calle Don Quijote hasta la primera intersección a la izquierda. Curiosamente esta calle se llama Sancho Panza. Hay que continuar por esta vía, que hace una curva muy pronunciada a la derecha hasta llegar a un cruce con una vía de tierra que conduce a un depósito de agua. Este es el inicio del sendero en sentido estricto y la puerta de entrada al Parque Natural de Jandía, una extensa reserva de más de 14.318 hectáreas que incluye la práctica totalidad del sur majorero.


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Derry y Londonderry; historia de dos ciudades

Free Derry Corner, en el barrio católico de la ciudad. Irlanda del Norte

Derry es una ciudad mártir. La violencia, más allá de las habituales apariciones esporádicas que han perturbado la paz de multitud de poblaciones, es aquí parte consustancial de la historia reciente; está incrustada en la piel ciudadana. Y allá arriba, escondida de las filas ordenadas de casitas tras sus murallas, Londonderry también esconde un currículo marcado a sangre y fuego. Escenario de dos de las convulsiones que han conformado el complicado mapa de equilibrios políticos, religiosos y sociales de Irlanda del Norte, la ciudad intenta superar a golpe de reconciliación los ecos lejanos del gran asedio del 1688 y los gritos aún recientes del ‘Bloody Sunday’, origen de los ‘problemas’ que asolaron al Ulster durante dos décadas. Es consciente de estas dos realidades y el antagonismo aún se respira en las calles; es, paradójicamente, parte de su identidad.

Pero Derry y Londonderry han decidido mirar hacia delante. La reconciliación entre las comunidades protestante y católica (una forma simple de hablar de unionistas y republicanos irlandeses) avanza a buen ritmo y hoy, cuando se los ecos de las sirenas y los disparos son muy lejanos, esta pequeña ciudad del noroeste de Irlanda ofrece una buena paleta de atractivos para el visitante: un casco histórico interesante; la cercanía de la Causeway costera con la ‘Calzada del Gigante’ como icono más reconocible; los murales políticos de los barrios católicos o alguno de los mejores pubs con música en directo de la isla atraen cada año a un buen puñado de viajeros.

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Un paseo por el norte de Gran Canaria de la mano de los antiguos canarios

Sala de Antropología Física del Museo Canario de Las Palmas de Gran Canaria.

Un yacimiento cada kilómetro y medio. Eso lo dice todo. Gran Canaria es conocida mundialmente como una de las mecas del turismo de sol y playa del mundo. En este sentido, como el resto de las islas que forman el Archipiélago canario, disfruta de un clima que permite las actividades al aire libre durante todo el año y de una oferta hotelera de Primera División. Pero no todo es tumbarse al sol en sus playas espectaculares. La isla ofrece mucho más. Naturaleza y cultura completan la oferta para los viajeros inquietos. Cultura que se manifiesta de mil y una maneras fruto de una historia que abarca más de 2.000 años. Y un salto atrás en el tiempo es una buena manera de descubrir una geografía impactante que, desde las épocas más remotas, condicionó la vida de los hombres y mujeres que habitaron este lugar. Sobre todo en los primeros compases de ocupación humana.

Los antiguos canarios son, para las gentes de estas latitudes, un verdadero mito. A lo largo de los siglos, los canarios de hoy se han forjado una idea de sus antepasados que ha ido del rechazo de los siglos posteriores a la conquista europea a la idealización del siglo XIX y buena parte del XX. La ciencia, en los últimos años, ha sacado a la luz muchos aspectos de la vida cotidiana de los primeros habitantes de la isla y ha derribado muchos de los mitos y leyendas que giraban en torno a las sociedades indígenas. Aún no se sabe cómo llegaron, pero, poco a poco, se van descubriendo señas de su vida cotidiana gracias al análisis riguroso de los restos que dejaron.


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Un milagro llamado San Pedro de Atacama

Vista del volcán Licancabur desde San Pedro de Atacama.

Desde la distancia, el pueblo es un manchón verde que contrasta con los ocres, rojizos y amarillos del paisaje dominante. Algo así como un respiro que se da el desierto. Un breve bosque de frutales y huertas en el lugar más árido del mundo. Un milagro, vamos. Pero las fincas, las casas de adobe, madera y paja, los tapiales, los niños que corren por las calles polvorientas, los ejércitos de mochileros que llegan cada día no son la consecuencia de un milagro. Son el fruto del trabajo de cientos de generaciones. “El primer atacameño se asentó en el lugar dónde encontró el agua; después, todos los esfuerzos se centraron en conservarla y domarla para poder dar de comer a la comunidad”, nos comenta Mirta Solís, presidenta de la asociación de regantes y miembro del Gobierno municipal.

El agua es la excepción en el desierto. Es la anomalía. San Pedro de Atacama se asienta en uno de los numerosos valles de altura de la Cordillera de Los Andes. Las montañas, algunas con cimas que ven desde arriba los 5.000 metros de altitud, desaguan sobre las arenas sus deshielos que, en algunos casos, forman torrenteras más o menos permanentes. Cómo los ríos San Pedro y Vilama. A sus riberas y a orillas de los oasis de Chiu Chiu y Toconaco se establecieron los primeros agricultores de la zona allá por el siglo IV antes de Cristo formando las primeras culturas que culminaron en lugares alucinantes que hoy son visita obligada para el viajero con mente inquieta.

Sitios como el Pucará de Quitor, una ciudad fortificada que escala por una de las laderas  que cierran las espaldas del pueblo. O como la enigmática Aldea de Tulor (a siete kilómetros de San Pedro), con sus casas circulares conectadas como si fueran un laberinto. El viajero encontrará muchas respuestas en el coqueto y completísimo Museo Arqueológico Gustavo Le Paige. Y del rastro de aquellas culturas deducirá que el agua fue quien les dio forma; quien las hizo prosperar o colapsar a lo largo de los milenios. Porque es el agua, que recorre el valle gracias al ingenio de los antiguos y la dedicación de los actuales, la que permitió que el pueblo sobreviviera a los rigores de un clima de extremos: calor cuando el sol asoma a lo largo de todo el año y frío intenso cuando se esconde. Todo ese trabajo se traduce en agua para los huertos; para las cocinas de los restaurantes; para llenar las piscinas de los hoteles de categoría y para caer por las duchas de los hostales de mochileros.

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Marrakech IV: La Villa Nueva y los jardines

Pabellón de recreo de los jardines de La Menara, en Marrakech.

Pese a la falta de atractivos patrimoniales,  es conveniente gastar una tarde en un paseo por Guéliz o la Villa Nueva, un mundo totalmente diferente al que bulle desordenado y ruidoso dentro de las murallas de la ciudad. Una buena forma de abandonar el caos que se aglutina desordenado en torno a Jemaá El Fna es a través de la Avenida Mohamed V. Calles amplias y trazadas a tiralíneas, parques, rotondas y ramblas arboladas son las señas de identidad de la ciudad que se construyeron los colonos franceses a partir de 1913 y que, de no ser por el omnipresente color rosa o los guiños a la arquitectura local de edificios oficiales y equipamientos, no se diferencia en mucho de las ciudades europeas. Boutiques, restaurantes caros, locales comida rápida y algún que otro edificio de cristal son los atributos de una zona en la que destacan la Plaza 16 de diciembre, la Estación ferroviaria o el emblemático Teatro Real.


Una buena manera de conocer los alrededores de la medina es a través del Bus Turístico que tiene tres recorridos: el primero centrado en los monumentos más significativos de la ciudad; otro que recorre los jardines del oeste y el sur y la rtercera línea que lleva al palmeraie y los oasis del norte. Las tres líneas salen de la confluencia de la Avenida Yacoub Al Mansur y el Boulevard de Mohamed V, junto a la Oficina de Turismo (Villa Nueva). Se pueden adquirir billetes de 24 y 48 horas (145 y 190 dirhams).

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Isla de Lobos: romanos, normandos, piratas y focas monje

Playa de La Calera, en la Isla de Lobos.

Durante siglos, este pequeño trozo de rocas volcánicas y arena fue refugio de piratas, lugar de caza, factoría de tintes naturales codiciados en la Edad Antigua, y apostadero estacional de pescadores locales. Y no es poco si atendemos a la estrechez de su geografía. Una colonia de focas monje, hoy lamentablemente desaparecida, le dio nombre. Isla de Lobos; lobos marinos que dieron de comer a cientos de tripulaciones a lo largo de la historia. Nombre de fortuna que hoy, cuando el rastro de aquellos animales no es más que una línea en la historia, sigue atrayendo a multitud de visitantes.

Pero ya no son gentes rudas de mar; ni romanos en busca del múrice, ese caracol marino del que se sacaba el codiciado color púrpura. Algún pescador si que hay, pero la mayoría de los visitantes que llegan a este pequeño islote situado a medio camino entre el norte de Fuerteventura y el sur de Lanzarote son turistas. Desembarcan, exploran la isla y vuelven a sus confortables hoteles. Pero hay más que playas alucinantes y paisajes de rudeza volcánica.


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Sabores del Mediterráneo: cinco propuestas de buena mesa en Cagliari

Panorámica de la ciudad de Cagliari desde las almenas de Il Castello.

¿Buscas un destino económico y que a la vez te sorprenda? ¡Cerdeña puede ser una excelente opción! En menos de hora y media en avión desde Girona a su capital, Cagliari, y por apenas 50 euros ida y vuelta en bajo coste, esta isla italiana a unos ofrece diversión y desenfreno; mientras que otros disfrutan por igual de la tranquilidad, el contacto con la naturaleza, la cultura y, sobre todo, una gastronomía y enología de gran nivel, como no podría ser de otra forma tratándose de Italia.

Bondades estas últimas en las que centraremos esta entrada, gracias a las recomendaciones de Stefano, propietario del Bed&Breakfast Rosso e Nero. Quien no sólo acoge amablemente a sus huéspedes, sino que además les facilita un listado de restaurantes con propuestas de calidad y lejos del bullicio turístico que concentra la isla en temporada alta. Propuestas que reproducimos tras contrastarlas una a una.

Pero antes de abrirte el apetito, queremos también ofrecerte nuestras recomendaciones para hacer turismo por la capital sarda, con algunas de las visitas imprescindibles y muy interesantes. ¡No todo va a ser comer y beber! Si vas a partir de septiembre mejor que mejor, pues con el verano se van también los jóvenes que eligen la isla ávidos de fiesta y amores estivales. Y aprovechando todavía el buen tiempo, puedes comenzar tu visita desconectando de la rutina en la Playa il Poetto, con sus siete kilómetros de arena blanca y silenciosas aguas cristalinas. En su parte occidental se encuentra el pequeño puerto de Marina Piccola, fundado por los fenicios en el siglo VIII antes de Cristo, igual que la ciudad; y la colina calcárea de la Sella del Diavolo, rodeada de vegetación.

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Marrakech III: El sur de la medina

Calle del barrio judío en Marrakech.

Conviene ingresar en los barrios del sur de la medina a través de Bab Agnau, que puede traducirse como Puerta de los carneros sin cuernos. Dicen que el nombre hace referencia a las caravanas de esclavos negros que llegaban a la ciudad desde las rutas que unían la zona con el África Subsahariana a través del desierto. Esta puerta es el único monumento de la medina realizado enteramente en piedra. Formaba parte del fortín que separaba el primitivo palacio almohade del resto de la medina y fue erigida en el siglo XII por Yacub Al Mansur. Es una de las puertas más bellas de todo Marruecos y forma un gran arco de herradura con decoración geométrica, floral y epigráfica. Callejeando hacia el sur nos topamos con la Mezquita de la Kashba erigida entre 1184 y 1199 aunque profundamente remodelada en los siglos XVII y XVIII. El interior está vetado a los no musulmanes, pero desde la calle puede admirarse la delicada decoración mediante ladrillos y azulejos de su alminar y las elegantes líneas de sus muros almenados.

La Tumbas Saadíes (Dirección: Rue de la Kashba; horario: X-L 9.00-12.00 / 14.30-18.00; Tel: 044 43 62 39; Web) se construyeron durante la segunda mitad del siglo XVI por la dinastía saadí y posteriormente se tapiaron por orden del sultán meriníMulay Ismail en el XVII. Fueron descubiertas en 1917 por los franceses después de un reconocimiento aéreo de la ciudad. Este conjunto de mausoleos ocupa una necrópolis de época almohade a la que se añadieron dos magníficos pabellones funerarios. El mayor acoge la tumba de Ahmad Al Mansur, fundador de la dinastía, en la gran sala central y una magnífica sala de oraciones y otro espacio con tumbas a ambos lados. El trabajo del yeso y la madera son primorosos y los alicatados cerámicos dan al conjunto un lujoso toque andalusí. La sala de oraciones está dividida en tres naves separadas por columnas de mármol blanco importado desde Carrara. Destaca el fastuoso Mihrab con un magnífico arco de herradura y decoración de estalactitas talladas en madera de cedro.


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