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Viaje al corazón del país de los incas

Muros de la Fortaleza de Ollantaytambo, uno de los centros arqueológicos más importantes del Perú. VIAJAR AHORA

Viajar Ahora

Perú —

Para la mayoría de los visitantes que pasan por estas latitudes, el Valle Sagrado es poco más que el escenario de un par de excursiones desde la cercana ciudad de Cusco y la puerta de entrada a la mítica ciudadela inca de Machu Picchu; pero un viaje al Perú bien merece un par de días por la enorme grieta que el Río Urubamba hace en las serranías del Departamento de Cusco. Las condiciones climáticas y naturales de este enorme cañón convirtieron al valle en uno de los centros agrícolas más importantes de Sudamérica en periodo prehispánico y verdadero granero del Imperio incaico (también te puede interesar cómo viajar barato a Machu Picchu).

Esta circunstancia dejó como testigo numerosos restos de la antigua civilización peruana que se refleja en imponentes ciudadelas como las de Pisac y Oyantaitambo o los mejores ejemplos de infraestructuras de cultivo e irrigación de la comarca. El sustrato indígena se unió, aquí, con la cultura colonial creando centros urbanos pintorescos, costumbres que unen ambas realidades y una forma de vida en la que aún pesan mucho las antiguas creencias. Viajar Ahora te da las claves para viajar por el Valle Sagrado; y el primer consejo es comprar en la Oficina Turística de Cusco (Dirección: Avenida del Sol, 103; Tel: (+51) 84 261 465) el Boleto Turístico que, entre otras atracciones, permite la entrada a Pisac, Ollantaitambo y Chinchero (aparte de numerosos museos y yacimientos cercanos a la ciudad).

La ruta que proponemos parte de la ciudad de Cusco por la ruta 3S en dirección a Poroy. Pocos kilómetros después de esta población, parte el ramal que baja hacia el valle del Río Urubamba, corazón del Valle Sagrado e inicio del camino hacia la mítica ciudadela de Machu Picchu.

1.- Chinchero, el descanso de Tupac Yupanqui.- A 30 kilómetros de la ciudad de Cusco es una de las puertas de entrada al Valle Sagrado. En la época incaica fue uno de los centros urbanos más importantes de la comarca capitalina y asiento de uno de los palacios de descanso del inca Tupac Yupanqui. Los cimientos y buena parte de los muros de la residencia del dirigente indígena son hoy parte de la iglesia colonial de Nuestra Señora de Montserrat. Más allá de su pasado incaico, el edificio cuenta con interesantes obras de arte como su altar barroco y varios cuadros de Diego Qispe Tito, el mejor pintor de la escuela cuzqueña. El pueblo es una muestra representativa de la ingeniería constructiva e hidráulica de los incas. Los andenes alternan zonas residenciales y terrazas de cultivo (Horario de acceso a las zonas arqueológicas: L a D 7.00 – 17.30). Todos los domingos se celebra una animada feria de artesanía y productos agrícolas que ocupa una plaza incaica que formó parte del templo principal de la ciudad.

2.- Moray y Maras o el genio de los incas.- (Acceso: Carretera Cusco Urubamba; Horario: L D 7.00 – 18.00) Más de 20 condiciones climáticas en apenas unos metros. Desde la terraza de cultivo inferior a la superficie se resumen las condiciones de temperatura, humedad e insolación de una franja de más de 1.000 metros de altitud. Moray fue algo así como la Facultad de Ingeniería Agrícola de los incas. Este imponente yacimiento arqueológico formado por varios círculos de terrazas concéntricas excavadas en torno a una montaña, resume toda la pericia constructiva de los antiguos pobladores del Perú y la filosofía de su sistema productivo: eficiencia y practicidad. Más allá del espectacular sistema de terrazas, se pueden admirar las canalizaciones de agua, las escaleras, los sistemas de separación y los andenes que, después de 500 años, siguen funcionando como el primer día. Los incas crearon más de 37 hectáreas de cultivos experimentales que resumen buena parte de las condiciones ambientales de las cordilleras y valles.

Muy cerca de los andenes de Moray se localiza el pequeño pueblo de Maras. Sobre los cimientos de las antiguas construcciones incaicas se levanta un pequeño y coqueto pueblo presidido por la iglesia de San Francisco de Asís, una de las joyas coloniales del valle. Este pueblo siempre fue próspero en el contexto del valle. La explicación son sus salinas, que datan de la época incaica y que aún siguen abasteciendo a esta parte de la comarca. Las pocetas blancas crean un paisaje surrealista que aún dan sustento a un centenar de familias que explotan el yacimiento de sal a través de una cooperativa.

3.- El Río Urubamba.- La Ruta 28B recorre todo el Valle Sagrado. El primer punto de contacto con el cauce del mítico río suele darse en la anodina localidad de Urubamba. Desde aquí, se accede a los principales centros arqueológicos y patrimoniales del valle. Hacia la derecha (dirección este) se sube hasta la impresionante Pisac. Si se desciende hacia la izquierda (dirección oeste), la carretera (que corre en paralelo al cauce del río) alcanza la mítica Ollantaytambo, última parada antes de seguir camino hacia Machu Picchu. Al ver el cauce del río, estrecho y tumultuoso, cuesta creer que estamos ante los primeros kilómetros del Río Amazonas (el río nace en el Nevado del Mismi cerca de la ciudad de Arequipa, en el sur del Perú). La ruta 28B sigue el cauce del Urubamba atravesando pequeños pueblos como Qoya, Calca, o Yuqay, entre otros. Por toda el área se localizan restos de la antigua cultura incaica. Casas, templos, tambos (antiguas casas de postas que se situaban junto a los caminos), terrazas de cultivo. Hacer una lista completa de los pequeños complejos arqueológicos sería inabarcable.

5.- Pisac.- El pueblo descansa a los pies del Cerro Intihuatana (por donde sale el sol). Simbolismo puro. La sola visita a su animado centro urbano, que repite el esquema de antigua población incaica convertida en pueblo colonial, merece la pena. Dentro de la trama urbana destacan la llamada Capilla Colonial (siglo XVII) y las callejuelas que desembocan en la Plaza de Armas, escenario de uno de los mercados de artesanía más animados de la comarca del Cusco (se celebra los jueves y los domingos). También merece una visita el Museo Comunitario (Dirección: Avda del Amazonas; Horario: D-V 8.00 – 13.00 y 14.00 – 17.00) que cuenta con una modesta pero interesante colección de objetos de época incaica y preincaica (impresionantes las momias incas) y una más que interesante muestra de tejidos tradicionales del área con antiguos telares y objetos relacionados con esta actividad. Es uno de los mejores centros culturales dedicados a la industria textil tradicional del país y la visita no defrauda.

Pero los viajeros llegan hasta aquí para visitar el imponente Parque Arqueológico de Pisac (Dirección: C/ Pardo sn o carretera del Río Chongo; Horario: L-D 7.00 – 18.00). Los que van con prisas toman un taxi que sube por la carretera del Río Chongo hasta la zona del Templo. Los que van con tiempo pueden acceder desde la calle Pardo y disfrutar de uno de los paseos arqueológicos más intensos del país. La antigua ciudad inca, colgada de la ladera norte del valle, no tiene nada que envidiar a los mejores yacimientos del país. Las terrazas de cultivo, de entre las que surgen escaleras que parecen imposibles, conducen a las antiguas murallas y de ahí se accede a la zona residencial y, posteriormente, a la acrópolis ritual. Esta última zona, que tiene muros incaicos de una calidad constructiva impresionante, cuenta con antiguos palacios y el Templo del Sol, fácilmente identificable por sus muros circulares.

6.- Ollantaytambo, la fortaleza del Valle.- La antigua ciudadela de Ollantaytambo protegía el acceso hacia las zonas altas del Valle del Urubamba. Más allá, cauce abajo, se encontraban las ciudadelas más lejanas que ejercían el control del inca sobre los primeros bosques que anuncian la cercanía del área amazónica (como la propia Machu Picchu). Este pueblo, multitudinario por la estación de tren que conduce a Aguas Calientes, tiene un interés especial. Al contrario que en otras zonas, los colonos españoles respetaron la traza urbana original que, de manera simbólica, se asemeja a una mazorca de maíz. Las calles y muros de gran parte de las casas del pueblo son incaicos. La traza hispánica queda relegada a la parte superior de las casas y a la Iglesia de Santo Domingo, que sigue el esquema de otras capillas coloniales de la zona.

Al igual que sucede en Pisac, el plato fuerte de Ollantaytambo es su Parque Arqueológico (Dirección: C/ Principal sn; Horario: L-D 7.00 – 18.00), una imponente ciudadela incaica que servía de asiento a una de las guarniciones más importantes del imperio. El recinto de las diez hornacinas da acceso al conjunto monumental. A los pies de los andenes se localiza el Baño de la Ñusta, una fuente ritual que, según los expertos, servía para baños purificadores en ceremonias religiosas. Como en otras ciudadelas incaicas, un complicado sistema de andenes da acceso al área palaciega y religiosa en la que destaca el Templo del Sol y sus espectaculares piedras talladas. Como otros centros religiosos incaicos, está coronado por el intihuatana, o piedra del sol. En los alrededores del pueblo se localizan otros restos de la cultura prehispánica como Los Fuertes de Choqana e inkapintay, que servían de acuartelamiento a los soldados que guardaban el acceso al valle (a dos kilómetros en dirección al Cusco) o el Templo de la Luna, que se encuentra cerca del río (acceso desde el centro urbano de la localidad).

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