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Chefchauen, la joya azul del norte de Marruecos

La ciudad conserva su aura exótica pese a haberse convertido en una de las mecas del turismo del país norteafricano. Es una de las mejores puertas de entrada a la mítica comarca del Rif.

 La medina de Chefchauen bajo las montañas nevadas . Giannis Pitarokilis (CC)

La medina de Chefchauen bajo las montañas nevadas . Giannis Pitarokilis (CC)

Dicen que el color azul espanta a las moscas. Y que por eso los habitantes de Chefchauen decidieron ir añadiendo este color a fachadas, arcos, muros y minaretes: para evitar que las moscas y los mosquitos camparan a sus anchas por la pequeña ciudad y se enseñorearan de las callejuelas de la medina. Es probable la historia. Otros dicen que el azul fue un gesto de auto afirmación de los judíos de la ciudad, que empezaron a pintar sus casas de azul como símbolo de libertad tras escapar de la persecución en tierras de España y que el resto siguió el ejemplo por una mera cuestión de estética. Los habitantes de Chefchauen aseguran que en su ciudad no hay mosquitos que importunen por las noches. Puede que sea por el azul; o por que el dios de los judíos, que es el mismo que el de los musulmanes y el de los cristianos, decidió premiar con esta bendición a los que pintaron su ciudad de ese azul cielo que representa al paraíso. O quizás sea por los aires frescos del Rif…

De lo que no cabe duda es que el azul le sienta bien a esta pequeña medina situada en la cordillera que atraviesa todo el norte de Marruecos. Es esta tierra fecunda en leyendas y una de ellas asegura que la ciudad fue fundada en honor de una exiliada andalusí que extrañaba su casa del otro lado del estrecho. Chefchauen fue fundada por exiliados andalusíes (judíos y musulmanes) en el siglo XV. Así que algo de cierto tiene la leyenda que fija en Vejer de la Frontera –allá en la no muy lejana Andalucía- el origen de la misteriosa dama llegada desde el norte. La ciudad permaneció ajena al mundo durante siglos hasta que fue descubierta por los primeros hipies y mochileros que se atrevieron a internarse en tierras rifeñas. Hoy es una de las ciudades más visitadas de Marruecos, aunque no ha perdido su esencia pese a la omnipresencia del turismo.

Arcos azules en la medina de Chefchauen. Gabi (CC)

Arcos azules en la medina de Chefchauen. Gabi (CC)

UNA VISITA A CHEFCHAUEN .- Desde la Ciudad Nueva, la mejor manera de ingresar a la vieja medina es a través de Bab El Ain, antiguo arco que cerraba la entrada a la población en tiempos no muy lejanos. Tras la sencilla torre Chefchauen se encoje sobre sí misma en una tupida red de callejuelas que van y vienen creando uno de los típicos laberintos norteafricanos. Desde Bab Al Ain un estrecho callejón repleto de tiendas (Assaida Alhorra) sube hasta Uta El Hamman, el corazón neurálgico de la vieja ciudad. Como sucede en otras medinas marroquíes, gran parte de la vida social, cultural, religiosa y económica de la ciudad se desarrolla en esta plaza sin límites bien delimitados que es más un espacio a cielo abierto que una plaza en sentido estricto.

Gatos en la medina; los gatos reinan a sus anchas en la parte vieja de la ciudad. Juergen Heitmann (CC)

Gatos en la medina; los gatos reinan a sus anchas en la parte vieja de la ciudad. Juergen Heitmann (CC)

Aquí se encuentra la Gran Mezquita, que sólo podrán ver por dentro los musulmanes, y la Alcazaba, antigua fortaleza militar de la población que fue construida poco después de la fundación de la ciudad para defenderla de las frecuentes incursiones portuguesas y españolas. La Kashba de Chefchauen está en un excelente estado de conservación; aún pueden verse las antiguas torres, los jardines y edificios como el que ocupa el Museo Etnográfico, que más allá de mostrar una modesta colección de artesanía local y viejos objetos, permite ver por dentro una típica casa noble de la medina.

Calejones azules y chilabas de lana. Martina Abba (CC)

Calejones azules y chilabas de lana. Martina Abba (CC)

Más allá de Uta Al Hamman las calles pican hacia arriba y la medina se convierte en una sucesión de cuestas, escaleras y corredores que esconden los mejores rincones de la ciudad. Aquí vas a encontrar las mejores fotos y, también, los rincones más auténticos. Callejones azules cuajados de macetas con flores, arcos preciosos y las maravillosas puertas bereberes, mucho más bonitas de las que vas a encontrar en las ciudades imperiales y pequeñas placitas como Al Hauta. Llegar hasta la cima de la medina te permitirá abandonarla por Bab Al Ansar y emprender camino hacia la Mezquita Española -Bouzaafar-, una construcción relativamente moderna (se construyó en tiempos del protectorado español) como regalo de buenas intenciones de las autoridades coloniales. Desde aquí se disfrutan las mejores vistas sobre la ciudad (con las casas azules y blancas contrastando con las piedras pardas de las montañas). Otro imprescindible es bajar hasta el cauce del Ras El Ma, donde están los viejos lavaderos que, aún son utilizados por las mujeres de la medina para lavar la ropa.

Tejadillos de la Mezquita Mayor desde la torre de la Alcazaba. Gabriel Rodríguez (CC)

Tejadillos de la Mezquita Mayor desde la torre de la Alcazaba. Gabriel Rodríguez (CC)

COMER EN CHEFCHAUEN .- La mayoría de los restaurantes de la ciudad se concentran en torno a la plaza Uta Al Hamman. Nosotros recomendamos Casa Aladín (Rue Targui, 26; Tel: (+212) 665 406 464) con especialidades marroquíes y de Oriente Medio –Precio medio 10 euros- y La Paloma (Rue Sidi Hmed El Bouhali), con un menú centrado en la gastronomía local a buenos precios -15 euros-. Los locales frecuentan el Beldi Bab Ssour (Rue El Kharrazin, 5) con auténtica gastronomía tradicional –Precio Medio 5 euros-. Para un té ideal el Café Alkasaba (en plena Alcazaba) o en la terraza del Hotel Parador (Place El Makhzin) dónde además de buenísimo té con menta hay cerveza fría y buenas vistas.

COMPRAS EN CHEF CHAUEN .- Los zocos más atractivos de la ciudad se encuentran al norte de Uta Al Hamman. La principal arteria comercial tradicional es Bin Souaki –estrella naranja en el mapa- y desde ella se abren callejones repletos de tiendas donde puedes comprar artesanía local (tejidos, cerámica, cuero, alfombras, objetos de metal y joyas) y practicar tu habilidad para el regateo.

La Gran Cascada de Akchor.

La Gran Cascada de Akchor.

UN PASEO POR TALASSEMTANE HASTA LAS CASCADAS DE AKCHOUR .- Muy cerca de Chefchauen se encuentra el Parque Nacional de Talassemtane, una de las muchas reservas naturales que se encuentran en esta parte del país. Desde el pequeño pueblo de Akchour salen dos de las rutas de senderismo más interesantes de este parque: el que sube hasta el Puente de Dios (un imponente arco de piedra natural) y, sobre todo, la Ruta de las Cascadas que sigue el cauce del Río Kelaa hasta la Gran Cascada de Akchor, un enorme salto de agua donde uno se puede dar un chapuzón –unas dos horas hasta la Gran Cascada-.

COMO LLEGAR A CHEFCHAUEN .- La empresa CTM conecta Tánger con Chefchauen en autobús en unas tres horas de camino (45 dirhams en mayo de 2018). Desde Fez la ruta demora unas cuatro horas y el precio (mayo de 2018) es de 75 dirhams. La empresa ofrece conexiones con oros destinos marroquíes. Otra opción es alquilar un grand taxi compartido desde Tánger (Unos 10 euros por persona).

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Fotos bajo Licencia CC: Gabi ; Giannis Pitarokilis ; Juergen Heitmann ; martina abba ; Gabriel Rodríguez

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