Una visita al fin del mundo en la costa oeste de El Hierro

Faro de Orchilla; uno de los lugares mágicos de la Isla de El Hierro. Mario Trifuoggi

Viajar Ahora

El faro de Orchilla es mucho más que un faro marítimo. Perdido en el extremo más occidental de El Hierro, este lugar fue, hasta finales del siglo XIX el punto donde se acababa y empezaba el mundo un particular finisterrae -final del mundo- isleño que tuvo el honor de ser el final de la tierra conocida hasta el descubrimiento de América. Hoy, Orchilla es un mirador privilegiado sobre el mar donde se puede disfrutar de alguna de las vistas más espectaculares de la isla.

Como decíamos, hay muchos lugares en los que uno tiene la sensación de estar en el fin del mundo, pero sólo algunos países y regiones, entre ellas Canarias, pueden presumir de tener uno de esos ‘no hay nada más allá’ con certificado de autenticidad. Uno de los numerosos atractivos de la Isla de El Hierro es poseer un fin del mundo particular, una porción de tierra que no ha mucho suponía el non plus ultra (no más allá) de los navegantes. El faro de Orchilla hoy es un modesto lucernario que da la bienvenida a los marineros que cruzan el Atlántico por estas latitudes, pero antes era algo más que eso. Este rincón solitario marcaba el punto donde empezaba y terminaba el mundo, un particular fin de la tierra que hasta hace 500 años era la frontera entre lo conocido y lo desconocido para los habitantes del Hemisferio occidental. Por este punto pasó durante muchos años el meridiano cero; una línea imaginaria que unía Orchilla con los dos polos marcando el punto cero de las medidas geográficas.

Aunque el capricho de las potencias europeas desplazó esta línea imaginaria a la localidad británica de Greenwich, Orchilla sigue manteniendo un aura de fin del mundo que se traduce en horizontes limpios en los que sólo se adivina la anchura de un Atlántico despejado hasta tierras americanas muchas millas hacia poniente. Hoy, el faro de Orchilla es una modesta construcción de poco más de 26 metros de altura que marca la punta más occidental del territorio español. La actual torre, de planta octogonal fue construida en 1933 con cantería negra de Arucas, traída en velero desde la Isla de Gran Canaria, es de gran sencillez constructiva y su aspecto recuerda al de otros muchos faros construidos en las costas españolas durante la primera mitad del siglo XX. Adosado al cuerpo principal se encuentra una torre de 21 metros de altura coronada con una linterna de otros cinco metros lo que eleva, junto al terreno, a 132 metros sobre el nivel del mar. El conjunto se completa con una sencilla casa de una planta que sirvió para dar cobijo a los fareros y a sus familias.

No hace mucho que del mantenimiento de la linterna y de garantizar su perfecto funcionamiento se encargaba un farero que vivía en el edificio junto a su familia. La tecnología se ha encargado de acabar con esta profesión de siglos y ahora, una célula fotovoltaica se encarga de encender el faro unos 15 minutos después de la puesta del sol y de apagarlo otro cuarto de hora tras el amanecer. Gracias a esta linterna, cuyo destello puede advertirse desde 35 millas náuticas de distancia, los barcos que hacen la ruta de las Américas por aguas canarias saben que les espera la hospitalidad del puerto de destino o la soledad de un mar que, hasta hace 500 años, era un espacio en blaco lleno de mostruos. En 1884, una conferencia internacional celebrada en Whasington desplazó el meridiano cero al barrio londinense de Greenwich. Pero no se llevaron la magia.

 

La HI-503 se interna en un paisaje volcánico irreal. El plan perfecto para acercarse a este lugar del mundo es incluir en el plan de viaje al sencillo Santuario de Nestra Señora de los Reyes, una ermita del siglo XVIII de formas simples y bellas que guarda a la patrona de la isla: una preciosa talla gótica que, según cuenta la tradición, fue intercambiada con un barco en apuros por provisiones. Esta parte de la isla tiene una honda significación cultural e identitaria. La Dehesa, como se la llama, es el lugar dónde los pastores isleños realizan sus ritos religiosos y sociales desde tiempos inmemoriales. A pocos kilómetros se extiende el bosque surrealista de El Sabinar, con sus troncos retorcidos por el viento y más allá, como un verdadero balcón sobre El Golfo, el Mirador de Bascos. Cuando el sol empiece a caer baja hacia la costa.

Santuario de Nestra Señora de los Reyes

La meta es el sencillo monumento que marca aquel antiguo fin o principio del mundo. Pero ver el paisaje de rocas quemadas que parió Montaña Roja entre explosiones y ríos de fuego ya vale la pena por sí sólo. En el antiguo embarcadero hay una pequeña área recreativa y un par de lugares dónde irse al mar sis problemas. Estamos en el extremo oeste del mar de las calmas, que como su propio nombre indica suele ser una balsa de aceite. Eso sí, rebosante de vida marina (aspira desde hace décadas a ser Parque Nacional) e ideal para echar un vistazo desde la superficie con unas gafas y un tubo . Los atardeceres desde el faro son sublimes y las noches aún más. Hace poco que se organizan en la zona jornadas de observación astronómica. Ahí se acentúa esa sensación de estar en el límite.

A DOS PASOS DE ORCHILLA .- El Parque Cultural El Julan Parque Cultural El Julan (Acceso por HI-400; Tel: (+34) 922 558 423; Horario LD 10.00 - 18.00; E-mail: eljulan@gmail.com; es necesario reservar cita) es uno de los lugares más importantes de la arqueología en Canarias. La ladera que cae hacia el Mar de las Calmas en esta parte de la isla está repleta de petroglifos grabados por los antiguos pobladores de la isla, los bimbaches. El Verodal (Acceso por HI-502) es una de las pocas excepciones en la costa herreña. La playa es de arena de color rojizo y aunque está expuesta al oleaje es una buena opción para darse un chapuzón.

Fotos bajo Licencia CC: Mario Trifuoggi; Ramón Pérez Niz; Susanne Winter; Viajar Ahora; Jose Mesa

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