Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Trump se revuelve tras el revés del Supremo a los aranceles y a su agenda
El plan de Rufián, en datos: la unidad de Sumar y Podemos importa más
Opinión - 'La corrupción generalizada del sistema crea monstruos', por Rosa M. Artal
Sobre este blog

Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Psicopatía, éxito público y destrucción privada

Receta de ansiolíticos.

0

La psicopatía es buena para los negocios. También es buena para la política. Real y francamente es muy recomendable para cualquier actividad competitiva. Las escuelas de negocios y los departamentos universitarios de Ciencias Políticas lo saben a la perfección, solo que lo llaman de otra forma.

Nada de individuos con motosierra y cara avinagrada. No piensen cosas raras. Los hay salvajes y brutales en sus formas, pero eso es más cosa de películas. La realidad es más prosaica y enmascarada. La psicopatía es falta de empatía, buena para tomar decisiones sin ningún escrúpulo, pero también muy seductora. Posiblemente sea producto de una falta de madurez del cerebro en sus etapas más tempranas, carencia de células-espejo, esas que permiten proyectarse en los sentimientos de los demás y solidarizarse con ellos. Y mucha seducción, mucho encanto, siempre en beneficio propio, por supuesto, a costa de los demás, por supuesto. Quien lo ha sufrido lo sabe.

El infierno está lleno de gente encantadora. El infierno y los honoris causa y los marquesados. Grandes hombres y mujeres que han coronado la cima del éxito y son reconocidos públicamente como un referente para los demás. A un lado, un reguero de cadáveres, muñecos rotos, gente destrozada que entra por la puerta del trabajo todos los días debidamente empastillada. Al otro, un empresario de éxito, un directivo con una buena hoja de resultados, un alto funcionario con hoja de servicios impecable, un tendero adorado por todo el barrio, un político sin tacha que arrastra las masas con su encanto y su claridad de ideas. Quien lo ha sufrido lo sabe.

Y para el resto, la tortura cotidiana en la que se cuentan los minutos para que pase rápido, y más pastillas, más alcohol, y más lo que sea con tal de que las manecillas del reloj corran y dejen de temblar las manos cuando suena el teléfono o WhatsApp emita una notificación, un momento de paz antes de volver a comenzar esa tortura de Sísifo que es volver a la oficina. Quien lo ha sufrido lo sabe.

Uno de los psicópatas modélicos fue John Fitzgerald Kennedy. No lo digo yo, lo dicen expertos que evaluaron el impacto público de esta enfermedad tan destructiva... para los demás. Recogiendo los testimonios de sus contemporáneos, practicando entrevistas, consultando a sus biógrafos si el icono ya no está entre los vivos, los resultados de los análisis ponen en el alto del pedestal a servidores de la patria, la economía y la sociedad con este perfil. Trump puede ser un psicópata burdo, que presume y telegrafía su brutalidad por todo el universo, pero los peligrosos son los otros, los seductores, porque concitan el amor de sus congéneres, quienes realmente no lo conocen. Pero quienes los sufrieron lo saben.

Es la paradoja de nuestro mundo 4.0 (no tenemos otro), en los tiempos de la cuarta revolución industrial. Adoramos a quien destruye... a los demás. Este trastorno de la personalidad se caracteriza por la falta de empatía, remordimiento y culpa, así como por patrones de manipulación, encanto superficial y comportamiento antisocial. Trabajar para un sociópata, votar a un sociópata, convivir con un sociópata. Quien lo ha sufrido lo sabe.

¿Qué pensará el colaborador abnegado, el trabajador esclavo, la esposa o el esposo arrasado tras años de convivencia cuando abre un periódico, enciende el televisor o escucha en la radio a ese líder tan inhumano como aclamado al que tan bien conoce? Tal vez sienta un escalofrío por dentro y esboce un rictus de irónica amargura al desear que todos los que aplauden pudieran disfrutar solo de 24 horas en compañía de su referente.

El periodismo es una de las profesiones que permite esa experiencia privilegiada de conocer al líder en el regate corto. Hay gente estupenda, hay gente inapetente y hay psicópatas encantadores. Algunas veces se cuenta, pero da igual: el fan vive cegado por el resplandor del líder. En Estados Unidos, en Cantabria y en Tumbuctú. De estas cosas rara vez se habla y aunque se hable es lo mismo. Quien lo ha sufrido lo sabe.

¿Qué hacer entonces para no acabar como un paria o recibir el anatema público si se denuncia la verdad, si se desenmascara al depredador? Tal vez solo quede una: dejarlo todo en el sitio y salir corriendo. La psicopatía es buena para la empresa, la política... y los psiquiatras. Y hay una cantidad espectacular de psicópatas en activo. Quien lo ha sufrido lo sabe.

Sobre este blog

Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.

Etiquetas
stats