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Podemos Cantabria, una breve pero intensa historia de desencuentros y enfrentamientos internos

Candidatura de 'Claro que Podemos' encabezada por Blanco y apoyada por Ordóñez y Bolado.

Rubén Vivar

23 de marzo de 2015. Diez de la mañana, Hotel Bahía. Una docena de miembros de la candidatura 'Sí se puede Cantabria' que concurre en las primarias de Podemos anuncia la presentación de una querella contra el partido por apartar del proceso a cuatro de sus integrantes, entre ellos, a su cabeza de lista, el abogado Juanma Brun.

Aquella rueda de prensa que dejó perplejos a propios y extraños por la virulencia mostrada entre 'compañeros' y por el escándalo mediático que ello suponía en plena precampaña electoral parecía el culmen de un enfrentamiento de un joven partido que pretendía “asaltar los cielos” y que había logrado cautivar, al calor del 15M, en muy poco tiempo a miles de ciudadanos, hartos de la corrupción y los recortes.

Nada más lejos de la realidad. Aquel convulso proceso se saldó con la salida de Brun después de impulsar una campaña -'Yo también soy Podemos'- contra el hiperliderazgo de Pablo Iglesias y con la victoria de 'Claro que Podemos' y el nombramiento de José Ramón Blanco como primer líder de la formación, pero no fue más que un intenso episodio de una larga temporada de batallas, desavenencias y disputas internas que dura ya cuatro años, que parecen no tener fin y que han debilitado a un partido que en sus primeras elecciones logró irrumpir en el Parlamento cántabro con tres diputados, dos menos que el histórico PSOE y uno más que el otro partido emergente, Ciudadanos.

Las constantes riñas internas entre los 'podemitas' han empeñado su trabajo e iniciativas en la Cámara regional, donde además son claves para determinar hacia dónde se inclina la balanza de un gobierno necesitado de apoyos en la Cámara. La posibilidad de influir directamente en las políticas del Ejecutivo, como en la negociación de los presupuestos, se ha visto en la actualidad claramente mermada por la falta de un interlocutor válido, motivada por la reciente baja laboral de José Ramón Blanco. El diputado ha sido acusado de acoso laboral por tres de sus compañeras, una denuncia que ha provocado indirectamente que su mano derecha y secretaria general, Rosana Alonso, haya sido apartada del proceso para conformar las listas del partido para las elecciones que se celebrarán en mayo.

Además del ya mencionado Juanma Brun, por el camino se han quedado el politólogo Marcos Martínez, el activista de la PAH, Óscar Manteca, o el concejal en el Ayuntamiento de Santander, Antonio Mantecón, tres de los fundadores de la formación en Cantabria.

También han tomado la puerta de salida el economista Julio Revuelta, quien apenas aguantó un año en el cargo como secretario general, o Alberto Gavín, desaparecido después de haber ostentado de forma provisional durante diez meses la dirección del partido, hasta que se convocaron nuevas primarias que se resolvieron con la victoria de la congresista Rosana Alonso frente a la candidatura de la diputada autonómica Verónica Ordóñez.

A ellos se suman otros nombres menos mediáticos, pero que también han tenido especial trascendencia en el desempeño del partido, como el de Daniel Ahumada, responsable de la investigación en torno a las cuentas de Sodercan. De hecho, el Consejo Ciudadano ha sido un continuo coladero de bajas fruto de las sucesivas tensiones internas, hasta el punto de que este órgano estuvo el año pasado a punto de tener que disolverse por perder casi la mitad de la treintena de los miembros que lo integran.

Igualmente, Alberto Bolado continúa como diputado y miembro de la Mesa del Parlamento, si bien está desconectado de la actividad orgánica del partido y actúa como un verso suelto tras la guerra fría mantenida con sus camaradas de escaño.

“Se veía venir”

¿Por qué Podemos ha mantenido esta dinámica destructiva durante los cuatro años de vida? Para Juanma Brun, las bajas que tuvieron lugar en los inicios son “algo lógico”, ya que “Podemos no era un proyecto cerrado, sino que se estaba haciendo y había fricciones en todo el Estado por llenarlo de una manera u otra”. “Algunos nos dimos cuenta de que quien lo iba a llenar no era la gente como decía Pablo Iglesias, sino que lo iba a ser él como quisiera y rápidamente nos fuimos de allí”, esgrime.

En Cantabria sostiene que existe una “particularidad”, y es que los que el grupo que terminó ganando las primeras primarias estaba compuesto por dos facciones: “los de Santander y el clan de Castro [Urdiales]”. “Desde el principio ya se veían los problemas que iba a haber entre ambos bloques”, afirma Brun, que además añade que “hay muchos que no tienen más vida laboral que la que les puede procurar el partido”, lo que alienta las luchas por el poder.

El plato de lentejas

En términos similares se manifiesta otro de los 'expatriados' de Podemos. “Allí he conocido lo mejor y lo peor, gente buenísima con ganas de trabajar que no pedía nada y gente que entraba por interés personal, por tener un modo de ganarse la vida”, relata Julio Revuelta a preguntas de este medio.

Al igual que Brun, este economista profesor de la Universidad de Cantabria ve como algo “natural” los primeros enfrentamientos entre grupos de personas que no se conocían y que venían con ideas distintas, pero subraya que eso “se podía entender en 2014 o 2015. Ahora, se han impuesto posiciones conservadoras por personas que están buscando el plato de lentejas”, apostilla.

No obstante, Revuelta quiere pensar que “puede tener arreglo a medio y largo plazo”, para lo cual cree que “debería entrar gente nueva e irse las personas o grupos que han estado más en conflicto y que están más quemadas”. “Tiene que haber un cambio total de forma de actuar, hay que abandonar las prácticas que se han seguido estos cuatro años y mirar hacia afuera, volver a la utilidad que tenía el partido al principio, que no era política profesional y tradicional, sino que era llevar a la gente del día a día a la política”, defiende.

El hermano mayor

Otro de los miembros que abandonaron la formación, y que prefiere quedar en el anonimato para no interferir en otros proyectos en los que está inmerso, argumenta que “el partido creció muy rápido sin ninguna base sólida y con el paso del tiempo eso no se corrigió, lo que generó una dinámica en la que solo había posibilidad de debate entre grupos de corrientes”. “En Cantabria no se fue capaz de crear una base social suficientemente fuerte que fuera capaz de superar las discusiones entre los grupos de los dirigentes”, destaca.

Por otro lado, subraya que “la constante dependencia de Madrid ha sido un lastre desde el inicio”. “Siempre que ha habido un conflicto se ha buscado amparo en Madrid, que tiene que venir a solucionar todo y todas las corrientes intentan mostrarse próximas a la dirección nacional para ganar legitimidad. Eso ha lastrado el crecimiento autónomo de Podemos en Cantabria. Al final era ver quién estaba más cerca del hermano mayor y eso siempre ha generado movidas”, concluye.

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