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Asaltar las calles

Más que pelear por la bandera, hay que luchar por los problemas de la gente. Más que pelear por el poder en el partido, hay que pelear por devolverle el poder al ciudadano. Más que asaltar los cielos, hay que asaltar las calles  

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Las encuestas se equivocan pero no tanto. No se puede negar ya el ascenso de la extrema derecha y la caída de Unidos Podemos. Cinco sondeos de este lunes y fin de semana arrojan los mismos resultados: PSOE ganaría las elecciones, pero la suma de PP, Ciudadanos y Vox podría gobernar, mientras la izquierda de Pablo Iglesias y Alberto Garzón se desinfla. El voto de la derecha y ultraderecha se divide pero se multiplica, mientras que el voto unido de la izquierda sigue restando y no suma suficiente para gobernar con los socialistas. O las fuerzas progresistas reaccionan ya o los reaccionarios, más reaccionarios que nunca, les van a comer la tostada y no van a dejarles ni las migajas.

Podemos e Izquierda Unida se desangran heridos por el tiroteo constante de los medios dominantes, mayoritariamente de derechas, y por el tiroteo entre unionistas y separatistas, que les ha dejado fuera de juego tanto en España como en Cataluña. Pero culpar al enemigo de tus derrotas es el mejor camino para perder la guerra. No son sólo los ataques exteriores, también se ha minado el camino desde dentro.

El movimiento estimulante que empujó a muchos ciudadanos a la política institucional ha sido sustituido por un Podemos disgregado en facciones, con un líder en solitario y en soledad, discutido por sus decisiones personales y profesionales. El grupo de promotores de la idea se ha roto y con la ruptura, muchas ilusiones. La homogeneidad en la heterogeneidad ha sido sustituida por la uniformidad y el uniforme. El partido transversal ha terminado arrinconado en la extrema izquierda en el imaginario colectivo y no consigue volver a motivar a mayorías.

Podemos llegó para cambiar el derrotismo de Izquierda Unida y lo logró en las grandes ciudades, pero ahora juntos parecen abocados a las derrotas. Intentar agarrarse a las municipales como salvavidas sin hacer nada para evitar el hundimiento general, puede hundir también al municipalismo. Urge achicar el agua que no para de entrar por las grietas del barco. Consciente de ello, Iglesias ha empezado a disculparse por sus errores, pero le queda rectificar su error más relevante: debe recuperar el liderazgo compartido, la pluralidad de voces y con ello la transversalidad.

Izquierda Unida, Podemos, las confluencias, los Comunes, Garzón, Colau, Oltra, Iglesias, Errejón, Montero, tienen que sumarse sin restarse, limar diferencias para destacar sus particularidades y seguir el ritmo que han marcado las feministas, los pensionistas y los movimientos sociales, líderes colectivos que mantienen vivo el espíritu de cambio de las mareas, las marchas y el 15M. Es un fracaso de los partidos de izquierda no dar respuesta al desencanto en un momento de crisis social, económica, institucional y territorial. Por eso, más que pelear por la bandera, hay que luchar por los problemas de la gente.

Más que pelear por el poder en el partido, hay que pelear por devolverle el poder al ciudadano y la ilusión al votante. Más que tomar las instituciones, hay que tomarle el pulso al país como hicieron los indignados, como están haciendo en Francia los chalecos amarillos. Más que asaltar los cielos, hay que poner los pies en el suelo y asaltar las calles.  

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