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El 1-O sigue sangrando

Estamos en la unilateralidad múltiple. Una Cataluña se quiere imponer a la otra, una España única a una España plural y el régimen, a todos. Si la cosa va de imponer, el régimen gana siempre.

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La herida del 1-O sigue abierta un año después. De hecho, es aún más grande, la distancia entre todas las partes es mayor si cabe, se continúa infectando la relación, se ha profundizado la brecha y lo único que supura es dolor, incomprensión, odio, ira y mala sangre. Porque no se está haciendo nada por curar, todos quieren llevar la razón y nadie se responsabiliza de su participación en el estallido de una olla a presión que nos hizo saltar a todos por los aires. A todos.

Aquel día se rompió algo entre millones de catalanes y España. Lo rompió a golpes el PP que ordenó a la policía cargar con porras contra votantes, con martillos contra colegios electorales. Las víctimas son quienes recibieron los golpes, sin duda, pero el terremoto que lo provocó y el tsunami que se originó nos arrastró a todos. Hubo muchas más fracturas que no se ven en las imágenes. Ese día se produjo un accidente múltiple que enfrentó a españoles con catalanes y a españoles, catalanes, gobiernos, policías y jueces entre sí, unos contra otros, todos contra todos. Ese día se fue todo al carajo.

Fue la conclusión fatal de un proceso de enconamiento en el que apenas nadie cedió, retrocedió ni intercedió. Cada uno tiró de un brazo, una pierna o la cabeza hasta desmembrarnos. Y en esas seguimos. En la unilateralidad múltiple. El otro no existe. Se le empequeñece, ridiculiza, envilece y se le desaparece. Una Cataluña se quiere imponer a la otra, una España única a una España plural y el régimen, a todos. Si la cosa va de imponer, el régimen gana siempre.

Entiendo a quienes quieren huir de él, me encuentro entre ellos, pero no entiendo que se quiera escapar con otra oligarquía, otros captores, y creo que la única manera de doblegarlo es doblarlo numéricamente con mayorías incontestables, como ocurrió en la II República, no dividiendo a la población en mitades. Soy consciente de lo que cuesta, pero también de que costaría mucho más hacerla a sangre y fuego. A sangre y fuego, también gana el más fuerte.

El independentismo intentó desconectarse de España pero se desconectó de media Cataluña. El Estado contestó con todo su aparato, su 155 y su cárcel, y se desconectó de la otra media. Me parece evidente que perseverar por ahí no nos lleva a una república catalana ni de nadie, más bien a la enésima refundación de lo de siempre. Seguir a los mismos líderes y masas inflamables, unionistas e indepes, sólo nos quemará más. Ellos se crecen con las llamas nacionales, nosotros seremos ceniza.

La única salida que vislumbro es que los políticos catalanes salgan de la cárcel para empezar a hacer política en igualdad de condiciones, que se admitan errores colectivos y se busquen reconciliaciones. Pero no tengo casi ninguna esperanza de que salgamos de este bucle porque las marabuntas rugen, no se escuchan, ni dejan oír a nadie. El problema es que piensan que el problema son los otros, nunca ellos. Nos veo que vamos a otro uno de octubre.

ESTE MARTES A LAS 10H, ANALIZAMOS EL 1-O UN AÑO DESPUÉS.

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