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A los raros

Aguante, no nos enseñe lo peor de sí mismo

Siento citarme, pero en una novela que se publicó en 2012 aparecía este párrafo: “El autobús ya estaba llegando a Los Molinos, aquel pueblo invivible, lleno de residencias de ancianos, de franquistas irredentos, mujeres con alcuza y campeones de mus”.

Tenía razón: hoy en Los Molinos han celebrado un “homenaje a los caídos”, al que el alcalde, del PP naturalmente, ha obligado a asistir a los desdichados policías locales, a la corporación municipal y a la Guardia Civil. Se le ha olvidado avisar a la Legión con la cabra, que hubiera acudido con honda emoción patriótica.

Yo vivo en Cercedilla, que es un pueblo acogedor en el que el alcalde, el amigo Luismi, es de Izquierda Unida, y aunque no atamos los perros con longaniza, hacemos lo que podemos, pero nunca jamás exaltamos a una dictadura criminal ni insultamos a las víctimas. Con razón aquí a los de Los Molinos, el pueblo de al lado, les llamamos “los raros” (los días que nos sentimos corteses y no queremos ofender a nadie, que son la mayoría).

El caso es que en ese pueblo tan raro sólo han protestado los de Podemos y los de Izquierda Unida (al PSOE se conoce que no le parecía raro, como es natural), y lo han celebrado, y no sólo eso, sino que a los pocos que se han atrevido a manifestarse en contra, les han recordado a gritos que era un homenajea nuestros caídos, no a los vuestros”. Más tarde “los problemas llegaron cuando se colocó una corona de laurel en el monumento a los caídos franquistas. Un grupo de personas, entre ellos tres exalcaldes del PP y varios militantes de ese partido, comenzaron a insultar y empujar a los manifestantes, ha explicado Ahora Los Molinos". O sea, hacen un homenaje a los asesinos y, si alguien no está de acuerdo, le dan una paliza. No consta que hayan rapado a las mujeres y las hayan paseado por el pueblo después de darles aceite de ricino, pero quizá lo hayan intentado. Es sin duda la aplicación de la teoría de Aznar: hay que ser español, pero “sin complejos” o a puñetazo limpio.

La verdad es que a mí, que vivo a dos pasos de Los Molinos, me da vergüenza que haya quien todavía quiera celebrar el crimen y la rapiña franquista. Mi pregunta para los raros es: ¿a ustedes no les da vergüenza?

Mi pregunta va dirigida a un señor que se llama, al parecer, Antonio Coello Gómez-Rey, y que, por decisión de los raros, es alcalde de ese pueblo: ¿no le da vergüenza? Y a los ciudadanos de Los Molinos ¿no les da vergüenza que semejante mentecato desvergonzado ocupe la alcaldía?

No conozco de nada a este tipo, aunque he visto en Google que, cuando sonríe, retuerce los labios en una mueca que recuerda el gesto de quien intenta impedir que se le escape una ventosidad. Siga aguantando, por favor, no vuelva a sacar lo peor de sí mismo en público otra vez, señor Antonio, que apesta;  haga como si fuera parrao (el gentilicio de los de Cercedilla) y acuérdese de que el franquismo fue una dictadura, que tiene responsabilidades criminales y que apandó durante cuarenta años todo lo que pudo. Como prueba, Los Molinos, donde dicen que hay más curas y monjas que en el Vaticano, porque después de la guerra todo lo que robaron se lo entregaron a la Iglesia católica.

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