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La deuda histórica del trabajo social con las personas lgtbi-trans-queer

Una persona porta una bandera LGTBi

Enrique Nieto García, trabajador social

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Desde el decaimiento de las culturas y religiones paganas, en detrimento de la mujer, la naturaleza y la libertad hasta la actualidad, el sistema heteropatriarcal se ha impuesto como un sistema educacional, social y normativo que redefine la estructura social en detrimento de las personas que no se encuentran en la “élite de poder”, lo que denomina Phillips John R. como privilegio hetero tales como: mujeres, hombres lgb, trans, etnias y razas, siendo expulsados del sistema y por ende generando bolsas de vulnerabilidad y exclusión donde la diferencia es el estigma, donde la diversidad es sinónimo de discriminación.

La estructuras de poder y opresión heteropatriarcales a traves de sus instrumentos sociales, políticos y comunales, tales como la heteronormatividad, los binarismos de sexo, genero e identidad, la familia como institución heterosocial, la política, los medios de comunicación, la sociedad, operan como una apisonadora de la invisibilidad de la desigualdad y el silencio de las personas lgbi-trans-queer, excluyendo de su derecho a su diversidad, su derecho a ser atendidos a través de medidas de discriminación positiva y de equidad, transformando la igualdad en segregación para no actuar con responsabilidad de las personas mas apartadas y excluidas, las que en verdad sufren de la mas multiple y severa discriminación, las personas trans, las mujeres lgbi y los hombres de expresión de género femenina o no binaries a favor del hombre hetero, supremacista, blanco y falocentrico

El colectivo lgbi-trans-queer, no es un colectivo en si es un movimiento interseccional de sexo, orientación, género, identidad, raza y etnia mas allá del feminismo, pero si tenemos muchas cosas en común que hace agruparnos como un movimiento de libertad y equidad: vivimos en un sistema opresor que no permite con normalidad la expresión de nuestra orientación, de nuestra identidad y nuestro género, en todas sus vertientes.

Eso implica que exista un desarrollo evolutivo desigual en relación a la población mayoritaria heteropatriarcal, el miedo a ser rechazados/as/es por el grupo de iguales, por la religión, por la familia, de ser expulsados de nuestros hogares, el sentimiento de ser observados continuamente por nuestra expresión de género, por nuestra diversidad (panoptico de foucault), el juicio constante y absoluto desde el desconocimiento sobre la naturaleza de nuestras relaciones sociales y sexuales no heteronormativas o lo que Gayl Rubin en los años 80 denominaría la "Jerarquía Sexual", donde contrapone las corrientes feministas sex- negative y sex- positive en un compendio de seis ideologías diseñadas para la opresión, tales como: el esencialismo sexual, la negativa respecto al sexo, la excesiva importancia que se da a la conducta sexual en relación a otras conductas habituales del ser humano, la jerarquía sexual, la teoría efecto dominó del peligro sexual, la ausencia del concepto de variación sexual benigna, la ausencia de modelos sociales reconocidos, la invisibilidad de los fundamentos teóricos y sociales del movimiento lgbi-trans-queer en la educación asi como en todos los estratos de la sociedad, obliga a que el propio hecho de no reconocerte como hetero, cisgénero, masculino o femenino implique la discriminación.

Pero además hay que decir y reconocer alto y claro que esa discriminación ha sido además perpetuada desde las diferentes disciplinas como la psicología, la psiquiatría, el trabajo social y la educación social que habiendo sido llamadas para conseguir la igualdad y la no discriminación la han perpetuado, invisibilizado y escondido, como aquello que nadie quiere ver y de lo cual si hablo puedo ser señalado.

El trabajo social desde sus orígenes no ha sabido dar respuesta a las personas lgbi-trans-queer, no ha reconocido el hecho y el derecho de las personas a ser atendidos desde su diversidad, ni ha reconocido las consecuencias psicosociales de vivir fuera del sistema heteropatriarcal. Es difícil mirar a nuestro alrededor y ver personas que han tenido un desarrollo social y personal favorable y libre de discriminación, pero no obstante seguimos mirando hacia otro lado.

Las personas lgbi-trans-queer, somos muchas y diversas, somos personas víctimas de la violencia lgtbi, personas refugiadas y solicitantes de asilo, personas de etnia gitana, negras, personas con enfermedad mental, personas víctimas de la violencia de género, personas con diversidad funcional intelectual, física o sensorial, personas con enfermedad mental, personas sexualizadas desde el nacimiento, personas prostituidas, personas acosadas y perseguidas en el colegio, IES y en el trabajo, personas que hemos sido rechazadas por la religión, personas que sufrimos la violencia intragénero, personas que sufrimos la violencia directa o indirecta pero sistémica de la sociedad.

Por ello nuestras necesidades son muchas y diversas y por ello con mas razón que nunca el trabajo social como agente de cambio social tiene la obligación de luchar y dar respuesta a nuestras necesidades especificas.

El trabajo social tiene todo que hacer en relación al colectivo: luchar por la contratación de profesionales en activo que promuevan el desarrollo de formación, atención, diseños de intervención, programas individualizados, grupales y comunitarios, recursos específicos para la atención de la diversidad: oficinas de información y asesoramiento, centros de menores lgbi-trans-queer que aseguren y promuevan su derecho a la diversidad, viviendas de promoción a autonomía para personas mayores de 18 expulsadas de sus hogares, centros residenciales para personas mayores que aseguren que se respetara su diversidad, observatorio de la LGTBI-FOBIA, normativas que sanciones las terapias de conversión y que persiguen con eficacia a las personas que generan delitos de odio, normativas que obliguen a las administraciones a vincularse a las entidad lgbi-trans-queer del tercer sector, para la atención de nuestras necesidades específicas, reconocimiento de la violencia entre personas del mismo sexo, la violencia intragénero, con medidas específicas de alejamiento y atención a las víctimas, reconocimiento de la persona como hombre y mujer, independiente de su genitalidad etc...

El trabajo social es la solución, es nuestra obligación, una obligación pendiente históricamente, que cada vez llama con mas fuerza a nuestra puerta, un ruido que los/as trabajadores sociales gays, lesbianas, bi, trans, etc.. no podemos evitar oír, es un grito de libertad, un grito de auxilio que se ha negado históricamente. Es nuestra oportunidad y es su oportunidad, avancemos juntos hasta su reconocimiento, el reconocimiento de la mayor discriminación histórica del ser humano y exijamos que el trabajo social deba estar ahí, como siempre con las personas que lo necesitan.

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Publicado el
10 de julio de 2020 - 12:13 h

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