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CATALUNYA

El Derecho Internacional y la Ley del más fuerte

EL papel de la ONU y el Derecho Internacional se queda en papel mojado ante conflictos bélicos.

Kerry excluye la presencia a Al Asad en un futuro gobierno transitorio de Siria

El Secretario de estado norteamericano, John Kerry y Ban Ki-Moon, Secretario de la ONU.

A estas alturas, debería estar claro para todo el mundo que existen dos varas de medir por lo que se refiere al uso de la fuerza en las relaciones internacionales. Para la mayoría de los estados del mundo rige el ius ad bellum (el derecho a la guerra) prescrito en la Carta de la ONU y cuyas normas más elementales son la prohibición del uso unilateral de la fuerza por parte de los estados (con la única excepción de la legítima defensa ante un ataque armado) y la aceptación de su uso multilateral siempre que se lleve a cabo con la autorización previa del Consejo de Seguridad. Pero para Israel, EE.UU, sus aliados de la OTAN y ahora también Rusia (tras la anexión de Crimea), dicha prohibición puede ser ignorada sin que hacerlo tenga consecuencias graves.

Esos estados pueden invadir países, ocuparlos militarmente y/o derrocar sus gobiernos sin que los mecanismos sancionatorios previstos en la Carta de la ONU les puedan ser aplicados. Simplemente, la ley internacional no va con ellos porque, como los antiguos monarcas absolutistas respecto a las propias leyes que ellos mismos promulgaban, se sitúan por encima de ella. En realidad, la misma estructura de la ONU, con un órgano ejecutivo que otorga un derecho de veto a EE.UU, Francia, Gran Bretaña, China y Rusia, ya presupone ese doble rasero. La Carta de San Francisco puede ser acusada de injusta pero no de hipócrita.

Algo similar ocurre con el ius in bello (el derecho de la guerra, es decir, el conjunto de normas juridicas que intentan regular la conducta de las fuerzas armadas en el transcurso de los conflictos bélicos). El mecanismo más efectivo que se ha instituído para exigir su cumplimiento es la Corte Penal Internacional, pero, como todos sabemos, EE.UU, Israel, Rusia o China no son parte de su tratado constitutivo y, por tanto, sus dirigentes no pueden ser juzgados ante dicho tribunal.

Esto puede sorprender a las personas que se han creído la cháchara habitual de periodistas y dirigentes políticos sobre la importancia de la ONU, la ley, el estado de derecho y la Constitución.  Hay una creencia ingenua muy extendida según la cual el Derecho, en tanto que instrumento para resolver conflictos, equivale únicamente a los textos legales, como si éstos pudieran por sí sólos determinar la realidad. El Derecho cuando menos son los textos legales más las estructuras de poder (esto es, los colectivos de personas que dan órdenes a otras personas) que deben interpretarlos y aplicarlos. Las diversas estructuras de poder se rigen por una lógica que, a menudo, se aleja mcuho de la establecida en los textos legales.

Hay ya muchos datos para sostener con verdad que el mundo actual es un mundo multipolar, con varios polos de poder que intentan imponer su voluntad al resto de estados.  Aunque también vale la pena añadir, como ha recordado Obama recientemente, que la multiporalidad consiste en que hay una sóla superpotencia de alcance planetario, (EE.UU.), una potencia regional (la Rusia de Putin) y algunos países emergentes que aspiran a llegar a ser en el futuro potencias regionales. El movimiento por la paz debe saber orientarse en ese nuevo mundo, actuar con astucia y buscar alianzas con las poblaciones de todos los estados pensando siempre que su objetivo básico es “evitar el flagelo de la guerra”.

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