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CATALUNYA

Presente y futuro de Cataluña en la Europa Federal

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El futuro de Cataluña está ligado a la Unión Europea, hoy, más que nunca. Cataluña pretende establecer una nueva relación con la UE, sin España y por ello el reto es aún mayor. Tanto Cataluña como la Unión Europea, aunque parezca paradójico, se encuentran en un momento crucial de su nuevo proceso constituyente.

En nuestro caso, España no reformará la Constitución para hacer encajar las reivindicaciones de los catalanes. España no está para reformas. La experiencia constitucional española demuestra que las reformas constitucionales no se impulsan en todos los casos necesarios. Así que, por un lado la Constitución no se reforma y, por otra parte, los mínimos niveles de nuestro techo competencial y de inversión pública, fijados en el Estatut, tampoco se cumplen.

En cuanto a Europa, el proceso constituyente es lento y complejo. La UE es un proyecto de Estados, que a lo largo del tiempo, se han ido federando con múltiples especificidades. Siempre se han añadido Estados y, a pesar de las críticas a la UE, nunca ninguno de ellos ha pedido salir. Muchos soñamos en una Federación Europea, unos estados unidos de Europa. Su construcción dependerá de cómo la sociedad civil europea impulse la nueva arquitectura institucional ya que los países miembros no lo resolverán rápidamente. Deberá ser el Parlamento Europeo, los partidos políticos europeos y la Comisión Europea quien lo impulse.

De manera que Cataluña lo tiene doblemente difícil, ya que no sólo está inmersa en un proceso constituyente en el contexto español sino que debe participar también del proceso de construcción europea, sin herramientas para hacerlo.

Actualmente, la UE parece más una organización internacional de la que forman parte un grupo de países que una organización política con rasgos federalizantes. De este hecho son responsables los Estados miembros más potentes: Alemania, Francia, Italia, España y Gran Bretaña. Alemania merece un comentario aparte, ya que es el país del que dependemos en este proceso. De ella y de su poderoso Tribunal Constitucional, que es quien va marcando la agenda de la federalización. Basta con leer las largas y complicadas sentencias para darse cuenta.

En este largo proceso, los adelantos hacia la integración no se han producido de una forma constante sino a golpe de impulsos. A veces, impulsos individuales, como el empuje por ejemplo de personas como el sr. Monnet y otros por impulsos en hechos, como el establecimiento del Euro.

Antes de Lisboa cuando hablábamos de la UE lo hacíamos de la UE y de las comunidades europeas de carácter intraestatal, es decir, organizaciones que aunque estaban integradas por estados soberanos. Las comunidades tenían personalidad jurídica propia e independiente, las unas de las otras aunque compartían organización e instituciones.

El Tratado de Lisboa consiguió avanzar sustancialmente en la idea de la UE como ente político pero no llegó tan lejos como se pretendía en la Constitución Europea de 2004. El Parlamento ha salido muy reforzado con el Tratado de Lisboa, pero sigue teniendo limitada la acción porque no es competente para colegislar en importantes políticas que nos afectan como ciudadanos europeos.

Hasta aquí, la situación actual y hasta donde hemos llegado. Esto es lo que tenemos. Este es el diagnóstico.

Ahora, hay que hablar del futuro. De lo que muchos soñamos que podría pasar, y que favorecería una mejor ubicación de Cataluña dentro del mundo, federándose a la UE. Destacan cuatro condiciones primordiales:

  1. Conseguir un Parlamento con capacidad única para legislar y con un ejecutivo (la Comisión) formado según el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo.
  2. Crear un Senado Europeo o el Consejo Europeo, que represente los territorios de la Unión, sean Estados miembros, regiones, eurorregiones o áreas metropolitanas, desmontando la tradicional idea westfaliana del Estado- nación.
  3. Fijar y aumentar las competencias exclusivamente europeas y aumentar las compartidas con los Estados, es decir, disminuir la independencia de los Estados en ciertas materias.
  4. Aumentar el presupuesto de la UE que actualmente sólo representa un 1% del PIB europeo.

En consecuencia, se necesitan una serie de acciones para facilitar la federación de Cataluña dentro de la UE, en tres escenarios diferentes.

El primer contexto sería acción en el contexto europeo consensuada con el Estado Español. En base a la regulación vigente, tendremos que estar luchando para mantener nuestra posición en la UE, que nos obliga institucionalmente a ser una Comunidad Autónoma más con nula capacidad de maniobrar políticamente.

En segundo lugar, Cataluña desarrollaría acción en la UE de una forma autónoma a la política exterior española. El escenario de Cataluña luchando paralelamente como país sin Estado, alejándose del concepto de nación en el sentido westfaliano y por tanto, actuando autónomamente en la UE ya nivel internacional, al margen de España.

Finalmente, la acción de Cataluña en la UE se podría llevar a cabo en el marco del conocido académicamente como gobernanza europea multinivel. Cataluña como país, sin estructuras de Estado ni legitimación internacional puede avanzar en diferentes niveles de gobernanza a escala europea en el contexto del Comité de las Regiones, impulsando la eurorregión y la Unión por el Mediterráneo , aumentando la presencia en la Asamblea regional y Local Euromediterrània y promoviendo políticas sectoriales como el eje ferroviario mediterráneo.

Esta es sólo una breve y modesta reflexión sobre la situación que vivimos, que sería radicalmente diferente en el caso de una Cataluña independiente, sin olvidar, en ningún caso, que el debate respecto al camino democrático para lograr un mejor autogobierno no puede sustituir, sino complementar, el principal y único objetivo de toda sociedad organizada, que es construir un país moderno, cohesionado socialmente, culto, competitivo, y sostenible.


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