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CATALUNYA

¡Arriba esas cañas!

Muchos de los versos cantados y escritos por Peret que reflejan esa filosofía suya de la vida, clara sincera y alegre, podrían ser su epitafio

Peret con Muchachito. / José Colón

Peret con Muchachito. / José Colón

El mundo baila conmigo / y cuando vaya a dejarlo / deseo que mis amigos/ me digan adiós cantando (…)El día que yo me muera / no lloren ni den la lata/ y canten El muerto vivo / que estaba tomando cañas. / Mi cariño y mis canciones / al irme les dejaré / para que sigan bailando / con la puntita del pie (…)Es mi último deseo / dejen la lágrima en el mar / recuerden que es preferible / reír que llorar (…)

De Porque yo me iré, del disco Cómo me gusta, 1993.

En realidad no hay mucho que decir. Porque Peret lo dejó todo dicho. Muchos de los versos cantados y escritos por Peret que reflejan esa filosofía suya de la vida, clara sincera y alegre, podrían ser su epitafio. Y esa alegría queda, después de tantas décadas dedicadas a la música, queda en su legado: la rumba catalana. El género propio de Catalunya, una auténtica Denominación de Origen que él creó en los oscuros años de mediados del siglo pasado y que ahora el mundo entero reconoce y admira.

Peret puede descansar tranquilo, tomando cañas, porque su arte ha pasado de generación en generación. Desde sus coetáneos (el Pescaílla, sin ir más lejos, o Gato Pérez), pasando por Los Manolos, los Ai, ai ai, Sabor de Gràcia (¡tantos…!) hasta los jóvenes grupos catalanes a los que, sin plantearse por qué, les salió la vena rumbera. “Yo cojo la guitarra y me sale rumba”, decía Xavi Ciurans, de Gertrudis. Estopa, La Troba Kung-fu, Pantanito, Muchachito Bombo Infierno… variedades todas muy diferentes dentro de la misma D. O. deben a Peret su idiosincrasia. Que se lo pregunten al estudioso de la rumba Txarly Brown, alma de Forcat (Foment de la Rumba Catalana), que pierde a su presidente de honor.

Este género que corre por nuestras venas bebió de muchas copas: cuplé, tango, copla, samba, incluso, jazz… y Peret las combinó con alegría para cantar abierta y llanamente a la vida y esconder el drama social que se vivía en España. Nos cantaba el cantante y el compositor, pero también el carpintero, tapicero, chatarrero, vendedor de tejidos que fue para, igual que casi toda su generación, ganarse las garrofas.

Juan Puchades, periodista, estudioso y biógrafo, lo cuadra en su libro Peret. Biografía íntima de la rumba catalana (Global Rhythm, Barcelona, 2011): “Ese Peret que ya no tiene nada que justificar, que lo ha sido todo en la música popular de nuestro país, que triunfó en medio mundo haciendo bailar a los públicos más heterogéneos. El creador de decenas de canciones que, casi siempre con ritmo alegre, han ido trazando su particular filosofía vital, plasmando verdades como puños en versos de genial y natural sencillez. Peret, el hombre que vendía trajes a domicilio antes de dar forma a un género musical que echa sus raíces en la calle de la Cera de Barcelona; el mismo Peret que a comienzos de los años 80 lo dejó todo y se transformó, durante una década, en predicador de la Iglesia de Filadelfia; el que puso ritmo a las Olimpiadas de 1992. El que siempre ha luchado porque la rumba perdure y el que hoy canta mejor que nunca y piensa en su siguiente disco, en su próxima gira, en dar forma a una escuela de la rumba catalana…”

De las infinitas y sinceras reacciones a la muerte de Peret, nos quedamos con dos. La del diputado al Parlament por la CUP David Fernández, porque hace hincapié en el valor de la obra del maestro: “Nos recuerda que somos una cultura abierta y mestiza hecha desde abajo, enraizada en las clases populares”. Desde esos primeros peldaños, la música de Peret llegó a todos los escalafones de la sociedad. Y, la segunda, la de Ropgeli Herreros, colega i alumno del genio: “Sólo había un Rey y ahora que ha muerto no pienso que tenga ningún heredero legítimo. Puede que la rumba catalana se convierta en una república”. Esta ausencia de heredero hay que verla como un síntoma del buen estado de salud de la rumba: ya no está el fundador pero hay toda una legión de músicos que no dejan de trabajar, como él, por el futuro de un género que nos pertenece a todos los catalanes.

Así que… ¡arriba esas cañas!

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