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CATALUNYA

Yo es otra

Tres años y ocho ediciones después de Primavera, estiu, etcètera, el pasado enero llegó a las librerías L’altra (RBA - La Magrana), bienvenida segunda novela de Marta Rojals.

Hecha de pliegues, curvas y silencios, L’altra es la historia de Anna y de todos sus dobles. Anna, Annona, Nona, diseñadora gráfica por azar, rozando los cuarenta, arisca y enigmática, arrastrando con Nel una relación tocada por los años, inadaptada de serie, introspectiva por naturaleza, haciendo girar la rueda de los días a golpe de pedal. Imaginando atajos, explorando el sexo, equilibrando trompazos, coleccionista de olvidos y secretos, Anna calla, no se pregunta lo que duele responder y calcula, calcula, calcula… la salida fácil, la palabra justa y la medida indolora de las cosas. Para poner el contador a cero –reset: ‘reinicializa los cambios realizados’–, y volver a empezar.

Con una protagonista inquietante y compleja, que a un tiempo se construye y se desintegra, y una aventura más grave, más seria, lejos de la otra Primavera…, ahora Rojals teje, con tino, una fina telaraña allí donde el aire se hiende. El aire enrarecido que nos separa de los demás y el aire que se aspira, hondo, antes de hablar para decir a las claras aquello que importa, lo que hace tiempo que se esconde y se espera o toda la verdad. O no, y seguir adelante. Y así, los personajes de esta novela desfilan y crecen en una deriva rabiosamente actual: la Barcelona de la crisis y todos sus estragos, la extrema fragilidad cotidiana que impregna y articula nuestros afectos, y la despedida de la década de los treinta de una generación que ha perdido el mundo que apenas empezaba a medir y conocer.

Desde la voz de una tercera persona agarrada a la mirada dióptrica de Anna, la narración se arma, como un edificio lo bastante sólido, con una arquitectura difícil y armónica de elipsis y palabra, de pausa y discurso, en que el pasado irrumpe de un portazo, una y otra vez, y atasca el día a día en los desgarros de un presente hecho de sombras. Y con la fuerza de un estilo que reconocerán los lectores que se dejaron cautivar, en la primera novela de la autora, por la frase ágil, el humor, la naturalidad del habla, la aguda y fresca verosimilitud de los diálogos y los giros insospechados que hacen saltar las páginas. Acaso aquí, sin embargo, más elaborado y oscuro, más denso, menos fresco, y con todo, un estilo que revela un oído afinado y una preocupación, entre divertida y apasionada, por los avatares del lenguaje.

Así, una galería de personajes bien trabajados y las brechas y los sustos de sus relaciones intrincadas, una elaborada construcción temporal, desordenada con acierto, y la palabra afilada y suelta de Marta Rojals configuran el engranaje de una historia bien trabada y escriben la receta de un libro que se devora. Que nos recuerda la respuesta con la que el poeta cambió, por fuerza y para siempre, la pregunta por la identidad contemporánea. Porque si nunca acabamos de saber de qué está hecha la materia de la imagen que nos devuelven los espejos, qué hay de luz y qué de sombra, ni cuáles son las fuerzas que equilibran la cadena de los días, tal vez nunca sabremos, tampoco, hasta dónde podemos tirar de la cuerda que, dolorosamente o por suerte, nos ata a los demás.


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