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CATALUNYA

"La luz de la democracia se nos comió la resistencia"

Dentro del ciclo IT Emergents, en el Grec, la compañía Laminimal nos transporta a la Transición en la obra 'La supervivencia de las luciérnagas'.

La directora, Daniela de Vecchi, ha dramatizado textos de Sinistierra, de Mayorga y de Carla Rovira para tejer 10 historias de supervivencia

Imagen de un ensayo de la obra en Tàrrega.

Imagen de un ensayo de la obra en Tàrrega.

Laminimal Teatre Sistèmic es una compañía etiquetada de "emergente" que, sin embargo, tiene las cosas muy claras y un estilo propio. La supervivencia de las luciérnagas es un proyecto sólido que ha nacido y se ha ensayado en Tàrrega y que ya ha pasado (con nota) por el Àtic 22 del Tantarantana, por Madrid (sala Matadero), ahora por Grec y estará en FiraTàrrega en septiembre. Nos cuenta historias de supervivencia, conflictos sistémicos, ilusiones justificadas (o no) en una época muy concreta, mediados de los años 70 en España. Sin un argumento lineal, se centra en explicar estas vivencias ubicadas en la bendita e incorrupta Transición que nadie ha osado criticar. Aquella época en la que, en palabras de la directora del montaje, Daniela de Vecchi, "la luz de la democracia se nos comió la resistencia". Y todo nos estuvo bien, todo encajó: el olvido, el perdón, la ejemplar gestión política. Los relatos deslabazados nos hablan de memoria histórica, de tortura, del Seiscientos, de ausencia, de locos que se creen reyes, de fronteras ("ninguna se ha defendido sin sangre") ...

La reivindicación de la pieza es bastante clara. "Creo que a la generación que ahora tienen entre casi 30 y 40 años, como estos actores, se les ha negado hablar de su pasado reciente. Aquí lo hacen", dice De Vecchi. Hablan a través de textos de Sinisterra (Esperando algo), de Juan Mayorga (La legión) y de la miembro de la compañía Carla Rovira (Ausencia). Textos casi recitados, algunos, dialogados, otros, y luchados, otros cuantos, pero siempre desde la complicidad con el público y con los mismos personajes, a los que los actores ceden los propios nombres y, por supuesto, los propios caracteres. El resultado son 10 interpretaciones extremadamente cercanas y convincentes, divertidas, amargas, tiernas, inocentes ...

La obra es crítica desde la ironía. Combina el humor con fases inquietantes, una inquietud incrementada con la música y con los gestos repetitivos, deliciosamente enfermizos, de los actores en coreografías gestuales y textuales. Es el sello identificativo de la compañía, un método que presupone sistemas, acciones físicas que se repiten, variaciones de gestos pautados, pero con libertad. Se empieza a partir de una partitura física y todo es un espectáculo de teatro, pero fronterizo con la danza y la música. "No improvisamos, trabajamos mucho los gestos. Es una espectáculo libre dentro de una pauta, como el jazz, que tiene su partitura pero se deja llevar, dentro de unos patrones", dice la directora.

La complicidad con el público es la otra gran apuesta de Laminimal. Los espectadores, que escuchan estas historias deshilvanadas que les activan recuerdos o, como mínimo, les suenan de algo cercano, beben cerveza (en el Grec, debido al espacio -el Institut del Teatre-, cerveza sin alcohol) , pican patatas y, muchos, se animan a bailar los ritmos de los 70 cuando, de repente, se encuentran inmersos en una discotequera fiesta de fin de año (¡está empezando en 1975!).

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