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CATALUNYA

Los libreros mantienen la palabra

Entramos en cinco librerías especializadas de Barcelona: Negra y Criminal, Millà, Le nuvole, L’aeroteca i Al.lots el petit prícnep.

Los libreros siguen tejiendo y alimentando una complicidad que los lectores encuentran en otros establecimientos.

La cocina de la novela negra funciona a pleno rendimiento.

La cocina de la novela negra funciona a pleno rendimiento./Carmen Secanella

Los libreros son los guardianes de la cultura escrita. En un mundo cada vez más globalizado, informatizado, internetizado (es decir: enredado) cada vez vemos a más presuntos libreros encorbatados o libreras con monísimas faldas detrás de escaparates luminosos, ostentosos, maravillosos y cada vez cuesta más dar con un librero experto, un consejero, un conocedor de libros. “Somos cómplices”, presume Paco Camarasa, sospechoso, junto con Montse Claver, de la librería Negra y Criminal, en Barcelona.

Hemos visitado cinco librerías de la ciudad condal especializadas en temas diversos: literatura negra y criminal, teatro, cultura italiana literatura, aeronáutica e infantil y juvenil. Cinco temáticas que nada tienen que ver entre sí si no es que requieren esa complicidad, ese interés, esa pasión, ese cariño por la materia que no se encuentra en unos grandes almacenes. “No recomiendo libros sin referencias directas”, aseguran muchos de estos prescriptores. Ya que es imposible leerse las cantidades ingentes de volúmenes que los aplastan desde las estanterías, siempre tienen a un cómplice, a un amigo a un amigo fiel que les empuja a recomendar este o aquel libro a este o a aquel lector (¿cliente?, puede, pero lector).

“Nos hemos quedado sin balas y queremos seguir disparando”

Con este lamento y esa ambición, Paco Camarasa se dirigió a sus clientes hace unos dos años. La cosa estaba clara: o entraba dinero o se cerraba la puerta de Negra y Criminal, esta pequeña librería en el corazón de la Barceloneta que, en 10 años, se ha convertido en la casa de tantos amantes del género. Dicho en lenguaje negrocriminal: la extorsión de las leyes del mercado estaban acabando con ellos; les hacía falta encontrar cómplices para sobrevivir. Y fue como si detectives, inspectores, comisarios, agentes federales, mossos d’esquadra, fiscales, abogados defensores, jueces, alguaciles, forenses y, es de suponer, también asesinos a sueldo, víctimas, mafiosos, asesinos en serie, violadores, suicidas, psicópatas respondieran al llamamiento, huyendo de los renglones que los encarcelaban en las páginas de los libros y se convirtieran, a razón de 10 € al mes, en “cómplices de Negra y Criminal”. Y ya son 150, de toda España y parte del extranjero.

La librería Negra y Criminal sobrepasa los límites de los libros.

La librería Negra y Criminal sobrepasa los límites de los libros./Carmen Secanella

El pequeño local, con su siniestra decoración, su silueta de un muerto en el suelo del sótano y sus móviles del crimen colgando del techo, sigue abierto y su cocina echa humo cada sábado a mediodía para cocinar los tradicionales mejillones: con la característica camiseta negra de la casa, los fieles suelen acudir a saborear estos moluscos (“oscuros y duros por fuera, sabrosos y chillones por dentro, como la novela negra”, explica Camarasa) y vino tinto (“también negro, nada de cava o vino blanco”) y comentar la última novela, escuchar al escritor de turno o debatir sobre literatura en interesantes encuentros abiertos al público.

Es paradójico que la moda de la novela negra (y criminal: “hay una gran diversidad, Patricia Highsmith y Agatha Christie sólo tienen en común que escribían en inglés”, subraya el librero) no catapultara esta librería: “Nos perjudicó: vendimos una tercera parte menos del tercer libro de Stieg Larsson que del primero, cuando no se había producido el bum”. Los grandes beneficiarios del gran éxito literario fueron las grandes superficies, adonde acudieron todos los nuevos lectores: “Creo que una ciudad necesita ciudadanos, no consumidores, que no son nada fieles”, dice Paco. “Necesita lugares con criterio, no librerías de aeropuerto. Una ciudad sin librerías sería una ciudad despersonalizada, aunque siguieran vendiéndose libros”.

Por todo esto, las librerías especializadas no pueden evitar la crisis, pero se quedan con el consuelo de que un libro que ellos recomienden a un lector no es sólo el producto de una transacción comercial: “Un buen libro no acaba con la crisis, pero ayuda a olvidar o a comprender”, sentencia Camarasa.

Emulando al senyor Esteve

Lluís Millà se pasa el día entre fajos de papeles amarillentos. Rebusca en los ficheros que empezó a compilar su abuelo, en 1900, cuando abrió las puertas la librería a la que puso su apellido, en la calle Sant Pau de Barcelona. “El papel no morirá nunca”, dice, mientras consulta su portátil. Internet no está reñido con una librería que es también de libro viejo como la Millà: “Vendemos por internet, claro que sí, y cada vez más”, dice. No hablamos de e-books, sino de agilizar y multiplicar las ventas.

La librería Millà esconde referencias de hace más de un siglo.

La librería Millà esconde referencias de hace más de un siglo./Carmen Secanella


Es la etapa que toca después de bastante más de un siglo de tradición familiar y de cinco generaciones. Porque la cosa, en realidad, va más allá de 1900: “Mi tatarabuelo, Melcior Millà, fue prestidigitador y escribió libros de magia allá por 1850-1860”, explica el actual responsable del negocio. Su bisabuelo, autor de sainetes y otras piezas de teatro, abrió la librería y su abuelo, en 1922, empezó a editar libros. La edición se detuvo en el año 2000 por no ser rentable. Las miles de referencias de la librería van desde los grandes clásicos hasta las colecciones de teatro contemporáneo que agrupan a la nueva hornada de dramaturgos catalanes, pasando por reliquias insospechadas, libros de magia, de adivinanzas, de técnicas teatrales, de circo, de danza y más de 700 obras de teatro traducidas al catalán. Los fondos de la librería invitarían a bucear entre fajos de papel impreso, libros antiguos, carteles históricos… Uno tiene la impresión de encontrarse en el cementerio de los libros olvidados de la novela La sombra del viento, de Ruiz Zafón… “Es cierto, viene gente preguntando, podría ser ésta perfectamente, aunque no lo es, ya que la de Zafón está ubicada al otro lado de la Rambla”, dice Millà.

Millà, como librero apasionado, aconseja a sus clientes. Muchos profesores de escuelas o institutos acuden en busca de una obra para representar: “Se pasan horas rebuscando, comentando, preguntando… El teatro se ha introducido mucho en la enseñanza y se preparan muchos talleres”.

Los grupos de teatro aficionado solían ir y llevarse un ejemplar de cada obra para cada actor del reparto. Ahora no: “Ahora se llevan uno y reparten fotocopias de las partes de cada actor”, admite Lluís. Y es que la crisis está haciendo mucho daño. Las cuentas no acaban de salir. Lluís Millà ha trabajado las dos últimas décadas con otra persona hasta que, hace tres meses, tuvo que prescindir de ella. El futuro es incierto. “Mis hijos no sé si seguirán con el negocio”, explica el librero. “Me gustaría que lo hicieran, pero no pienso obligarlos a seguir la tradición. Ya no existen señores Esteve [en referencia a La Puntual, el negocio de betes i fils de la obra de Rusiñol L’Auca del Senyor Esteve]. Pero la ilusión no morirá nunca, ni siquiera en momentos de crisis como esta”.

Un paseo por Italia a través de las nubes

“Ah, straziante meraviglia del creato!” (“¡Ah, desgarradora maravilla de la creación!”), responde, fascinado, Totó, en el episodio Che cosa sono le nuvole, del admirado Pier Paolo Pasolini, incluido en la película Capriccio all’italiana. También se refería a las nubes otro grande de la cultura italiana, Fabrizio de André, cuando escribió: Vanno / vengono / per una vera / mille sono finte / e si mettono li tra noi e il cielo / per lasciarci soltanto una voglia di pioggia” (“Van / vienen / por una verdadera / hay mil falsas / y se meten allí entre nosotros y el cielo / para dejarnos sólo el deseo de lluvia”). La admiración que siente por el cineasta y por el cantautor la profesora de cine Cecilia Ricciarelli no le dejaba margen: la librería que abriría en Barcelona se llamaría Le nuvole.

Le nuvole se ha convertido en un centro cultural para toda la ciudad.

Le nuvole se ha convertido en un centro cultural para toda la ciudad./Carmen Secanella


Desde hace aproximadamente un año, los italianos de Barcelona, la comunidad de extranjeros más numerosa de la ciudad, han encontrado en este coqueto establecimiento del barrio de Gràcia su punto de encuentro literario, en el que coinciden con autóctonos interesados en la cultura italiana en las continuas charlas, proyecciones, debates, presentaciones de libros. “Pretendo invitar a un paseo por la cultura italiana a través de libros de literatura, teatro, cine, música, poesía”, dice Ricciarelli, que reconoce, orgullosa, que una librería se parece mucho al librero. “Charlo con los clientes, que me cuentan sus inquietudes, o que buscan algo concreto… nace así una relación casi íntima acerca de una pasión”, comenta.

Decir que una librería está especializada en cultura italiana es un absurdo. “Es imposible abarcarlo todo…”, reconoce la librera. “¡Si tuviera todo lo que se edita en Italia sería la Feltrinelli! Hay una selección forzosa y, por lo tanto, un riesgo, pero lo acepto encantada como un acto creativo”. Son los placeres que brinda un local como este, el polo opuesto a las grandes superficies: “Aquí podemos disfrutar de colmar placeres afectivos”, dice.

“Nos abrimos a toda la ciudad: no soportaríamos convertirnos en un gueto, por eso hemos buscado al italiano que vive aquí y está completamente españolizado o catalanizado y también al barcelonés que sabe italiano, quiere perfeccionar la lengua o que busca traducciones de autores italianos”. La simbiosis social ha cuajado, como se puede detectar en las reuniones literarias que se organizan en Le nuvole. Ahora tenemos un círculo literario en trono a la ciudad de Ferrara y otro sobre autores sicilianos”, explica Ricciarelli.

Son maneras de reinventarse sin dinero. La crisis está ahí, pero en el caso de Le nuvole ha estado siempre. “Nacimos en plena crisis porque sabíamos que si hay que esperar al mejor momento… nunca llega. Y estamos contentos de cómo están yendo las cosas”.

Sin miedo a volar

Si hay una librería especializada en la que el consejero (es decir, el librero) se preocupe más por sus clientes esa es L’Aeroteca, en la calle Montseny, en pleno barrio de Gracia. Si no, no se impartirían cursos de (entre otros) cómo perder el miedo a volar. Es un espacio dedicado a la aeronáutica desde 1986. “La fundó mi padre, que era mecánico de aviones y un intelectual en su tema”, explica Jordi Miguel, actual responsable de esta cita obligada de los amantes de la aviación. “Había un vacío importante y empezó vendiendo libros”. Ahora, en la librería de referencia en toda España, que ocupa 500 metros cuadrados, encontramos maquetas de aeromodelismo, cómics, atlas históricos, material diverso, simuladores de vuelo y hasta el morro de una avioneta de la Segunda Guerra Mundial.

L'aeroteca nos permite realizar vuelos virtuales... muy reales.

L'aeroteca nos permite realizar vuelos virtuales... muy reales./Carmen Secanella


¿Qué tienen en común El principito, un libro sobre Els camps d’aviació d’Osona durant la Guerra Civil, una maqueta de avión, un chaleco salvavidas, La vuelta a Europa en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja, de Chaves Nogales, o el curso English for Aviation? La aviación. Por eso cualquiera de estos libros o materiales los lo podemos encontrar en L’Aeroteca. “Tenemos la obligación de intentar tener todos los libros posibles sobre nuestra especialidad”, sostiene Miguel. De hecho, encontramos libros en castellano y en catalán pero también en inglés, francés, alemán, japonés…

Los clientes son “aerotrastornados”. “La mitad es gente apasionada que tiene la aviación como hobby; la otra mitad suelen ser profesionales y, en algunos, la pasión no es tan evidente”, explica Jordi Miguel. “Lo que sí podemos asegurar es que casi todos son hombres. Las mujeres que vienen suelen buscar un regalo… para un hombre.”.

Muchos matan el gusanillo con información pura y dura: lectura de libros, manuales, novelas… Otros van más allá. Empezando por quienes quieren perder el miedo a volar, que pueden hacerlo en un curso (el próximo es el 15 de diciembre) en el que psicólogos enseñan a controlar el miedo, expertos en aviación explican el diseño y la fabricación del medio de transporte más seguro que existe y practican en simuladores de vuelo o, si se quiere, en un vuelo real Barcelona-Palma-Barcelona.

Los más experimentados pueden aprender a volar en clases de vuelo virtual (16 euros la clase de dos horas, 12 euros para menores de 18 años o parados). En el sótano de la librería, un aficionado puede coincidir con un piloto profesional que realiza prácticas en el simulador Boeing 737-800 (la cabina de mandos de Ryanair). “No son cursos certificados, pero son idénticos a los que realizan los profesionales”, explica Miguel. “Estamos conectados en la red Ivao, un espacio aéreo virtual en el que se ‘vuela’ en aviones que existen realmente y en las condiciones reales: si es de noche, si llueve, si hace sol, si despegas en El Prat o en Málaga, hay quien hace de controlador aéreo... ¡Es un Matrix de la aviación en el que se confunden lo virtual y lo real!” Para colmo, la librería cuenta con un simulador de movimiento, por lo que la sensación de volar es total.

Los primeros y más numerosos lectores: los niños.

Los niños y adolescentes son los que más leen en este país. Lo dicen las estadísticas. Y viene siendo así desde hace muchos años. Por eso abrir una librería especializada en literatura infantil y juvenil tenía que ser un buen negocio. Así lo pensaron en 1996 los padres de Al.lots. El petit príncep, en la calle Consell de Cent de Barcelona, la primera especializada en la materia en toda España. “La idea no es otra que fomentar la lectura”, comenta Elder. “Todos los libros para estas edades tienen una función claramente educativa, de hecho, las secciones en que tenemos divididos los libros coinciden con las divisiones por edades de las etapas educativas de Piaget”.

Todos los tesoros infantiles tienen un rincón en Al.lots El petit príncep.

Todos los tesoros infantiles tienen un rincón en Al.lots El petit príncep./Carmen Secanella


Pero la librería parte con ventaja respecto del colegio. “En las escuelas les obligan a leer ciertos libros; aquí vienen a escoger los que más les gusten, a leerlos para disfrutarlos”. Para ello, el papel de prescriptor del librero es fundamental, ya sea en el niño como en los padres. “Hay niños que desde los cuatro o cinco años ya quieren escoger ellos; pero los padres están ahí, claro, y nos dicen que lo que quieren es que si hijo lea y nos explican cómo es el niño, qué aficiones tiene, etcétera y esta información nos permite sugerirle el libro adecuado”. Y no suelen fallar. Ellos saben lo que hay en el mercado y lo que puede interesar a uno u otro niño.

Ellos fueron los primeros en recomendar la triolgía de Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, que han sido el gran éxito de la temporada. “Antes del bum de la película y de todo lo que ha surgido alrededor de las novelas, nosotros ya la recomendábamos, cuando se editaron aquí por primera vez [la novela original es de 2008]”, dice Elena. Suele estar bastante claro si un libro es bueno o si no lo es. Que venda miles de ejemplares o unos pocos centenares es otra cosa. Lo cierto es que este tipo de novelas han ayudado mucho a la literatura juvenil y han corroborado que los adolescentes y los niños son los lectores más fiables. “Personajes como Harry Potter, Geronimo Stilton u otros menos conocidos para el gran público pero muy presentes en las secciones infantiles de las librerías y en los hogares con niños, como la Colla Pega Dolça, o la colecciones de Gol, “un éxito clarísimo: unen fútbol y cómic”, advierte Elder.

Los responsables de esta librería, en la que se celebran charlas y debates sobre el género que les ocupa, no echan nada en falta: “Los editores tienen muy estudiado lo que puede gastar a los niños y para ello nos piden consejo”, explica Elder. Aún así, el librero detecta alguna carencia: “Ahora que el catalán se está abriendo al mundo más que nunca, muchas escuelas de aquí hacen intercambio con escuelas latinoamericanas y hemos recibido peticiones de libros sobre historia, cultura, tradiciones catalanas en castellano… y nos está costando encontrarlos”.

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