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CATALUNYA

¡Basta de SILENCIOS!

Las mujeres, estamos hartas de los minutos de silencio. Las mujeres estamos saturadas de los silencios.

Las mujeres hace años que no callamos ante el terrorismo machista, aunque estos días haya quien parece haber descubierto que lo mejor es el ruido y no el silencio.

El ruido de las mujeres del movimiento feminista ha sido constante. Una constante que se convirtió en una marea violeta que inundó Madrid el #7N.

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No queremos más mujeres maltratadas, no queremos más mujeres asesinadas

El 25 de noviembre de cada año es el Día Internacional contra la violencia a las mujeres y las niñas, o lo que es lo mismo, contra la violencia machista. El clamor es desde hace demasiados años el mismo. Se eligió esta fecha en recuerdo y homenaje de tres hermanas asesinadas en Santo Domingo, el siglo pasado. Este año, como cada año desde entonces, las mujeres han salido a la calle, se han hecho homenajes y actos para recordar a las que, como las tres hermanas asesinadas, han perdido la vida por el hecho de ser mujeres. Para recordar tantas mujeres maltratadas por violencia machista y tantos niños que, directa o indirectamente, sufren las consecuencias. Es, por tanto, un día triste. Un día en que la reivindicación va ligada al sentimiento de tristeza. Por de pronto, en Cataluña 6 mujeres asesinadas en lo que va de año. Y una de cuatro mujeres ha sufrido un ataque machista. En España en los últimos 10 años han sido asesinadas más de 800 mujeres. Una de cada ocho mujeres ha sufrido violencia física y / o sexual por parte de su pareja o ex-pareja. Y una de cada cuatro mujeres son sobrevivientes de la violencia psicológica.


Se dice que no podemos saber con exactitud cuántas mujeres mueren cada año a manos de un hombre que las estadísticas se falsean. Se habla de unas 70 mujeres de media en España. Muchas. Sí sabemos cuántas mujeres presentan denuncias: alrededor de 26.000 en el primer trimestre de 2015 (hay que decir que sólo un 0,01% son falsas), y en Cataluña, 10.918 (un 48% se han hecho por vejaciones y maltratos psicológicos ; un 37% por violencia física y un 2% por violencia sexual de las parejas o ex-parejas). Sabemos cuántas denuncias se retiran por miedo, por vergüenza, por sentimientos de culpabilidad, por creencias erróneas de las mujeres y sabemos del trabajo ingente de la policía, los servicios sanitarios y asistenciales. En concreto, los Mossos han arrestado este año 4.288 hombres por violencia doméstica. La mayoría de los agresores y de las víctimas tienen entre 21 y 51 años.


La violencia machista y una de sus derivaciones, la violencia doméstica, más que un problema social, es un atentado a los derechos humanos más elementales que está presente en todos los países del mundo. Podemos decir sin ambigüedades que estamos ante un problema universal ya que no hay ninguna región del mundo, ningún país y cultura en que se haya conseguido que las mujeres estén libres. Hablamos de muchos millones de mujeres (entre ellas cuento las niñas y las jóvenes menores de 18 años).

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Cuando nada es seguro, todo es posible!

¿Qué podemos hacer para deshacer las violencias? ¿Qué nos está pasando? ¿Qué puedo hacer yo? No se si encender la tele o apagarla. Me siento mal si miro las noticias y si no las miro ... Soy tan poca cosa en medio de la guerra, pero al mismo tiempo, siento tantas ganas de ir a dar un par de hostias a los señores de la guerra ... Será esta misma rabia violenta que me escuece la que tienen ellos corriendo por las venas que les hace estallar bombas, matar niños ... y toda una serie de barbaries que ya sabéis ... Deseo que no, pero la violencia es violencia, no? Estoy confundida.

Siguen siendo asesinadas mujeres en mi orilla, a manos de sus parejas, aquellas manos que un día las tocaron con afecto y respeto (o eso quiero pensar) hoy empuñan un arma y atacan. Y la orden del producto sí altera los factores. Suicidaos primero, y luego matadlas ... ¿Por qué siento tanta ira dentro de mí cuando me entero de otro acto de violencia machista y quisiera ir ante estos desgraciados y zurrarlos? ¿Por qué se me acaban las palabras y los diálogos? Me siento extraña.

Reflexiono en torno a los pensamientos de Silvia Federici que pronunció en las Jornadas de Economía Feminista en Vic el pasado mes de julio, a ver si me aportan luz en esta oscuridad.

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Acosador, no me das miedo

La violencia estructural contra las mujeres está arraigada en los diferentes ámbitos de la realidad social. El ámbito laboral es uno de ellos, de tal manera que las mujeres se ven en multitud de ocasiones obligadas a resistir de manera numantina en el lugar de trabajo o en luchar contra las conductas machistas y violentas. Algunas mujeres, valientes o que pueden sentirse un poco más apoyadas, hacen frente a sus acosadores. No obstante, la complejidad de este fenómeno hace que a veces podemos adoptar una postura pasiva o que tengamos miedo ante los acosadores. A continuación, os ofrezco un decálogo para la identificación del "perfecto acosador":

1.- El acosador crea la situación en que se produce un comportamiento no deseado relacionado con el sexo de la mujer, con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de esta (acoso).

2.- El acosador crea la situación en que se produce un comportamiento verbal, no verbal o físico no deseado de índole sexual con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de la mujer (acoso sexual).

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Violencia: quiero comprender

Quiero entender por qué ellos matan y maltratan. Por qué la violencia que asesina, dispara, destruye es casi siempre masculina salvo algunas excepciones que confirman la regla. Es la misma violencia que nutre el terrorismo, que lanza bombas y maneja explosivos. No se trata de "la agresividad", esta pulsión tan masculina como femenina, sino de la expresión violenta de la misma que, aceptemoslo, está casi siempre protagonizada por hombres.

Cierto que la violencia satura el aire que respiramos, la tele que miramos distraídamente, los juegos y vídeo juegos con los que nuestros hijos y nietos varones van aprendiendo cómo es el mundo en que viven y qué es lo que les toca -a ellos en tanto que varones. hacer en él. Aprenden de mil maneras, explícitas muchas veces e implícitas muchas más, que ser hombre, joven, varón o niño, llegar a ser un auténtico hombre digno de tal nombre y digno, por ello de representar a toda la humanidad (es decir a hombres y mujeres) implica poseer unas determinadas cualidades de firmeza, competitividad sin las que no son completos. Y que, en caso necesario no deben amilanarse ante el uso de la violencia: el hombre debe poder ejercerla sin que le tiemble la mano. ¿Exagero? No creo. Los datos estadísticos dan la razón de estas afirmaciones. Y muchas reflexiones recientes siguen este mismo camino.

En estos últimos días estamos viviendo una gran conmoción ciudadana e institucional causada por los atentados terroristas. Hemos visto innumerables  veces, casi de forma invasiva  en  televisión, imágenes de violencia, miedo y terror. A menudo para airear un poco el espíritu, hemos buscado algo distinto en algún otro canal. Sin mucho éxito. Incluso en algún momento he tenido la impresión de cierta confusión: la película que  me ofrecían, algunos anuncios  de juegos y juguetes, la series, resultaban ser extrañamente parecidos a lo que mostraban las noticias: no había forma de escapar de la violencia. Y esta no es una situación excepcional: el baño de violencia es cotidiano, casero, familiar. Nos lo comemos con la sopa que engullimos en la cena. Nos habituamos y lo que es peor, habituamos a los jóvenes, no solo a su existencia cotidiana, sino que les comunicamos que la violencia es algo innato, natural y es un recurso del que se puede echar mano en caso necesario. Cada día reciben clases prácticas en la tele, en los vídeo juegos  y en el adoctrinamiento sutil  que procede de los estereotipos que producen el márquetin, los descontrolados patios de los colegios, algunas exhibiciones deportivas de masas mientras se les inculca cierta dureza en sus conductas y  se desvalorizan algunas de las más importantes y necesarias virtudes humanas.

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“Feminismo para ser feliz y cambiar el país”

Este 25 de noviembre, dia internacional contra violencia machista, os propongo el lema: “Feminismo para ser feliz y cambiar el país”. Quiero unir los términos felicidad y feminismo, porque me hace feliz  que los movimientos de mujeres hayamos acabado de conseguir un éxito de movilización, tras años de silencio y dejadez institucional ante la violencia, porque la ley integral cumple 10 años y es necesario un nuevo avance, y porque el feminismo supone defender la vida de la mujeres, pero también implica un modelo social para que las personas sean más felices.

10 años de ley integral requieren una evaluación, más allá de un gobierno, una evaluación conjunta integral propia de un reto social de primer orden, como es garantizar la vida sin violencia de la mitad de la población. La ley integral no ha sido un fracaso, aunque su despliegue ha sufrido un gran parón por los recortes sociales del gobierno de la derecha.

Estos 10 años de aplicación de la ley integral nos muestran que su objetivo final es un reto difícil de alcanzar, ya que conseguir una sociedad libre de violencia contra las mujeres implica un cambio de fondo en los valores de la sociedad, un cambio en que las mujeres seamos considerada como iguales.

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Jóvenes, género y violencias machistas en las redes sociales

Según un estudio del CIS, elaborado con el objetivo de conocer cómo perciben la violencia de género los adolescentes y jóvenes, uno de cada tres jóvenes de entre 15 y 29 años considera inevitable o aceptable, en algunas circunstancias, controlar los horarios de sus parejas, impedir que vean a sus familias o amistades, no permitir que trabajen o estudien o decir qué pueden o qué no pueden hacer.

Por otra parte, hace unas semanas el Centro Reina Sofía obtenía, en otro estudio, conclusiones del mismo nivel de gravedad entre adolescentes y jóvenes. Entre estas conclusiones encontramos que una parte importante de los jóvenes consideran que trabajar fuera de casa es necesario para ser independiente, pero en cambio, hay todavía minorías muy significativas que creen que la vida familiar queda resentida con el trabajo fuera de casa de las mujeres. Son muy pocos los encuestados que opinan que las mujeres que trabajan fuera de casa tienen una relación igual de buena con los hijos.

Parece bastante evidente que la desigualdad entre hombres y mujeres y los estereotipos en relación al género siguen muy vigentes en las nuevas generaciones. Los nuevos canales y formas de relación entre jóvenes —y no tan jóvenes— reproducen esta desigualdad. Especialmente en las redes sociales. Un estudio sobre sexismo publicado por el Gobierno Vasco en 2013 decía así: "Si algo llama la atención del discurso que hacen hombres y mujeres del uso de las redes sociales es la frecuencia con la que ellas reciben solicitudes de amistad unidas a un comportamiento o acoso sexual, y la normalización con que las reciben. Chicos y chicas saben y reconocen que se trata de algo que ocurre en las redes sociales, como si fuera inevitable, algo que 'toca' por ser chica o mujer".

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Maratón #ProuViolenciaMasclista 25N 2015

#violenciamachista

El 25 de noviembre, Día internacional contra la violencia hacia las mujeres, en Dones en Xarxa queremos iniciar un maratón de artículos con la etiqueta #ProuViolenciaMasclista por una sociedad libre de #violenciadegenere. Después del éxito de la marcha del #7N debemos continuar haciendo acciones para denunciar que la violencia de género es una lacra social intolerable en una democracia.

Podrá leerlos en nuestro blog en Cataluña Plural en catalán y castellano de la mano de mujeres expertas para conmemorar el 25N (Día Internacional para la eliminación de la Violencia contra las Mujeres).

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El cuerpo importa hasta que ya no importa

Logotipo de la hamburgueseria La Burguesa

ES BIEN SABIDO QUE LAS HAMBURGUESAS PUEDEN SER: ENTRADAS EN CARNES, VERDULERAS, PICANTES, RESULTONAS, SOLTERONAS, EMPERIFOLLADAS, PLANCHADAS, REFRITAS, ESPECIALES O CLÁSICAS… PERO TODAS, SIN EXCEPCIÓN, IGUALMENTE TENTADORAS…

¿Te apetece probar la mejor hamburguesa de la ciudad?

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Mujeres, drogas y violencia

Cuando se habla de drogas se suele recurrir a varios tópicos: pensar sólo en drogas ilegales, referirse sólo a contextos muy desfavorecidos socialmente, imaginarse que las personas que venden drogas son grandes desconocidas sin rostro, etc... Afortunadamente algunos de estos tópicos han ido cambiado con los años pero lo que sigue igual en la opinión pública es que las mujeres no aparecen y, si lo hacen es sólo desde el ejercicio de la prostitución. Eso es todo.

Las mujeres estamos en todas partes, aunque no nos vean. Aquellas mujeres que de diversas maneras han participado del entorno de las drogas: en el consumo, en el tráfico, sufriendo una dependencia... se han encontrado con un mundo altamente masculinizado. Con sus acciones han roto muchos estereotipos de género asignados a las mujeres. Han transgredido los tres grandes roles que se nos asignan: hija, esposa y madre. Cada una, a su manera, ha roto el molde que le habían diseñado desde pequeña: sea porque han "osado" buscar el propio placer en el consumo de drogas, sea porque se han visto atrapadas y no han podido responder a la función de "cuidadoras" que se nos asigna a las mujeres, sea porque han ejercido la prostitución con el estigma social que representa, sea porque han participado del tráfico de drogas que es una actividad ilegal y arriesgada y, por tanto, mucho menos aceptada socialmente para las mujeres. Pagan un precio; la violencia en alguna de sus formas suele aparecer.

Diferentes estudios desde el 2000 nos muestran que al menos un 60% de las mujeres que tienen problemas con el alcohol o de otras drogas sufren o han sufrido violencia machista. ¿Por qué como mínimo? Pues porque, en mi opinión, prácticamente el 100% de las mujeres drogodependientes la han sufrido de una forma u otra. Sin duda es una afirmación atrevida pero si analizamos los diferentes tipos de violencias machistas que emergen en los relatos habituales de las mujeres que sufren dependencia a sustancias, difícilmente podemos pensar que alguna de estas mujeres no haya pasado por alguna de estas situaciones. Entre las violencias más explícitas y frecuentes se encuentra la que se produce por parte de una pareja agresora (sea consumidora de drogas o no), la violencia recibida durante la infancia, los abusos sexuales recibidos durante la infancia o en la edad adulta −en entornos de consumo de drogas o en el ejercicio de la prostitución− entre las menos visibles encontramos la violencia institucional en los estamentos judiciales, la violencia social en forma de estigmatización, la mayor patologización de las mujeres, el mayor rechazo familiar, etc. La mayoría de estas violencias difícilmente son identificadas ni por los diversos profesionales con los que entran en contacto ni tampoco por ellas mismas.

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