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CATALUNYA

Emprender o morir

El viejo y querido Estado del Bienestar, que nunca llegó a desarrollarse plenamente en nuestro país, está herido de muerte. Mientras agoniza, va dando paso a un nuevo paradigma, el nuevo modelo que se instala progresivamente, y del que ya sabemos que trae consigo menos Estado en aras de una supuesta mayor autonomía de las personas. Todos somos responsables en cierta medida del nuevo paradigma, porque la historia nos demuestra que cada vez que la izquierda duda o se instala en la ambivalencia, avanza el individualismo de la mano de las políticas (neo)liberales.

Buena prueba de ello es el auge de conceptos como emprendimiento, liderazgo, empoderamiento o diversidad que, asumidos sin apenas perspectiva crítica, provocan un entusiasmo desmedido en los diversos ámbitos socioeconómicos sin ninguna valoración de las consecuencias de su implantación. Si echamos una ojeada al pensamiento que gira en torno al emprendimiento y a los programas que se dedican a su incentivación (programas que se hallan en organizaciones de todos los colores políticos) veremos que se aplica de forma monolítica, sin apenas variaciones, siendo una prueba del llamado pensamiento único acrítico. Nos encontramos ante el ensalzamiento de la figura del emprendedor (así, en masculino y en singular) que es capaz de triunfar si tiene suficiente confianza en sí mismo. Se insta a los emprendedores a ser innovadores, luchadores, autosuficientes, asertivos y, a modo de héroes solitarios, alcanzar el éxito: emprender o morir. Obviamente, estas características no tienen nada de malo, si no fuera porque se basan en un mito abstracto, el del joven emprendedor creativo, y olvidan el contexto social, la estructura en la que ese emprendedor (a menudo emprendedora), surgido del desempleo, con una edad superior a los 40 años, con una precaria situación económica, va a encontrarse. Y al tiempo desmovilizan la colectividad, la posibilidad del cambio por los grupos organizados, al focalizar sobre un modelo individualista de éxito.

Lo mismo ocurre con el liderazgo, en relación al que encontramos todo tipo de manuales, cursos y recetas para potenciar las habilidades propias y singulares que conducirán a dirigir equipos desde la cúpula, de nuevo sin contexto y en solitario. Ninguna alusión a modelos de dirección compartidos, múltiples o de decisión cooperativa, que conducirían a nuevas formas organizativas de mayor impacto social y económico.

El empoderamiento es otro de los conceptos subvertidos por el nuevo paradigma ya que, en su origen, había estado concebido como el último de los pasos requeridos para llegar a una auténtica participación social. El empoderamiento es una fórmula colectiva para participar democráticamente en los poderes locales o gubernamentales. Sin embargo, ha sido también abducido por el individualismo liberal y ahora consiste en desarrollar habilidades personales para ser más fuerte, asertivo, y alcanzar el éxito (casi siempre económico), en este caso dedicado especialmente a personas pertenecientes a grupos que sufren diferentes tipos de discriminación. Parte del feminismo ha caido también en esta trampa y ha despojado al concepto de su potencia de cambio social, tratando de empoderar a las mujeres individuales, especialmente a directivas y empresarias, para que mejoren sus habilidades como líderes, o para mejorar sus carreras profesionales. Nos quedamos sin saber, por tanto, qué cambios lograría un empoderamiento colectivo de las mujeres en el ámbito laboral o social.

Por último, la diversidad, el gran concepto del siglo XXI, que ha sustituido a la igualdad en casi todos los manuales e incluso en las recomendaciones de la Unión Europea, viene también acompañada de su correspondiente dosis de individualismo al entender que las diferencias individuales impiden la asunción de medidas igualitarias y anulando la potencia de las luchas colectivas. Este proceso es especialmente visible en el ámbito empresarial, donde a menudo el recurso a la diversidad y, en consecuencia, al pacto individual entre empresario y trabajador, ha desactivado los acuerdos colectivos en materias de derechos de las personas trabajadoras, restando potencia al movimiento colectivo y sindical.

Sólo el emprendimiento colectivo, el liderazgo compartido, el empoderamiento social y el respeto a la diversidad concebida desde las políticas de igualdad de todos los seres humanos, lograrán el alto impacto social que se persigue y harán frente al nuevo paradigma que avanza inexorable.


Article publicat a Dones en Xarxa

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