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CATALUNYA

A Junqueras

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El Supremo revisará la prisión de Junqueras el 4 de enero y le cita para la vista

Recuerdo aquel ferrocarril estrecho camino a Sant Vicenç. Los nervios, el frío y la prisa. La plaza, la calle y la cuesta. Recuerdo la verja, el camino de piedra y la casa. La despensa, la leña y la mesa de madera. Las manos, las sonrisas y los abrazos. Y te recuerdo a ti escuchando en tu casa dos horas lo que tenía que decir un chaval al que no conocía nadie. Era la tarde de la nochebuena de 2014.

Han pasado 3 años que parecen 3 décadas. 3 años en los que hemos perdido y hemos ganado. 3 años en los que un pueblo se convenció de que las calles y las urnas podían enfrentarse a una de las maquinarias judiciales, políticas y mediáticas más poderosas y sucias de la historia. 3 años de imposibles hechos rutina. 3 años de historia que contar a tantos hijos y a tantos nietos. 3 años que nos enorgullecerán lo que nos quede de vida. Y 3 años que nos han llevado a combatir y ganar unas elecciones impuestas por unos carceleros que hoy te tienen encerrado en una celda de 11m2 en mitad de la nada.

Quiero que sepas que esta noche y las que vendrán podremos reír pero jamás podremos olvidar que tú no estás. Quiero que sepas que esta noche y las que vendrán miraremos sin miedo a los ojos a quienes te dejaron estos días sin tus hijos. Quiero que sepas que cada abrazo, cada charla y cada rato que nos damos desde que no estás dura más. Quiero que sepas que esta noche y las vendrán sabemos que no tendrán cárceles, jueces ni medios suficientes para encarcelar tanta dignidad. Quiero que sepas que no olvidaremos los grilletes del furgón, los insultos de los platós y los artículos al dictado para blanquear tanta miseria. Quiero que sepas que esta noche veremos en la tv a un señor al que no ha votado nadie en un palacio y no a otro al que han votado millones porque está una celda. Y quiero que sepas esta noche y las que vendrán que nos sentimos orgullosos de poder explicar a nuestros hijos que un día vivimos y aprendimos junto a un tal Oriol Junqueras. Gracias President.

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Jóvenes bajo tutela: el riesgo de la distancia

Imagina: separarse de la familia, irse a vivir a un centro de protección a la infancia y adolescencia, convivir con otros jóvenes que no conocías, depender del apoyo y acompañamiento de educadores y educadoras también desconocidas... No debe ser nada fácil. Las experiencias de los chicos y chicas tuteladas son muy diversas pero la incertidumbre, la inseguridad, el miedo e, incluso, la soledad son sensaciones comunes en el momento en el que son acogidas por primera vez en un centro residencial de acción educativa, los CRAE.

La vida de los chicos y chicas tuteladas es una realidad desconocida e invisibilizada; y aún más, añadiría, estigmatizada. A los retos que ‘los chicos y chicas de CRAE’ tienen que afrontar, dada su situación, se suman los prejuicios de gran parte de la sociedad. Son rápidamente encasilladas como jóvenes ‘inadaptadas’ o ‘problemáticas’, como si fueran corresponsables de su situación.

Plantéatelo: el desconocimiento genera rechazo. Entonces, para empezar, ¿no nos tendríamos que preguntar cómo es la vida de los chicos y chicas que se encuentran bajo la tutela de la Generalitat? ¿Cuáles son las historias de vida que albergan las paredes de los CRAEs? Desgraciadamente, la realidad es más dura de lo que querríamos. Una de las conclusiones extraídas del proyecto Alternativas de Futuro, un proyecto europeo dirigido al empoderamiento de adolescentes tutelados/das víctimas de violencia desde la perspectiva de género y los derechos de la infancia ha sido que, a lo largo de su vida, la mayoría de jóvenes tuteladas han sido testigo o han experimentado episodios de violencia.

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El desastre superlativo

Toni Comín, Carles Puigdemont y Meritxell Serret en Bruselas

Parece ser que los catalanes quieren dar larga vida a ese ente que con anterioridad llamamos Procés. Lo dimos por muerto, pero parece una bestia agonizante con mucho soporte electoral. La masiva participación, récord histórico en unos comicios desde la reinstauración de la Democracia, ha dejado casi todo igual. Casi, ese es el matiz.

Durante todo el día la expectativa inicial estuvo en estos datos de participación. Sí, han sido espectaculares. Deberíamos pensar si el alud actual de politólogos sirve para alguna cosa más allá de llenar páginas y horas de parrilla televisiva, pues a la hora de la verdad los resultados y las intenciones de los votantes han ido por caminos más o menos inesperados.

Ciutadans gana las elecciones, y la noticia es espectacular. Lo hace en votos, de manera bastante holgada, y en escaños, concentra el voto útil contrario a la independencia y por primera vez, salvo las dos esperanzas frustradas de Maragall, un partido consigue el órdago de derrotar en unas autonómicas a esa bestia con siete vidas llamada Convergència i Unió. El triunfo de la formación naranja en Barcelona indica de forma clara la existencia de dos Catalunyas desde el marco de esta cita con las urnas. De modo inédito consigue ganar en dos distritos antagónicos como son Nou Barris y Sarrià-Sant Gervasi, algo hasta cierto punto sorprendente. En los barrios humildes C’s ya había cosechado la victoria en 2015.

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Victoria de Ciutadans, victoria independentista

Inés Arrimadas y Albert Rivera, tras conocer los resultados

Ciutadans ha ganado las elecciones en Cataluña. Once años después de su nacimiento, la formación naranja consigue situarse en el primer puesto en las elecciones con más participación de la historia de la democracia (81.95%). No podrán formar gobierno, pero es innegable que lo que ha conseguido Inés Arrimadas es toda una hazaña política. Los dos bloques se mantienen, y el futuro pinta igual o más incierto que ayer. Repasamos los datos más relevantes de una larga noche que dará mucho que hablar.

El Partido Popular, partido del Gobierno, portaestandarte del artículo 155, ha sacado los peores resultados de su historia. Tres tristes diputados, última fuerza en el Parlament. Si el bloque independentista no sumara mayoría absoluta, aún podrían decir que se han sacrificado por la causa. Pero ni eso.

La CUP pasa de diez a cuatro diputados. El único de los partidos que aceptaba abiertamente como válido el resultado del Referéndum del 1-O y que apostaba por construir la República de forma unilateral ha recibido un severo castigo electoral. Aún así, sus diputados son claves para influir en la formación de un gobierno independentista, como ya lo fueron en los anteriores comicios.

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Un juego de pitonisos: mayor o menor participación el 21D, día laboral

La mayoría de las encuestas señalan que la participación en las elecciones catalanas del 21D será más alta que en las anteriores elecciones, así como de las más altas de la historia. Sin embargo, es probable que esto no suceda y finalmente la participación no llegue a los niveles de la anterior convocatoria, la más alta hasta el momento en cualquier elección en territorio catalán, el 77,44%.

¿Qué fomenta este error generalizado en todos los sondeos?, o dicho de otra forma, ¿qué nos induce a pensar que habrá menor participación pese a lo que afirman las encuestas? Respondamos a la segunda pregunta primero: el hecho que las elecciones se celebren en un día laborable tendería a marcar más aún el sesgo de clase social –conceptualizada la clase social bajo la perspectiva de Pierre Bourdieu-, tanto en términos de abstención, como en términos de tipos de voto.

Según el autor francés, la relación con lo político en general, y con el campo político en particular, estaría mediada por una composición de capitales –culturales y económicos- que definirían las diferentes posiciones relativas de clase. De este modo, esto se produciría en la medida en que habría posiciones que se sientan inclinadas a participar, e incluso obligadas a hacerlo, considerando lo político como un ámbito noble de acción; mientras que otras serían más proclives a la indiferencia, a una atención intermitente y provisional o a considerar ese ámbito como "algo que no es para gente como yo", autoexcluyéndose de un ámbito que le excluye socio-históricamente.

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UE-Líbia, una complicidad que mata

Un guardacostas libio cuenta el número de migrantes que acaba de ser interceptado en el mar en su camino a Italia. Junio de 2016.

¿Sorprenden a los líderes mundiales las imágenes hechas públicas en la CNN mostrando una subasta de esclavos en Libia? No deberían hacerse los sorprendidos ni los indignados: suenan poco convincentes, por no decir nada convincentes, para que los estados europeos han firmado acuerdos de de cooperación migratoria con este país, un auténtico agujero negro, una pesadilla terrible donde cientos de personas, la mayoría del África subsahariana, quedan atrapadas; un país sin ley. 

No es sólo que miran hacia otro lado. Países de la UE se han comprometido a proporcionar apoyo y ofrecer asistencia técnica en la gestión de los centros de detención libios donde las personas refugiadas y migrantes son detenidas de forma arbitraria e indefinida y sufren habitualmente graves violaciones de derechos humanos, incluida la tortura. También han hecho posible, con la provisión de embarcaciones por ejemplo, que la Guardia Costera libia intercepte personas en el mar en rescates que no pueden ni siquiera llamarse así y que han provocado pérdida de vidas humanas. Y han firmado acuerdos con autoridades locales libias y líderes de grupos armados para animarles a frenar el tráfico de personas e incrementar los controles fronterizos en el sur del país.

Aparentemente estos acuerdos están dando buenas cifras para la UE: la cifra de llegadas en Italia ha caído un 67% entre julio y noviembre de 2017 en comparación con el mismo periodo en el 2016, y las muertes en el mar también se han reducido con una proporción similar, aunque siguen muy elevadas Pero la UE no puede fingir sorpresa ante el enorme coste humano de estos acuerdos. Europa está apoyando de manera activa a un sofisticado sistema de abusos y explotación de personas y es cómplice y colaborador necesario.

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Nacionalismos y movilización social en Cataluña

La cabecera de la manifestación por la unidad de España celebrada en Barcelona

Las manifestaciones del 8 y el 29 de octubre en Barcelona han dado lugar a interpretaciones diversas que son de interés tanto para el análisis sociológico como para el diagnóstico político, particularmente para aquellos sectores que se sitúan en la izquierda del espectro ideológico. La valoración de estas movilizaciones permite establecer dos grandes bloques. En el de quienes las atribuyen un carácter negativo figuran el conjunto de los partidarios de la secesión y una parte considerable de la izquierda, tanto de dentro como de fuera de Cataluña. Entre quienes las valoran positivamente se encuentran buena parte del nacionalismo español, otra parte considerable de lo que podemos llamar opciones cívicas transversales y, por último, un sector reducido de la izquierda de un lado y otro del Ebro. Hay dos aspectos que llaman la atención en estos agrupamientos. Por un lado, la posición según los dos ejes de la movilización, el ideológico y el identitario. Por otro, el contraste en las apreciaciones entre las movilizaciones convocadas por Societat Civil Catalana (SCC) y las organizadas desde 2012 por las organizaciones promotoras del secesionismo: Asamblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural (OC).

Para elucidar estos dos aspectos es preciso dar un pequeño rodeo. A la pregunta “¿Se puede ser nacionalista y de izquierdas?”, el investigador del CSIC y especialista en la historia oscura del siglo XX y los usos de la memoria, Manuel Reyes Mate, contesta: “Es imposible por lo que acabo de decir”. Lo que acaba de decir es que “el prestigio del nacionalismo sólo se da en Europa en la ultraderecha. Las generaciones posteriores al holocausto, al repensar las piezas que llevaron al desastre, vieron que había caminos que no se podían seguir. […] Por eso es impensable que un intelectual crítico, que es un hombre con conciencia histórica, sea nacionalista en Europa. Este es el problema que hay en Cataluña”. La posición de Reyes Mate atiende explícitamente a los dos ejes mencionados, pero implícitamente lo que se puede leer es que el apoyo a los nacionalismos radicalizados –y eso es lo que expresa la sustitución de la senyera por la estelada– es incompatible con la izquierda porque tiene que serlo con las posiciones cívicas a la vista del legado del siglo XX.

Para clarificar estas aproximaciones es necesario distinguir los dos ejes de coordenadas de la inclusión: el social cuya dominante es izquierda derecha y el identitario, que tiene que ver con la afiliación nacional. Como observa Ralf Dahrendorf (The modern social conflict), inicialmente el descubrimiento de la etnicidad supuso una extensión de los derechos; pero la armonía inicial sucumbió pronto ante lo que él denomina fundamentalismo, que no es otra cosa que el   organicismo romántico traducido en preferencia nacional: La France aux Français, Make America great again, Buy British, los españoles primero, la lengua propia… Dahrendorf asegura (escribía en 1988) que las renacidas reivindicaciones de autenticidad y defensa de la cultura autógena alimentan políticas de corte romántico y que el liberalismo es culpable de haber abandonado los logros de un suelo de derechos y titularidades comunes para todos por el empeño en acomodarse al separatismo de las minorías.

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Los móviles se quedarán sin recreo

Un joven con un teléfono móvil

Hace pocos días el ministro de educación francés anunciaba las nuevas medidas sobre el uso de los móviles en las escuelas francesas para el curso que viene. En las aulas ya estaban prohibidos, pero en septiembre de 2018 se extenderá la restricción de uso a los patios y los pasillos. Más allá de su aplicación en los distintos centros, vale la pena analizar las motivaciones que llevan a esta propuesta. Las medidas, explicó Jean-Michel Blanquer, parten de razones pedagógicas pero también emplazan la preocupación sobre las pantallas por el riesgo que según él conllevan en términos de salud pública.

Ante este escenario, es importante dar un paso atrás y tomar perspectiva. Más que entrar a discutir la conveniencia o no de la prohibición, vale la pena revisar los principios en los que se fundamenta.

Asumir que el uso de las pantallas afecta a la salud pública: el primer error es pensar en el móvil como pantalla y no como herramienta. Digamos que lo piensan des de un uso exagerado, demonizando “las pantallas” y hablando de adicción sin considerar la dimensión patológica del término. Una cosa es mal uso, otra cosa es una dependencia enfermiza. Esto nos lleva a recordar que el móvil no es sólo una pantalla o un dispositivo. Es una herramienta multiusos que puede disrumpir por completo el sistema educativo. Es una ventana al mundo entero y es la posibilidad de alimentar la curiosidad en cualquier momento y lugar. Está claro, eso tiene ventajas e inconvenientes. Pero es como los cuchillos: no los vamos a prohibir en el comedor por los posibles usos violentos, lo que haremos es educar en el cómo, cuándo y para qué usarlos.

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Civismo y sin hogar: de la denuncia a la garantía de derechos

La noche del 16 de diciembre de 2005, Rosario Endrinal, de unos 50 años de edad y sin hogar, pasaba la noche en un cajero automático que se encuentra a poca distancia de la plaza Molina de Barcelona. En un momento de la madrugada, tres jóvenes entraron en el cajero y lo que empezó como una broma de mal gusto, acabó como un cruel asesinato. Primero la insultaron y después la agredieron con varios objetos. Rosario consiguió cerrar las puertas y protegerse. A pesar de esto, los agresores volvieron más tarde, esta vez armados con un bidón de líquido disolvente que habían robado de una obra. La golpearon de nuevo. La rociaron con líquido inflamable y le prendieron fuego.

Rosario murió el día siguiente en el hospital de la Vall d'Hebron a causa de las heridas provocadas por las quemaduras. Los tres jóvenes fueron rápidamente identificados por las cameras de video vigilancia del cajero, detenidos y condenados por la Audiencia Provincial de Barcelona. Los dos mayores a 17 años de cárcel. El que aún era menor de edad a 8 años de internamiento. A pesar de la percepción que podemos tener sobre quien comete estos delitos de odio, se trataba de tres adolescentes que no estaban vinculados a ningún grupo de extrema derecha.

En Barcelona -pura casualidad o perversa causalidad- el asesinato de Rosario se produjo en medio de un encendido debate para la aprobación de la Ordenanza del Civismo. Esta, hoy aún vigente, mezcla fenómenos como el deslucimiento de bienes público y el vandalismo con otros que son fruto de la desestructuración o exclusión social. Entre otros, prohíbe la mendicidad y dormir en la calle y caracteriza a mendigos o personas sin hogar como personas incívicas. La categoría de incívicas, lejos de contribuir a su inserción social, ha tendido a proyectar sobre estos colectivos un imaginario de personas indeseables o rechazables. De grupos percibidos como peligrosos o perturbadores de la convivencia. Un imaginario que aunque sea de forma no querida o inconsciente sedimenta en la sociedad y facilita la extensión de comportamientos cada vez más extendidos de menosprecio hacia el otro empobrecido.

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Ni exiliados ni turistas

Puigdemont caminando por una calle de Bruselas

Tarradellas era un exiliado y Puigdemont no lo es, por mucho que lo diga. Tarradellas bajó del avión en Barajas con la Generalitat de la República depositada a cuestas, un pelotón del ejército español le presentó armas y un capitán le dio la novedad en catalán. Un oficial del ejército que había fusilado a su antecesor le trató de President. Eso fue la transición. La primera vez que hablé con Tarradellas, exiliado en Saint Martín Le Beau, me dijo: “Sois el primer catalán que se preocupa por mi situación económica; me cuesta llegar a final de mes porque quien mejor podría y debería procurar el sostenimiento de la institución (Jordi Pujol) no lo hace.” No creo que sea ésta la situación de Puigdemont, quien parece a gusto entre la gastronomía flamenca y las invitaciones a la ópera.

Los republicanos que huían al exilio comían hierbajos de los campos y la soldadesca italiana les hacía fotos a cambio de migajas. Su supervivencia estaba en peligro. La analogía con 1939 que fuerzan los autores intelectuales del 'procés' se descalifica por sí misma. Los paisajes de la Guerra Civil nos han legado desgarradoras escenas de dolor, personajes devastados que pervivirán en la memoria y una tipología del exilio muy nítida. ¿Es posible razonar que son exiliados del siglo XXI quienes se elevaron a líderes en el epicentro de un ilícito penal que consta en las constituciones europeas? ¿Lo son quienes mediante una expatriación voluntaria se niegan a asumir consecuencias? ¿Quienes han puesto tierra de por medio con una democracia donde se pueden defender sin trabas los postulados de autodeterminación? 

He consultado a un amigo comunista cuyo aguerrido activismo contra la dictadura le obligó a marcharse de España con el alma ultrajada. Desde Suecia mi amigo continuó ejerciendo un antifranquismo de acero y su valía le llevó a traducir los discursos en castellano del primer ministro sueco que salió a la calle con una hucha para pedir óbolos contra el tirano español. Sí, Olof Palme, aquel que mataron cuando la socialdemocracia iba en serio. La casa de mi amigo ha dado cobijo a exiliados que tienen un lugar reconocido en la historia como el general Juan Modesto o Miguel Ángel Asturias (despojado de su nacionalidad y que después fue recibido como embajador de su país y Premio Nobel), y también a decenas de chilenos, uruguayos y argentinos machacados.

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