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CATALUNYA

Candela, habla como quieras

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Hay que tener cuidado porque el fervor soberanista lleva muchos ciudadanos a interpretar incorrectamente el uso de los símbolos de adhesión a esta causa. En la última gala de los premios Gaudí de cine catalán hubo una persona, Montserrat Carulla, que creyó conveniente incluir en la propia descripción, que era independentista. Cada uno decide cómo se presenta públicamente al mundo. Y un servidor, que también es independentista, no considera necesario incluirlo en su tarjeta de visita y prefiere demostrarlo por la vía cotidiana de los hechos. No pasa nada. Pero tampoco pasa nada si, ante una declaración personal de este tipo, la de Montserrat Carulla, se responde con otra expresión personal, la de Candela Peña, decidiendo no aplaudir.

Candela Peña es de Gavà, es catalana, pues. Pero hay que recordar una vez más que la Cataluña que estamos haciendo, como siempre, está llena de catalanes muy diferentes. Las votaciones demuestran una y otra vez que hay una buena parte de los catalanes (y no sólo los castellanohablantes de Gavà o del Baix Llobregat en general) que se sienten españoles. A estos catalanes ya les va bien distinguirse con un cierto sentimiento regionalista, pero siempre dentro de España. Candela Peña es un actriz de Gavà que nunca se ha sentido a gusto con la catalanidad y lo ha expresado públicamente más de una vez. Por lo tanto, ante el hecho inusual de una persona, Montserrat Carulla, que se declara independentista (una posición personal ideológica, política) en un acto público (y bien que hace); no debe estrañarnos que encontremos a otra, Candela, corresponda no aplaudiendo. Pero lo más inaudito es que se la haya criticado por el hecho de recoger el premio y no haber hablado en catalán. Candela Peña es castellanohablante, al igual que la mitad de los habitantes de Cataluña. Pudo hablar en catalán, habría sido un detalle por su parte -y también una muestra de perspicacia, sobre todo visto que, aunque en castellano, cuando recibió el premio se dedicó a pedir trabajo para poder comprar pañales, suponemos que para un su hijo- pero decidió no hacerlo. Y no debería pasar nada, tampoco. Ahora, más que nunca, como más adelante se encuentre el proceso soberanista, más generoso hay que ser con las actitudes ajenas y, sobre todo, más riguroso debe ser con las propias. Porque de todos los que han criticado a Candela Peña, me gustaría ver cuántos hay que llevan, sin ir más lejos, el uso de la propia lengua con normalidad. Cuántos catalanoparlantes hay que se quieran complicar un poco la vida diaria dirigiéndose siempre en catalán en Cataluña -y cambiar de lengua, si es necesario, pero primero, siempre en catalán? Cuántos hay que en sus negocios actúan como es debido, catalanizar sus rótulos, sus facturas, la lengua que utilizan espontáneamente con los clientes, etc.?

Antes de criticar a Candela Peña, que finalmente no hizo sino ser coherente con su actitud, que cada uno se mire a sí mismo y compruebe si hace lo que tiene que hacer. Porque es ahí donde está el problema de verdad: Si la Guardia Urbana de Barcelona te detiene y se dirige a ti en castellano siempre (algo increíble y que dice mucho de la conciencia lingüística de los mandos), lo que tú no puedes hacer, si tu lengua es el catalán, es responder en castellano por miedo o por desidia. Si vas a un restaurante hindú o del Bierzo, en Barcelona, ​​y se dirigen a ti en castellano, lo que no puedes hacer es, automáticamente, renunciar por pereza a tu derecho a hablar en tu idioma. Al menos, de entrada (los otros, como Candela, que hablen como quieran, nunca debemos imponer nada).

De cara a la culminación del proceso soberanista es más importante examinar qué hablas tú. No qué hablan los demás.

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