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La fragilidad de las profundidades

Raül Romeva i Rueda

Barcelona —

Hoy, en el día mundial de los océanos, todos tomamos conciencia de que los mares que nos rodean deben ser preservados. Cuando lo hacemos, normalmente pensamos en zonas costeras llenas de vida, en aquellas playas que nos evocan recuerdos de la infancia, pero más allá de este mar conocido por todos, existe una amplísima porción de los océanos que nos envuelven que es completamente desconocida para la mayoría. Hablo de las aguas profundas.

Las aguas profundas constituyen el 73% del océano, de las que sólo hemos explorado el 1%. Son, tal vez, la última frontera del planeta. Nos son lejanas y desconocidas, la ausencia total de luz, altas presiones, bajas temperaturas y escasez de alimento forman el cóctel perfecto para gestar la idea equivocada de que, en las aguas profundas, la ausencia de vida está justificada. Nada más lejos de la realidad. Las aguas profundas constituyen una de las reservas de biodiversidad más grandes del planeta. Los científicos han calculado que más de 100 millones de especies pueden habitar en estas aguas, constituyendo un reservorio de vida al nivel de las selvas tropicales más ricas del mundo. Aun así, las extremas condiciones de vida en las aguas profundas provocan que la mayoría de especies que las habitan tengan una extrema fragilidad biológica debido a su baja y lenta capacidad reproductiva - hoy en día ampliamente conocida y explicada por los científicos - lo que les hace particularmente vulnerables a la presión pesquera.

También nos resulta lejano el hecho que las flotas pesqueras cada vez tienen más acceso a estas zonas de grandes profundidades y que la presión pesquera que se ejerce en ellas supera ampliamente su capacidad de regeneración natural. Las poblaciones de peces de profundidad del Atlántico noreste se encuentran entre las más explotadas del mundo, en especial por la flota europea formada principalmente por barcos industriales españoles y franceses. Además, las redes agalleras de fondo, y en especial, el arrastre de fondo, arte de pesca predominante en la pesca de aguas profundas, se encuentran entre las artes de pesca que más impacto generan sobre el medio ambiente.

La pesca en aguas profundas se encuentra regulada desde el año 2002, pero dicho reglamento, actualmente aún en vigor, no logró (ni está logrando) mantener las poblaciones de aguas profundas dentro de los límites de sostenibilidad, ni recuperar poblaciones de peces como los tiburones de profundidad u otras especies objetivo. La normativa actual también falla a la hora de conservar y proteger los llamados ecosistemas marinos vulnerables, como son los corales de aguas frías, campos de esponjas y los ecosistemas de los montes submarinos, de los impactos adversos de técnicas de pesca altamente lesivas con el entorno.

Por ello, en el año 2012, cuando la Comisión Europea publicó una propuesta para reformar la normativa de pesca de aguas profundas en el Atlántico nororiental, decidí involucrarme para tratar de mejorar la conservación de los ecosistemas de aguas profundas en mi calidad de eurodiputado miembro de la comisión de pesca del Parlamento Europeo. Mi principal objetivo como “ponente en la sombra” de este dossier en el Parlamento Europeo fue obtener una normativa íntegra y fuerte que siguiera los principios de derecho internacional así como las directrices establecidas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y por la FAO sobre esta materia.

El nuevo reglamento de la UE, actualmente en fase de negociación, debe tratar de lograr dos objetivos relacionados: una gestión de la pesca de especies de aguas profundas basada en la sostenibilidad y fundamentada sobre el mejor conocimiento científico disponible; y la protección de los fondos marinos y, en especial, de los ecosistemas marinos vulnerables en aguas profundas.

La propuesta de la Comisión Europea incluye disposiciones para la gestión de varias de las especies objetivo, un nuevo sistema de autorizaciones, evaluaciones previas de impacto de las pesquerías de aguas profundas en nuevas áreas de pesca y el establecimiento de límites de captura basados en el conocimiento científico. Además, la propuesta de la Comisión incluye la propuesta de la eliminación gradual del uso de redes de arrastre de fondo y redes de enmalle de fondo para la pesca de especies de aguas profundas.

En diciembre de 2013, el Parlamento Europeo concluyó su primera lectura con una votación que, en muchas áreas, reforzó la propuesta original, incluyendo un requisito de evaluaciones de impacto ambiental previas a cualquier pesquería de aguas profundas así como un proceso para identificar áreas donde se localicen o se puedan localizar ecosistemas marinos vulnerables y establecer vedas de pesca para su protección. Sin embargo, el Parlamento rechazó por poco la eliminación progresiva del uso de las redes agalleras de fondo y del arrastre de fondo en aguas profundas por un muy ligero margen de nueve votos.

Desde enero de 2014, el texto aprobado por el Parlamento ha sido discutido en el seno del Consejo de pesca de la UE, sufriendo innumerables retrasos y bloqueos. Los ministros europeos de pesca, incluyendo la Ministra española Isabel García Tejerina, pueden marcar la diferencia mediante la adopción de medidas que aseguren la conservación de los recursos y ecosistemas marinos vulnerables o pueden seguir retrasando la negociación y adopción de decisiones manteniendo las insostenibles prácticas pesqueras actuales. Depende de ellos, pero su decisión nos afecta a todos.

Deberíamos darnos cuenta de la importancia de este reglamento y de la urgencia de una solución de consenso para la conservación y uso sostenible de los recursos en las aguas profundas. La escasa capacidad reproductiva de muchas especies provoca que sea casi imposible regenerar lo que se está destruyendo hoy en día.

La protección de este entorno no sólo tiene que ver con conservar la biodiversidad, tiene que ver con ayudarnos a nosotros mismos. Un par de ejemplos: los peces de aguas profundas tienen la capacidad de secuestrar grandes cantidades de CO2 atmosférico, equivalentes a millones de euros en bonos de carbono; y los ecosistemas de aguas profundas son inestimables reservorios de material genético que podrían generar grandes avances en salud, incluyendo nuevos medicamentos que podrían tratar la diabetes, artritis e incluso el cáncer o que podrían mejorar procesos industriales actuales.

Como decíamos al principio, hoy es un día para reivindicar la conservación y uso sostenible de nuestros océanos, pero también para recordar que debemos comprometernos con ellos a diario.

Porque el mar nos da la vida.

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