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CATALUNYA

No es contra las "manzanas podridas", que también, pero no solamente

Hay que eso de que los gobiernos progresistas gestionan la educación y la sanidad con la mano izquierda y la seguridad y el orden público con la derecha

El debate sobre el modelo policial y su injerencia en la política cotidiana esta sobre la mesa, y es un hecho que debería preocuparnos a todos/as, desde la ciudadanía hasta los partidos políticos. Desde lo que tiene que ver con la persecución de las malas praxis; en que a menudo un corporativismo exacerbado dificulta llevar a cabo investigaciones rigurosas y actuaciones valientes, hasta las manifestaciones por parte de agentes contra representantes electos.

Al hilo de la actualidad, podemos debatir de forma compleja si los sindicatos policiales deberían convocar manifestaciones exigiendo sus derechos o bajo una pretendida dignificación de su imagen, pero lo que sin duda va demasiado lejos es que funcionarios de los propios cuerpos pretendan influenciar las decisiones políticas. Ejemplos hay a raudales; desde la gestión del caso Ester Quintana, dando múltiples versiones de los hechos –para acabar sin esclarecer quien disparó–, hasta los numerosos conflictos de la Guardia Urbana con los manteros.

Las víctimas al final siempre son las mismas; se encuentran abajo a la izquierda, mientras la nula cultura correctiva respecto las actuaciones policiales, nos brinda imágenes de políticos haciendo de funambulistas entre lo que es justo y reclama la ciudadanía, o cerrar filas con los pretendidos lobbys policiales. Pocas veces, sin embargo, surgen procesos de investigación transparentes, donde la justicia haga un buen trabajo, depure responsabilidades y asuma las consecuencias. De puntillas y por la puerta de atrás.

Todo ello me recuerda a un maestro de la universidad, hoy día Comisionado de Seguridad de Barcelona, que hacía un análisis sociológico de los cuerpos policiales; en tanto que subsistemas con cierta autonomía e intereses propios, francamente difíciles de gobernar. Un análisis fundamental para trabajar la paciencia de un amplio electorado de izquierdas, tirándose de los pelos ante algunos estropicios policiales.

Muy didáctica también aquella 5ª temporada de The Wire, con el detective McNulty inventando crímenes inverosímiles para arañar horas extra, un (no tan) ingenuo periodista reproduciendo al detalle las mentiras policiales sin contrastar, y un Alcalde Carcetti, en caída libre por la supuesta inseguridad reinante, sometido a los improperios del primero y concediéndole sus demandas sin parpadear. Voilà.

Es así, a menudo algunos cuerpos pretender ser un lobby político, y nadie se atreve a negarles tal beneficio a quienes son una fuente de información fundamental para la prensa diaria o, a quienes proporcionan los medios a los jueces para investigar todo crimen, a falta de una verdadera Policía Judicial. Amanece que no es poco, pues con una tasa cercana al 0’5%, el Estado español es el cuarto país del entorno europeo con más policías per cápita, contando con casi 2.000 cuerpos distintos, con sus propias singularidades.

Mientras, unos pocos agentes pretenden casi auto erigirse en una suerte de cuarto poder del Estado, reivindicándose contra las “presiones políticas”. Como si portar placa y pistola no fuera acompañado del deber de someterse a la crítica social y de los representantes electos democráticamente. Hemos de ir en sentido contrario, pues no es menos control de su actuación lo que necesitamos, sino mucho más.

En definitiva, para avanzar hace falta romper con la vieja premisa de Loïc Wacquant en que los gobiernos progresistas gestionan la educación y la sanidad con la mano izquierda y la seguridad y el orden público con la mano derecha. Hacen falta reformas estructurales. Un modelo valiente hacia una cultura policial basada en los derechos de la gente, donde los cuerpos y sindicatos acepten más la crítica y sobretodo, aplaudan el trabajo realizado por las organizaciones sociales que pugnan por una policía más transparente, pues no es contra las “manzanas podridas”, que también, pero no solamente.

“No es contra la CUP, que también, pero no solamente” fue uno de los lemas que se dijeron en la manifestación policial del 17/1/2017 en Barcelona.

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