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CATALUNYA

"Sabíamos que nos pegarían, pero no así"

La calle Sardenya, colindante con el instituto Ramón Llull, vive una de las cargas más violentas: múltiples heridos, uno por bala de goma en un ojo

"A una persona le han impactado en la cara directamente, no apuntaban al suelo. No acosábamos a la policía", dice Carlos, testigo de la actuación policial

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Cargas en calle Sardenya con Diputació a la salida del colegio Ramon Llull (Robert Bonet)

Cargas en calle Sardenya con Diputació tras el desalojo de la escuela Ramón Llull Robert Bonet

El tiempo se ha parado para Carlos a las 10:23h de este domingo 1 de octubre. Así lo cuenta pasadas las 11h en la misma esquina de la calle Sardenya con Diputación, en Barcelona, donde hace unos minutos ha interpuesto su cuerpo entre las salvas y balas de goma lanzadas por la Policía Nacional y un herido por proyectil en un ojo.

La que relata Carlos es una de las muchas escenas de estupefacción que se han vivido durante esta jornada de referéndum por la acción policial. Hasta el momento son casi 900 los heridos por la actuación de la policía en toda Catalunya.

"Sabíamos que pegarían, pero no así", comenta Mercè, a escasos metros del joven. Mercè, de cincuenta y pocos, todavía balbucea después de las carreras ante la policía. Ella es una de las muchas personas que han ido a desarrollar resistencia pacífica esta mañana al instituto Ramón Llull del Eixample de Barcelona. Si bien tras la salida de la Policía Nacional del inmueble  –comenta la testigo– "lo peor parecía haber pasado, nada más lejos de la realidad". 

Tras la intervención en el colegio, la Policía Nacional se ha dividido en dos bloques. El primero se ha dirigido hacia la izquierda de la escuela, encarando la amplia calle de la Marina. Ante la presión de los concentrados, la policía ha reculado de su posición, no sin antes extender las porras y asestar golpes a los manifestantes que ejercían presión contra el cuerpo con las manos alzadas y al grito de "votarem".

Balas indiscriminadas

Los problemas han llegado con el segundo grupo de policías. Enfocados hacia la calle Sardenya, hasta cuatro unidades antidisturbios han quedado acorraladas por manifestantes. Decenas de personas han barrado el paso de la policía, la mayoría sentados en el suelo y al cántico de 'Els Segadors'. Tras dos avisos, el cuerpo policial ha emprendido su marcha, arrasando con todos los que allí se encontraban. La mayor parte con los brazos en alto y las palmas de las manos al cielo.

A su paso, la policía ha disparado una veintena de proyectiles, entre salvas y pelotas de goma. La acción ha durado poco menos de cinco minutos. "Se han hecho eternos", comenta Elena, una de las personas que se encontraba ante el cuerpo policial en el momento del inicio de los disturbios y que ha podido encontrar cobijo en un portal, tomando la misma calle Sardenya pero dirección montaña (al contrario que la policía). La joven ha podido salir del tumulto pero otros no han corrido tanta suerte.

"Veíamos las pelotas rebotar. A mi me ha dado una. A una persona le ha impactado en la cara directamente, porque no apuntaban al suelo. No acosábamos a la policía", relata Carlos. Él ha sido uno de los primeros en socorrer al herido por bala de goma en el ojo, que ha yacido en el suelo durante varios minutos –mientras la policía seguía disparando– y que ha sido operado de urgencia este domingo por la tarde.

"Hemos hecho un círculo a su alrededor y entonces nos han disparado", comenta el testigo, mientras a su alrededor se agolpan medios de comunicación e interesados en la historia, personas deseosas de conocer el estado de los heridos. Minutos después de las escenas de tensión, la calle vuelve a estar llena.

"¿Al hospital? No, tengo que votar"

Cuando el reloj ha vuelto a ponerse en funcionamiento este domingo a las 10:23h en la calle Sardenya, decenas de personas seguían llevándose las manos a la cabeza. Los testigos se miraban, unos a otros, y negaban, incrédulos por la sucedido en escasos minutos. "La gente no quería follón: sólo, y lo hemos repetido, votar", atiende Mercè, que nunca antes había vivido una carrera ante la policía como la de este domingo.

Las palabras de Mercè las asiente una joven, que le ofrece agua. Núria, así se llama la joven, le pregunta: "¿Está bien? ¿Quiere ir a un hospital?". "¿Al hospital? No, tengo que votar". Ambas marchan hacia el colegio Fort Pienc, a escasos metros del colegio Ramón Llull. Su paso lo secundan otros tantos. La intervención policial no ha logrado impedir este domingo la participación en las urnas desplegadas en Catalunya.

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