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CATALUNYA

El 27-S pasa factura política y económica a ICV

El fracaso de la marca Catalunya Sí que es Pot en las elecciones del 27-S compromete el futuro político de ICV, que deberá hacer "ajustes" económicos

Los ecosocialistas admiten “errores” en la confluencia con Podemos, con quienes también concurrirán en las generales, y avanzan su congreso a finales de año

Lluís Rabell arriba a la seu de CSQEP amb Joan Herrera i Dolors Camats

Los malos resultados de CSQEP condicionan el futuro de ICV / ENRIC CATALÀ

Situación delicada para ICV. Política y, en consecuencia, también económica. El varapalo del 27-S, en el que los ecosocialistas pasaron de 13 a 11 escaños concurriendo con la marca Catalunya Sí que es Pot -donde confluía con Podemos- ha dejado ya consecuencias. La primera, el precipitado adelanto de su congreso para renovar la cúpula del partido tras las generales. Una cita que no estaba prevista hasta mayo de 2017, pero que la Ejecutiva decidió adelantar este martes a finales de año para hacer balance del ciclo electoral que culminará con las elecciones de diciembre, donde los ecosocialistas volverán a apostar en la fórmula conjunta con Podemos.

El más que pobre resultado electoral del pasado domingo ha generado malestar dentro del partido, con voces que apuntan que la huella de Podemos ha sido excesiva. Algo que se ha escuchado tanto en las filas de la propia ICV, como en las palabras del mismo candidato, Lluís Rabell, e incluso des de Izquierda Unida. "La marca nos ha complicado la vida", admitía con claridad el cabeza de lista el mismo día que, desde Madrid, el líder de IU Alberto Garzón, reprochaba la “monopolización de Podemos” de la campaña catalana.

También desde la propia Ejecutiva Nacional de ICV, el coordinador de la formación Joan Herrera, reconocía “errores”, pero dejando claro en todo momento que la dirección es la correcta. Y es que pese a las malas sensaciones postelectorales, en ICV siguen comprometidos con la confluencia de la mano de Podemos en las generales –en las que IU quedaría, de momento, al margen—. Una contienda en la que Herrera podría tener un papel protagonista, encabezando la candidatura al Congreso por Barcelona y regresando a la política estatal, que abandonó para ser candidato a las autonómicas en el 2010.

De este modo, las generales seran el espejo definitivo para ICV, tras dos experiencias opuestas, las municipales —con la exitosa confluencia con Barcelona en Comú y Ada Colau— y las autonómicas. El éxito o fracaso de la reedición del Catalunya Sí que es Pot en las generales será clave para el futuro de la formación, que se ha visto obligada a celebrar su conclave tan solo un año después de la última cita, en la que el partido descartó la independencia como hoja de ruta y se mantuvo fiel al derecho a decidir y a una relación confederal con el Estado. Ahora el debate interno de los ecosocialistas será el balance de la alianza con el partido de Pablo Iglesias.

Los resultados también implican “ajustes” económicos

Fuentes de la formación ecosocialista admiten que los malos resultados “implican ajustes”, pero sin precisar su alcance. Algo que se explica no solo por la pérdida de representación, sino también por los pocos parlamentarios electos que pertenecen a la formación ecosocialista. De los 11 electos, solo 3 –Joan Coscubiela, Marta Ribas y Marc Vidal— son miembros del partido. El resto, o bien independientes o miembros de Podemos o EUiA, no aportarían parte de su salario a ICV, que perdería también retribución pública por representatividad y acceso a subvenciones. Hasta ahora, de los 13 diputados de ICV-EUiA, diez aportaban entre 600 euros y 1100 euros mensuales al partido.

Pasados tres días de las elecciones, en ICV piden calma y aseguran que todavía están haciendo números sobre los costes de la campaña, que esperaban poder compensar con las retribuciones públicas de los cargos electos. “Está por ver si los diputados independientes también aportan parte de su retribución al partido”, señalan fuentes de la formación, que hacen memoria: “Las organizaciones que nos financiamos con dinero público, y que no admitimos capital privado, tenemos el hándicap de que una menor representación nos perjudica”.

Además la situación se ve agravada por la deuda que arrastra el partido desde que en 2010 tuvo que dejar su histórica sede de la calle Ciutat –la misma que en 1977 era feudo del PSUC— y compró la actual sala de máquinas situada en Passetge del Rellotge. Está operación elevó la deuda de ICV hasta 11,9 millones de euros a fecha de 2014. Según las mismas fuentes –y tal y como se detalla en el balance económico- este importe se está reduciendo de forma continuada desde el año 2011. Según explicaba el mismo Herrera en una entrevista reciente con este medio, “ICV es el único partido de los preexistentes al que no se le ha condonado ninguna deuda”, a diferencia de PSC, CiU, PP y ERC.

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