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¿Qué significa un calentamiento de dos grados?

Según como se mire, dos grados puede parecer un aumento de temperatura muy pequeño. En un sólo día, en sitios de montaña o del interior de la Península la temperatura del aire oscila veinte o treinta grados. Sin embargo, el aviso de los científicos y los acuerdos internacionales como los que surgieron de Paris y que en estos momentos se discuten en Katowice (Polonia) hablan de no superar los dos grados de calentamiento promedio sobre los valores preindustriales y, a ser posible, quedarnos en un aumento de un grado y medio. El asunto es un poco apremiante porque ya llevamos gastado más de dos tercios de este saldo térmico. Parece que una mayoría social e incluso política ha asumido esta cifra como una línea roja que conviene no traspasar. Pero, ¿Qué significa realmente superar esos dos grados?

Podríamos entrar en cuestiones complejas sobre la dinámica de los modelos del clima. Veríamos que con este aumento de dos grados los eventos climáticos extremos se harían aún más intensos y frecuentes. Ya estamos viendo muchos ejemplos preocupantes de huracanes, sequias, inundaciones e incendios asociados al cambio climático que baten periódicamente todos los records. Pero existen otras imágenes que brindan una idea complementaria y quizá más gráfica de las implicaciones de que la temperatura media suba apenas dos grados. Puede costar un poco de entender, pero nadie dijo que esto del cambio climático fuera algo sencillo.

Una subida de dos grados de temperatura global media tendría un efecto sobre la disponibilidad de agua futura muy similar en magnitud y en escala espacial al que tiene el impacto humano directo sobre infraestructuras que afectan a la disponibilidad de agua. Como se puede observar en la figura, los dos mapas de la derecha revelan un cambio muy similar en la escorrentía superficial. Zonas como la cuenca mediterránea sufrirán un doble impacto (cambio climático más el impacto directo por infraestructuras) en la escorrentía disminuyendo extraordinariamente la disponibilidad de agua en estas zonas ya de por si secas si se alcanza ese umbral de los dos grados. Adaptado de Haddeland y colaboradores (2014).

Una subida de dos grados de temperatura global media tendría un efecto sobre la disponibilidad de agua futura muy similar en magnitud y en escala espacial al que tiene el impacto humano directo sobre infraestructuras que afectan a la disponibilidad de agua. Como se puede observar en la figura, los dos mapas de la derecha revelan un cambio muy similar en la escorrentía superficial. Zonas como la cuenca mediterránea sufrirán un doble impacto (cambio climático más el impacto directo por infraestructuras) en la escorrentía disminuyendo extraordinariamente la disponibilidad de agua en estas zonas ya de por si secas si se alcanza ese umbral de los dos grados. Adaptado de Haddeland y colaboradores (2014).

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¿Cambiará el CSIC? ¿Cómo? ¿Cuándo?

Si uno atiende a los titulares y a las declaraciones, soplan vientos de cambio en la ciencia española. Tenemos de nuevo, tras una verdadera travesía en el desierto en un Ministerio de Economía que ni entendía ni apoyaba la ciencia y la innovación, un Ministerio propio: el de “Ciencia, Innovación y Universidades”. Se ha constituido una comisión parlamentaria con el mismo nombre. Y la Presidencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), aunque nombrada por el gobierno anterior, hace gala de escuchar a sus investigadores, a los que ha citado la pasada semana en unas jornadas multitudinarias dedicadas a “afrontar los retos de la institución”. 

A pesar de la dificultad de organizar un verdadero intercambio de ideas entre más de mil participantes en una sola jornada, fue ilusionante ver cómo esta nueva Presidencia se conjuraba para potenciar algunas de las mejores virtudes de la ciencia moderna: la libre circulación de la información y la discusión abierta.  Por desgracia, tal vez por lo apresurado de las fechas (reconocido por los propios convocantes), las jornadas estuvieron dominadas por sucesivas presentaciones del equipo de gobierno del CSIC, salpimentadas por breves períodos en que una presentadores seleccionaba dos o tres preguntas de una encuesta apresurada a la que habían contestado varios cientos de científicos, con poco margen para el resumen y las conclusiones de la misma. Por la tarde, los participantes se distribuyeron en cuatro sesiones paralelas donde la intención de fomentar la discusión quedó una vez más diluida por las presentaciones institucionales. No obstante, hubo presentaciones valientes en sesiones como la de “¿Evolución o revolución?) que no quedaron del todo ahogadas por el discurso corporativo. 

A pesar de todo esto, la jornada de debate tuvo la virtud de constatar que los diferentes colectivos dentro del CSIC compartimos en buena medida el análisis de las necesidades de reforma estructural de la institución. Se apreciaron, no obstante, desacuerdos importantes sobre la mejor manera de implementar dichas reformas. Por ejemplo, la encuesta a los científicos del CSIC previa a las jornadas llamaba la atención sobre la necesidad de descentralizarlo, dotando de mayor autonomía a los institutos de investigación y de más capacidad de decisión a sus directores, siempre acompañadas de una mayor rendición de cuentas; y sobre el impacto letal que la asfixiante burocracia, impuesta tanto por las agencias financiadoras como por la propia administración del CSIC, tiene sobre la actividad investigadora.  Y sin embargo, aunque la mayoría de los ponentes hacían frecuentes referencias a la participación y la transparencia, todos los planes que se fueron exponiendo redundaban en una gestión igual o más centralizada, con instrumentos y aplicaciones que mejoren el control de “la eficiencia del gasto” y del desempeño investigador. De hecho, la única mención a aumentar la autonomía de los centros se hizo, en respuesta a una pregunta desde el auditorio, para decir que no se percibía como algo prioritario. Y la encendida defensa de la necesidad de más personal administrativo, basada en unas estadísticas claramente sesgadas, culminó con una significativa metáfora que el proponente quiso luego matizar y tuvo que retractarse: los investigadores son “cazadores solitarios”, individualistas y competitivos, mientras que los administradores son “cazadores en manada”, colaboradores y centrados en el interés colectivo. 

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Restauración ecológica y cambio climático II: las soluciones

Hacen falta buenas ideas para restaurar un planeta maltratado

El cambio climático está aquí para quedarse. Por un buen tiempo. Eso ya nadie lo duda, salvo unos pocos desinformados y unos no tan pocos desalmados. Lo que nos queda por aprender ahora es cómo podemos mitigarlo y hasta qué punto podemos adaptarnos a la dimensión del cambio que no va a poder frenarse en el corto plazo. Una de las principales preocupaciones que se suman a las relacionadas con sus efectos directos sobre la salud y el bienestar humanos es la alteración de numerosos procesos ecológicos que lleva asociada el cambio climático. Estas alteraciones afectan a su vez a numerosos bienes y servicios ecosistémicos que necesitamos en nuestro día a día, bienes y servicios que se ven también alterados por la degradación directa de los ecosistemas a través de la fragmentación, los cambios de uso del territorio, la sobreexplotación de recursos como el agua o la introducción de especies exóticas, por ejemplo. Esta combinación de ecosistemas degradados que se ven crecientemente amenazados por cambios en el clima constituye uno de los principales desafíos de la restauración ecológica del siglo XXI. 

Entre los servicios ambientales con mayor probabilidad de ser recuperados a través de acciones de restauración ecológica destacan los siguientes: 

 

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Restauración ecológica y cambio climático I: el desafío

Estamos consumiendo el planeta y hay que cambiar las tendencias

Restaurar en sentido estricto significa arreglar algo que se ha roto y ponerlo en el estado que antes tenía. Sin embargo, si consideramos los escenarios de cambio climático más probables, la restauración de los ecosistemas degradados se enfrenta a una paradoja difícil de resolver: mirar al pasado como referencia para recuperar lo que se ha perdido o mirar al futuro para regenerar ecosistemas capaces de adaptarse a lo que viene. La restauración ecológica, según la SER, la  sociedad internacional que la investiga, coordina y apoya desde el conocimiento científico y técnico, consiste en ayudar a los ecosistemas que han sido degradados, dañados o destruidos a que recuperen su capacidad de producir bienes y servicios ambientales como las materias primas, la depuración del agua o del aire o la regulación del clima. La clave para una restauración de ecosistemas eficiente y actual radica precisamente en encontrar un equilibrio entre el pasado y el futuro. El compromiso con la historia de un territorio a la hora de restaurarlo permite comprender la gama de ecosistemas que un lugar concreto puede albergar, así como la disposición de los organismos y especies que forman o han formado parte de ellos. Mirar hacia el futuro, sin embargo, es vital cuando lo que nos preocupa es reconciliar la recuperación de un ecosistema con nuestro propio desarrollo socio-económico y con el cambio ambiental global que ello acarrea. Estamos hablando de pasar de una restauración convencional en la que se trata de recuperar una foto fija donde los actores (las especies) son “las de siempre” a una restauración moderna en la que lo que prima es la recuperación de procesos y funciones ecológicas, con cierta independencia del elenco (de especies) que hace posible dichas funciones.

La sobreexplotación de los recursos hídricos unida a los efectos del cambio climático han hecho desaparecer varios lagos y mares interiores en todos los continentes. El Mar de Aral es, posiblemente, el mejor documentado. Tan grave fue su sobrexplotación unida a la aridificación del clima que llegó prácticamente a desaparecer. En la actualidad se está recuperando mediante costosos programas internacionales, aunque lo hace muy lentamente y existen muy serias dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo.

La sobreexplotación de los recursos hídricos unida a los efectos del cambio climático han hecho desaparecer varios lagos y mares interiores en todos los continentes. El Mar de Aral es, posiblemente, el mejor documentado. Tan grave fue su sobrexplotación unida a la aridificación del clima que llegó prácticamente a desaparecer. En la actualidad se está recuperando mediante costosos programas internacionales, aunque lo hace muy lentamente y existen muy serias dudas sobre su sostenibilidad a largo plazo. Foto NASA/Goddard Space Flight Center

 

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La importancia de ser autor

Cartel de la película de Arthur Hiller '¡Autor, autor!', protagonizada por Al Pacino

La mitología asociada a la ciencia y a los profesionales de la ciencia es gigantesca. Para hacernos una idea basta recordar ese estereotipo de científico que aparece en las películas: un señor, hombre por supuesto, canoso y de pelo revuelto, con un matraz humeante en la mano, una pizarra detrás llena de ecuaciones, extraordinariamente distraído y vestido con una bata blanca. En realidad, los científicos somos tan diversos como ocurre en el resto de actividades humanas y nuestro único denominador común es que generamos conocimiento que, normalmente, sintetizamos en publicaciones científicas. 

Así resumido es muy desmotivador y probablemente muy poco romántico, pero es la verdad. Lo que hacemos es publicar lo que somos capaces de ir resolviendo para que el resto de nuestros colegas puedan ir subiendo el listón de lo conocido con nuestra contribución. Poco glamuroso, pero es una visión realista y profesional. No somos superhéroes, sólo artesanos de la ciencia que en vez de levantar botijos en un torno y luego venderlos como haría un alfarero, planificamos y llevamos a cabo experimentos y observaciones del mundo que nos rodea, analizamos los datos que generamos y producimos publicaciones científicas. 

La ultra competitividad que caracteriza nuestro sistema académico descansa en la evaluación de nuestro desempeño como base del mantenimiento de una carrera científica. En realidad hablamos de la evaluación de nuestra productividad individual; es decir, de un cómputo detallado del número de publicaciones que hemos podido realizar, así como todas las derivadas correspondientes: el número de citas de cada artículo, el índice de impacto de la revista en la que publicamos nuestro trabajo, el índice H, etc. Así contado, nuestra actividad pierde buena parte del valor y casi todo el encanto con que la sociedad nos imagina, pero nos enfrenta a uno de los problemas más extendidos, y de hecho a una de las malas prácticas profesionales más habituales en la profesión: ser autor sin merecerlo. Si la clave en nuestra carrera son las publicaciones científicas, ser autor de una o muchas de ellas es realmente crítico como profesionales de la ciencia por su impacto directo en nuestra evaluación. 

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El valor ambiental y económico de no hacer

El valor ambiental de no hacer nada

Nadie hubiera pensado que dejar sin edificar las hectáreas de bosque y jardín que ahora conforman Central Park en el corazón de Manhattan traería tanta riqueza. La ocasión perdida de construir más rascacielos se convirtió en algo que no sólo mejoró la calidad de vida de miles de neoyorquinos, sino que aumentó desproporcionadamente el valor de las viviendas construidas en sus alrededores y acabó confiriendo un estilo irrepetible a la Gran Manzana.

Si a los miles de urbanistas e ingenieros que hoy están haciendo planes para edificar y artificializar millones de hectáreas del planeta pudiéramos mostrarles el valor que esas hectáreas podrían tener si al menos una parte se dejan como están estaríamos contribuyendo decididamente a aumentar la sostenibilidad global de nuestro desarrollo. Pero para lograr detener algunas de estas actuaciones necesitamos bastante más que la difusión del conocimiento ecológico y socioeconómico moderno. Necesitamos que alguien nos haga un préstamo. Un préstamo para hacer frente a la tentación del dinero fácil. Y hablamos de mucho dinero y a un plazo muy largo.

En los albores del siglo XX, grandes empresarios y eminentes políticos expresaron por activa y por pasiva que era un disparate dejar la gran pradera de lo que hoy es la inmensa plaza de Höhematte, en Interlaken (Suiza), sin construir. Esta plaza descomunal tiene una densa cubierta de hierba seminatural que aprovechan algunas vacas para comer, muchos habitantes y visitantes para pasear o tumbarse a descansar y cientos de parapentes para aterrizar en pleno centro de la ciudad alpina. Hoy, lo que en su día fue una obstinación de unos pocos por conservar un espacio verde, es algo original, refrescante y apreciado. Seguro que las edificaciones que se podrían haber construido en esa pradera habrían dejado pingües beneficios a los inversores de la época, pero Interlaken no sería Interlaken sin este inmenso espacio desde el que se aprecian glaciares y bosques, y desde el que se ve sin más que elevar la mirada el magnífico macizo con los picos Jungfrau, Eiger y Mönch a más de 4000 metros de altitud.

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La primera vuelta ciclista por la ciencia arranca en Vigo el 17 de septiembre y enlazará seis universidades hasta Madrid

CienciaVuelta2018

La investigación científica sorprende, apasiona y contribuye al progreso y al bienestar humano. El deporte también y en el caso del ciclismo, muy enraizado en nuestro país, atrae a miles de practicantes y seguidores. Por ello hemos pensado en unir ciencia y bicicleta y organizar la Primera Vuelta Ciclista por la Ciencia, la VCC 2018, que comenzará justo al terminar la clásica Vuelta Ciclista a España.

Con el objetivo  de transmitir el conocimiento científico y la pasión por hacerlo avanzar, así como para recordar las dificultades que atraviesa la investigación en nuestro país, cinco científicos españoles pedalearemos cientos de kilómetros entre el 17 y el 21 de septiembre, para cubrir en cinco etapas un itinerario que nos llevará de Vigo a Madrid, pasando por Santiago, Oviedo, León y Salamanca.

Cada mañana nos subiremos a la bicicleta junto a simpatizantes y seguidores para realizar el recorrido y cada tarde nos reuniremos en una universidad diferente para presentar el proyecto y divulgar aspectos actuales e interesantes de la ciencia en la que trabajamos.

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Momento dulce para la ciencia española

Imagen de las jornadas 'Salvemos la ciencia: una reflexión desde los OPIS'

Improvisando la agenda y reventando protocolos y normativas de seguridad, el flamante ministro de Ciencia, Innovacion y Universidades aterrizó en medio de las jornadas “Salvemos la Ciencia” que se celebraban el pasado 13 de Julio en el Instituto de Salud Carlos III y sintonizó enseguida con una audiencia entregada de científicos y gestores. Desde que las jornadas arrancaran a las diez y media de la mañana se rumoreaba que el ministro había aceptado la invitación “y que nos llamaría cuando saliera de Moncloa”. Los viernes hay Consejo de Ministros en Moncloa, y las jornadas tenían lugar un viernes. Pero estos conflictos de agenda no fueron obstáculo para que el ministro apareciera con rapidez y eficacia y se brindara a un espontáneo y animado debate sobre los problemas que aquejan a la ciencia en nuestro país. Lejos de inaugurar o clausurar el evento con palabras huecas y asegurar una sonrisa para la posteridad en la foto de rigor, Pedro Duque le hizo una finta a su apretada agenda y fue al grano: “quiero expresar mi apoyo a vuestras reclamaciones”, “no esperéis milagros, no convenceremos en pocos días a todo un congreso de diputados sobre un incremento sustancial para la ciencia en los presupuestos del Estado, pero vamos a acometer muchas reformas y estamos empezando ya”. Se marchó a galope, tal como vino. Pero vino. Y nos dejó, reafirmados, profundizando en las reformas que harían falta mediante breves presentaciones de varios ponentes más y una nueva ronda de preguntas y respuestas entre la nutrida audiencia y los diversos expertos invitados a la mesa. 

Las Jornadas Salvemos la ciencia: una reflexión desde los OPIS comenzaron con un análisis de la realidad actual sobre la escasa inversión en I+D en nuestro país y las tramposas estadísticas para maquillar una situación insostenible, realizado por Emilio Muñoz, quien fuera presidente del CSIC y es ahora vicepresidente de la Asociación Española para el Avance de la Ciencia. Continuaron con una revisión crítica de la Ley de la Ciencia, sus inconsistencias, lo que no se ha puesto en marcha y todo lo que conviene ir modificando con urgencia realizada por Fernando Ponz y Juan Fernández Golfin, investigadores del INIA. Marina Albentosa del IEO y Julio Cárabe del CIEMAT resumieron con desgarradores ejemplos las trabas administrativas a la ejecución del gasto de proyectos de investigación ya aprobados (y muchos con fondos europeos) y las dificultades para contratar a personal investigador aun contando con el dinero para ello, para completar el relato con la breve historia de la plataforma OPIS para salvar la ciencia. Las jornadas siguieron con una presentación de alternativas que pudieran iluminar un nuevo modelo en la gestión de la ciencia.  Eduardo López-Collazo habló desde su experiencia en la  Fundación Hospitalaria La Paz, Margarita Vila, desde su visión de cómo y por qué se han complicado las cosas en el CIEMAT, Carmen Toledo no abrió las puertas a la Oficina Española de Patentes y Marcas, y Eduardo Oliver a la novedosa iniciativa Ciencia en el Parlamento.

Amaya Moro-Martín acaba de publicar en la revista Science un breve pero claro artículo ilustrando las “buenas noticias” para la ciencia española que se abren con el nuevo gobierno y el nuevo ministerio de Ciencia, Innovacion y Universidades. Se hace eco de lo que adelantábamos hace un mes sobre la “inesperada esperanza” para la ciencia de nuestro país que supone el drástico cambio político en el Gobierno. El artículo de Moro-Martín contrasta con el que publicáramos cinco años antes en la misma revista Science, donde anunciábamos que se cernían negros nubarrones sobre la ciencia española. Nunca pensamos que la realidad superaría nuestros escenarios más pesimistas, amplificando los recortes de facto con un repertorio injustificable de trabas y obstáculos para ejecutar el gasto, no sólo del dinero público, sino también del privado y del proveniente de Europa y otros países. 

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Inesperada esperanza para la ciencia

Santiago Ramón y Cajal en su laboratorio

Nos encontramos ante un inesperado punto de inflexión. Hace poco más de una semana nos teníamos que contentar con celebrar que el gobierno de Mariano Rajoy hubiera conseguido sacar adelante unos Presupuestos Generales del Estado totalmente decepcionantes, al menos para la ciencia de nuestro país. Unos presupuestos que solo sirven para prolongar la larga agonía de nuestra I+D, y que de momento suponen una especie de “respiración asistida” por unos meses más, permitiendo “pequeñas” cosas como que científicos destacados que sacaron plaza el año pasado en el CSIC por fin pudieran incorporarse. O que en unos meses salgan por fin las convocatorias estatales de proyectos de investigación, aunque continúen con los bajos niveles de inversión que han ido ahogando poco a poco a la ciencia española. La alternativa era no tener convocatoria, un golpe seco en la nuca en lugar de las lentas vueltas del garrote vil que llevan estrangulando, especialmente en los últimos cinco años, a la hasta hace poco vibrante y en gran parte excelente comunidad científica española.

Mientras escribimos estas palabras, se ha formado una mayoría de urgencia para derrumbar al gobierno. En menos de 24 horas puede que tengamos un nuevo presidente del gobierno. Mientras que unos piden que se celebren elecciones de inmediato, el PSOE de Pedro Sánchez ha sido claro en decir que elecciones si, pero dentro de un tiempo que permita recomponer varias de las emergencias sociales que sufre el país. Algunas de estas emergencias son tan obvias como desbloquear la renovación en la cúpula de RTVE. Como apuntaba Cristina Narbona el miércoles en Carne Cruda, hay que ir a elecciones, pero elecciones libres con ciudadanos informados.

Hay muchas emergencias que atender, pero permitidnos un par de pinceladas de lo que un nuevo gobierno podría hacer por la ciencia española en lo que resta de 2018. Es cierto que uno de los principales cambios que necesitamos es una inversión mayor y, sobre todo, mejor estructurada en los Presupuestos Generales del Estado. Es decir, que no derive presupuesto a créditos blandos a empresas que en su mayor parte no se ejecutan, sino que apuntale el sistema público de I+D+i y empiece a recuperar la masa crítica que se ha perdido en estos años de recortes y rescates a la banca. Pero hay más cosas que se pueden hacer, incluso con los presupuestos ya aprobados por el PP en negociación con Ciudadanos, PNV y otros partidos regionales. Cosas, por tanto, que están mas próximas por requerir esa voluntad política de la que ha carecido el gobierno saliente.

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Lo que la ciencia española necesitaría ahora de los políticos

Fachada del Congreso de los Diputados

La ejecución de los proyectos científicos y el avance de las distintas líneas de investigación se enfrenta en estos momentos en nuestro país a un calvario burocrático que obliga a devolver fondos por no poder gastarlos, a cancelar compromisos de colaboraciones internacionales por no poder ponerlas en práctica y a dejar sin contratar a cientos de personas durante meses a pesar de contar con el dinero para hacerlo. La aplicación de la nueva Ley de Contratos del Sector Público se ha añadido al elevado nivel de burocratización que arrastra la ciencia española durante los últimos años. La transposición de esta directiva europea sin la exención para actividades de I+D+i de otros países europeos amenaza con paralizar la actividad de la mayoría de las instituciones públicas de investigación.

Miembros de todos los organismos públicos de investigación (OPIs) nos hemos organizado en una plataforma para aunar esfuerzos en comunicar los problemas y en identificar las posibles soluciones. Hemos tenido reuniones con los principales grupos políticos y seguiremos teniéndolas tanto para hacerles llegar nuestro mensaje como para escuchar sus posiciones y aprender de su experiencia en la negociación parlamentaria de cuestiones complejas. Estamos abordando cuestiones que competen a más de un ministerio y que tienen implicaciones en muchos sectores y ámbitos. Hay que tejer acuerdos y alianzas. Y hay que hacerlo rápido porque la situación es insostenible para muchos OPIs y porque cada día que pasa se pierden oportunidades muy valiosas de recuperar la inversión pública en investigación y de incrementar la inversión privada.

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