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‘Ha nacido una estrella’, de Bradley Cooper: el dolor de cumplir un sueño

La química de Lady Gaga y Bradley Cooper estalla en una historia más del sueño americano de conseguirlo todo empezando desde la nada

Bradley Cooper asistirá al Festival de San Sebastián para presentar su ópera prima como director, 'A Star is Born'

Grandes zapatos son los que tuvo que llenar Lady Gaga en la nueva versión de ‘Ha nacido una estrella’. Nombres icónicos de la historia del cine, como Barbra Streissand, Judy Garland y Janet Gaynor, ya habían protagonizado una película con la que ahora Bradley Cooper se estrena como director. La historia también parece que se ha contado en innumerables ocasiones en el cine, en la televisión, en los castillos en el aire: es el relato del sueño americano, de alcanzarlo todo partiendo desde cero, un lema que ha movido a generaciones y generaciones, dentro y fuera del cine. ‘A lucky twist’ y la camarera pasa a ser una gran estrella de la música pop.

Ally (Lady Gaga) es camarera. Pero su sueño es ser cantante. Sin embargo, es un sueño lejano que se limita a viernes por la noche en el bar de ‘drag queens’ donde la dejan ser “una de las chicas”. Ahí explora su innegable talento, con unas cejas pegadas y el pelo pintado de negro. Así es como la encuentra Jackson Maine (Bradley Cooper), un cantante de música country que arrasa entre las masas pero que tiene serios problemas de alcoholismo y tristeza. Se encuentran entre las luces de la noche, entre la música de bares en California y se enamoran. ‘I’m in love with your music, baby’. La carrera de Ally despega al lado de Jack, que la ayuda a hacerse valer en su talento, oculto hasta entonces.

Lady Gaga en 'A star is born'

“Creo que eres una cantautora”, le susurra Jackson a Ally al oído la primera noche que se conocen, maravillado por la fuerza que irradia esta mujer de nariz grande a través de su música. La química entre Lady Gaga y Bradley Cooper estalla ante el espectador. Es una mezcla tan potente que hace que se puedan obviar los fallos que tiene ‘A Star is Born’, que llega, en muchas ocasiones, a ser poco creíble. Como cuando ella se sube al escenario y conoce el arreglo entero que se ha hecho de una canción que apenas había tarareado antes en un aparcamiento.

La enseñanza musical a la que se sometió Bradley Cooper para encarnar verdaderamente a un cantante que se roba los escenarios demuestra, una vez más, la capacidad que tiene para sobresalir entre sus congéneres. Es, sin duda, uno de los grandes valores dentro de su generación. Pero la que realmente se roba la película es Lady Gaga, que emana una energía poderosa, cruda y sin aditivos. Ally es ella cuando no pensaba que iba a alcanzar el éxito, acomplejada por su nariz. La cantante sale a escena sin maquillaje, mostrándose tal cual es ella y es algo que no se puede olvidar incluso cuando se convierte en un producto de la industria musical. La música que crea es única, es algo que no se escucha y eso es una de las grandes marcas de ‘A Star is Born’.

Hay momentos que rezuman demasiado edulcorante, como es la boda de Jack y Ally, y ese primer plano de una sola lágrima en la cara de la novia que le resta autenticidad a todo el montaje creado. También la recaída de Jackson en sus hábitos autodestructivos está forzada dentro de la historia para ser lo más rimbombante posible, un recurso mucho más sencillo que una destrucción silenciosa y prolongada a lo largo de la película. El espectador sabe qué va a pasar con Jackson desde el principio y es algo que también quita suspense a ‘Ha nacido una estrella’. Lo mismo ocurre con el giro que da la música de Ally, que pasa de tener una esencia propia a hablar de culos que quedan bien en vaqueros. No hay nada nuevo y todos los esperábamos.

Lady Gaga en 'A star is born'

Pero todo este contenido tan insulso, tan predecible se olvida de un plumazo con la actuación final de ‘I will never love again’. Ally, viuda, destrozada, vuelca todos sus sentimientos en el ultimísimo homenaje de una canción escrita por Lady Gaga, por Jackson en la película, que transmite una fuerza poderosísima, una fuerza que viene de la tristeza, del desconsuelo de la pérdida. El último concierto que vemos es el broche de oro de la película, un homenaje a la música dentro del séptimo arte, a la constancia y al valor que supone perseguir los sueños, a pesar del dolor que puedan acarrear.  

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