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Anisakis: ¿lo combatimos?

Aunque suene exótico, y ¡ay, cómo nos gusta el exotismo!, el anisakis no es más que un feo parásito que se aloja en el estómago de algunos pescados. Nefasto para la salud humana, sigue leyendo si quieres conocer sus más que molestos efectos, y lo que es más útil, ¡te enseñaremos a sortear sus peligros!

 Mar de Noruega. Makis de salmón libre de anisakis

Mar de Noruega. Makis de salmón libre de anisakis

Por si no lo sabes, te lo contamos: el anisakis es un parásito, concretamente del género nemátodos, lo que quiere decir que es un gusano que vive a costa de otros. Su hábitat natural es el aparato digestivo de algunos pescados y mamíferos marinos. Para los animales del mar es totalmente inocuo. Pero, ¿qué ocurre cuando un humano come un pescado infestado por anisakis? Pueden suceder dos cosas: por separado, o -¡mecachis!-, ambas a la vez.

Seamos optimistas en primer lugar. Comemos un delicioso pescado poco hecho o nos llevamos a la boca un suculento bocado de sushi. Como las larvas del parásito pululan por ahí, invisibles al ojo humano, lo comemos todo con fruición. Poco después esas simpáticas larvas buscan sitio en nuestro estómago. Y lo encuentran, ¡vaya si lo encuentran! ¿Y qué hacen los angelitos? Provocar nauseas, vómitos, dolor abdominal agudo, diarreas, y lo que es peor, ¡ganas de morirnos! ¿Y la versión menos optimista? ¡Ser, además, alérgico al dichoso gusano! Con lo cual, si el alérgico está en contacto, además de los problemas estomacales que tendrá, mucho antes le aparecerán unas ronchas horrorosas en la piel, fiel reflejo de la alergia provocada. 

Con este panorama, ¿qué hacer? Ante todo, tranquilidad. ¡Es tan fácil no acercarnos al molesto bichito ni a su prole! Los pasos a seguir son bien sencillos. El anisakis y sus larvas solo se trasmiten si el pescado está crudo o poco hecho.

¡Horror! ¿No podemos tomar sashimi? ¿Qué pasa con el ceviche? ¡Qué no cunda el pánico! Si congelamos el pescado previamente durante 5 días (en casa los congeladores son poco potentes, por ello se requiere un tiempo prolongado), ¡mataremos al miserable monstruo!

¿Y qué hay de las ostras, de los mejillones? Aquí no hay ni sombra de problema: el anisakis no quiere ni en pintura a los moluscos bivalvos. ¿Y si queremos tomar pescado fresco? Fácil, solo debemos tener cuidado de que quede bien cocinado (lo ideal, hacerlo a temperatura superior a 60º).

Para el tan apreciado boquerón en vinagre la solución pasa, siempre, por el congelamiento previo. Con los tan socorridos pescados salados como el bacalao y la mojama, no hay que tener ningún cuidado, vienen libres de huéspedes. Con los crustáceos debemos observar las mismas precauciones que con el pescado de mar: bien cocinados o, si nos gustan más bien crudos, congelarlos antes.

Langostinos de Medina del Campo sin anisakis.

Langostinos de Medina del Campo sin anisakis.

También hay muchos pescados que no sufren de huéspedes indeseables: los de aguas continentales y de piscifactorías de agua dulce, escapan a la maldición. Por ejemplo, los langostinos de Gamba Natural, criados en la localidad vallisoletana de Medina del Campo (¡sí, has leído bien!), presumen de no alojar molestos chupones. También lo hace el salmón fresco noruego. ¿Por qué? Porque la alimentación está controlada y libre de inoportunos parásitos. Garantizado. ¡Menudos son los nórdicos!

Y los más miedosos, ¿a qué estáis pensando que qué pasa en los restaurantes? Muy sencillo: la legislación española les obliga a congelar el pescado fresco al menos durante 24 horas a una temperatura de -20º. No temáis, ¡no hay peligro alguno!

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