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'Mar adentro' debate el tema de la eutanasia

La libertad es una idea escurridiza. Se podría decir que se trata de una “especie de realidad” a la que siempre se aspira pero que nunca se llega a alcanzar del todo. Es como cuando se camina en la montaña pensando que al alcanzar una cima se podrá divisar toda la cordillera. Cuando llega ese momento, la espectacular imagen que se esperaba no se obtiene. Será necesario seguir caminando, de abajo arriba, una y otra vez, para así poder hacer cima en el pico más alto de la cadena montañosa.

Aun así siempre habrá otra cordillera, en otro lugar del mundo, con un pico más alto o de otras características específicas, que nos ofrezca un paisaje más impactante para nuestros ojos. Así pues, la libertad también es un concepto que depende muy mucho del contexto en el que se piense. No es lo mismo una caminata desde el nivel del mar que desde un campo base situado a 3000 metros de altura, al igual que no es lo mismo una ruta a pié en cabo Cope que en la Pedriza, como la sensación que produce volar o navegar.

En este sentido, existe un gran componente de subjetividad. Para unas personas la máxima libertad posible (o ansiada) será poder comprarse un teléfono móvil de última generación mientras que para otras será poder saber qué enfermedad tienen y disponer de lo necesario para que ésta le permita mantener una vida que considere digna. El hecho, por ejemplo, de que personas del mismo sexo puedan casarse, para quienes estén sensibilizados será una gran apertura a la libertad mientras que para otras puede no significar nada.

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