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De la berrea al 'far west': así fueron las II Jornadas de Meterorología y Promoción del Medio Natural

Durante los días 1, 2 y 3 de octubre tuve el placer de acudir a esta iniciativa del Gobierno de Castilla-La Mancha y de CMM 

El objetivo es dar a conocer los variados espacios naturales que ofrece la región, con vistas a su aprovechamiento económico en general y turístico en particular

Parque Nacional de Cabañeros

Parque Nacional de Cabañeros Eugenio Fernández

Hace muy poco escribía en este mismo medio sobre las grandes posibilidades económicas que el turismo de observación de fauna supone para una Comunidad Autónoma como Castilla-La Mancha. Pues bien, he tenido la gran suerte de poder comprobarlo también en la práctica durante mi participación, del 1 a 3 de octubre, en las II Jornadas de Meteorología y Promoción del Medio Natural, a las que fui invitado a participar.

Este evento fue organizado por la Consejería de Turismo de la Junta de Castilla-La Mancha y por Castilla-La Mancha Media (CMM) con el fin precisamente de dar a conocer los variados espacios naturales que ofrece nuestra región, con vistas a su aprovechamiento económico en general y turístico en particular. La primera edición, el año pasado, se centró en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y este año un grupo de periodistas (mayoritariamente meteorólogos) y divulgadores fuimos invitados a recorrer el Parque Nacional de Cabañeros y el Monumento Natural de las Barrancas de Burujón.

El aperitivo, la tarde del día 1, fue una visita guiada por la ciudad de Toledo. Toledo es, sin duda, uno de los florones histórico-artísticos de nuestro país. Pero su cercanía a la gran metrópoli que es Madrid muchas veces ha situado a Toledo en el ámbito de las visitas de un día. Nuestra experiencia demostró que tiene suficientes elementos de interés como para pernoctar las noches que hagan falta en los magníficos establecimientos hoteleros que ofrece.

La llegada a Cabañeros

El segundo día lo dedicamos a Cabañeros. El objetivo era disfrutar de uno de los espectáculos más increíbles que ofrece la naturaleza ibérica: la berrea del ciervo rojo. Vivir el amanecer con la banda sonora de los berridos que sonaban por doquier entre los grupos de ciervos que nos rodeaban por todas partes en la inmensa llanura conocida como “Raña” o el “Serengeti español” es una de las experiencias más intensas y extremas que jamás he vivido. Todo español debería vivir esta grandiosa sensación al menos una vez en la vida.

Aparte de los abundantes ciervos, pudimos disfrutar de otras especies de la fauna de Cabañeros como los majestuosos buitres leonado y negro, el cuervo grande, la abubilla o la liebre ibérica. Un verdadero punto salvaje en el corazón de nuestra Península.

Tras un acto protocolario con las autoridades organizadoras del acto así como los alcaldes y presidentes de las diputaciones en el área de influencia del Parque, en el magnífico Centro de Recepción de Visitantes de Casa Paillos, por la tarde recorrimos el otro gran biotopo del Parque: el Boquerón (o cañón) del Río Estena, un hábitat marcado por el microclima creado por la humedad del río, y que posibilita la existencia de plantas relictas de climas más fríos como el arce de Montpellier o el tejo, así como abundantes robles. Se trata de un río que alberga una de las mejores comunidades de peces autóctonos ibéricos como por ejemplo el jarabugo.

Barrancas de Burujón

Barrancas de Burujón Eugenio Fernández

El último día pudimos descubrir uno de los paisajes más asombrosos e inesperados en plena provincia de Toledo: las Barrancas de Burujón, un paisaje de cárcavas creado por las erosiones hídrica y eólica que domina el Embalse de Castrejón en el Río Tajo. Este paisaje desértico y desnudo nos recuerda al “Far West” o a los Desiertos de Siria, y aparte de una gran belleza escénica nos ofreció una buena muestra de ornitofauna, fácilmente observable con un mínimo equipo básico: aviones zapadores, águila perdicera, corneja negra, cormorán grande o cigüeñuelas hacen de este enclave un punto muy interesante para la observación de aves, en un paraje con tres ecosistemas: el embalse, los acantilados y el mosaico cereal/olivar situado a su espalda.

Si a todo esto agregamos el excelente alojamiento en Toledo y la riquísima gastronomía manchega que pudimos degustar en todo momento, el amable lector podrá darse cuenta de lo muchísimo que ofrece Castilla – La Mancha al viajero interesado en los valores naturales.

Finalmente, aprovecho la ocasión para agradecer a la organización su amabilidad al contar conmigo para estas Jornadas, así como el perfecto y milimétrico trabajo que se realizó para que todo saliera absolutamente perfecto. ¡Espero volver muy pronto!

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