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¿Estamos dispuestos a hacer la transición ecológica?

De la teoría a la práctica va un buen trecho, y hay circunstancias que demuestran que la resistencia al cambio va a ser muy fuerte

Los ecologistas llevan décadas diciendo que una sociedad basada en el abuso del vehículo privado es insostenible. Y el tiempo les ha dado la razón

Atasco en Madrid

El de “transición ecológica” es uno de esos conceptos que el siglo XXI está acuñando como reflejo de un cambio social hacia el medio ambiente que poco a poco va cuajando. Básicamente se trata de realizar el cambio de un modelo económico (vigente en su mayoría) basado en el concepto de crecimiento ilimitado, despilfarro energético, uso masivo de combustibles fósiles y un consumo desaforado, por otro sistema basado en el ahorro y eficiencia energética, industrias y tecnologías limpias, economía circular y un consumo más sostenible.

Así explicado suena muy bien, y creo que todo el mundo lo firmaría sin ningún problema. Pero de la teoría a la práctica va un buen trecho, y los sucesos que últimamente se están produciendo en relación al uso del vehículo privado nos muestran hasta qué punto la resistencia al cambio va a ser muy fuerte, y hasta qué punto las personas de a pie vamos a interiorizar o no la necesidad de un cambio auténtico.

Como es bien conocido, en Francia ha estallado una auténtica rebelión cívica bajo el nombre de “chalecos amarillos”. Este movimiento de protesta empezó a raíz de una anunciada subida de impuestos a los combustibles, dentro de esa política más amplia de muchos gobiernos de desincentivar el uso del vehículo privado, contaminante, estresante e insostenible. Posteriormente, el movimiento ha degenerado en otro tipo de protestas relacionadas con el nivel de vida, que se escapan del propósito de este artículo.

Ciudades contra la contaminación

Por otra parte, en nuestro país, el Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha el área “Madrid Central”, con una serie de restricciones al uso del vehículo privado en el Centro Histórico de Madrid. En este sentido, Madrid ha sido la última gran capital europea occidental que ha adoptado esta iniciativa, tras Londres, Bruselas, Berlín, París y Roma.

Inmediatamente, toda una serie de colectivos se han puesto en pie de guerra contra el Ayuntamiento, con la pretensión de que se les siga permitiendo el uso sin restricciones del coche privado. Finalmente, la industria automovilística se está poniendo nerviosa ante el horizonte del año 2040 para terminar con los vehículos diésel y de gasolina. ¿Qué está pasando?

Pasa que los ecologistas llevan décadas diciendo a quien quisiera escucharles que una sociedad basada en el abuso del vehículo privado es insostenible. Y el tiempo les ha dado la razón: contaminación, estrés, horas de vida y trabajo perdidas en los atascos, infraestructuras viarias que se quedan pequeñas nada más ponerlas en marcha… y al final llegó el toro y nos pilló.

Contaminación que la petrolera Chevron causó en la selva ecuatoriana

Contaminación que la petrolera Chevron causó en la selva ecuatoriana Greenpeace

Estamos en el siglo XXI y ese cambio social que ha empezado desde abajo empieza a calar en determinados gobernantes y determinadas políticas, que empiezan a implantarse de una forma irreversible. Y nosotros, los usuarios de a pie no hemos hecho la transición mental necesaria antes de la transición ecológica. Hemos tenido tiempo, pero nos parecía que esto iba a ser eterno. Y no, no es así.

Más nos vale empezar a asumir que las cosas van a cambiar. Un menor uso del vehículo privado (o, mejor, un uso más racional), implicará menos contaminación y estrés, menos consumo y dependencia del petróleo, que a su vez aflojará su presión sobre las selvas vírgenes, sobre las tierras árticas y sobre los fondos oceánicos que son destripados sin piedad para alimentar los coches, y todo el medio ambiente se beneficiará: plantas, animales y nosotros. Por supuesto que nosotros, los humanos, también.

Pero, atención… las empresas deben hacer también esa transición mental. Y los gobernantes. De nada me sirve dejar mi vehículo privado si los bajos sueldos y la precariedad laboral me expulsan de la ciudad y sigo dependiendo del coche para acudir a mi puesto de trabajo. Atención, empresas: más teletrabajo, menos polígonos industriales ruinosos y menos parques empresariales pretenciosos situados a larguísimas distancias del domicilio de las personas. Tiene que ser el siguiente paso.

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