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La otra "operación retorno": migraciones de aves en Castilla-La Mancha

Cada otoño los milanos realizan su particular y masivo “paso del Estrecho” y las grullas vuelven a abarrotar nuestras dehesas

Con ello da la sensación de que aún no está todo perdido: el planeta a veces funciona como si los humanos no existiéramos

Nacen las primeras crías de flamenco rosa en la Laguna de Fuente de Piedra

Flamencos EFE

Durante el comienzo y el final de cada periodo vacacional, los medios de comunicación (sobre todo las televisiones) nos bombardean con las famosas “operaciones salida y retorno” en las que se nos cuenta con todo lujo de detalles las aventuras y, las más de las veces, desventuras de quienes usan el coche, autobús, tren o avión para alcanzar sus lugares de descanso vacacional, y luego su vuelta a la rutina diaria.

Pero hay otras “operaciones salida y retorno” a las que estos mismos medios de comunicación no prestan apenas atención. En esta época del año estamos ya inmersos en una de esas grandes operaciones: miles y miles de aves abandonan la Península Ibérica para pasar el otoño/invierno en África y, en breve, otros miles y miles de aves procedentes del Centro y Norte de Europa saldrán de allí para pasar el invierno en nuestra Península.

Castilla-La Mancha es una de las regiones españolas más afortunadas en cuanto a “destinos turísticos pajariles”, merced sobre todo a la notable red de humedales manchegos que colectivamente se denominan “La Mancha húmeda”. Aquí, sobre todo las aves acuáticas y limícolas encuentran refugio, descanso y alimento en un lugar excepcional en el Centro de la Península para estos menesteres.

Los movimientos de aves en Castilla-La Mancha

En nuestra región se dan varias situaciones posibles entre las muchas especies de aves migratorias. En primer lugar, tenemos las aves que han pasado el verano aquí, y que se están yendo en estos momentos hacia África para no volver hasta la próxima primavera, como por ejemplo el milano negro, el alimoche, el papamoscas cerrojillo, el avetorillo común o la canastera común. En segundo lugar, están las aves que se van a África parcialmente, es decir, que parte de cuyas poblaciones se va, pero otra parte se queda aquí, como la cigüeña.

En tercer lugar tenemos un grupo de aves que vienen desde Europa Centro-septentrional a pasar aquí el invierno, como la grulla común (en humedales y dehesas), el bonito ruiseñor pechiazul o el flamenco común, que da un indudable glamour a nuestros humedales invernales. Y, en cuarto lugar, aves que normalmente residen todo el año en nuestra Península (y en Castilla-La Mancha) pero que van a recibir nutridos refuerzos de poblaciones europeas de congéneres que van a pasar aquí el invierno, como el aguilucho lagunero, el ánade friso o la avoceta común, entre otras.

Vivimos “tiempos recios” para el planeta, como dijo Santa Teresa de Jesús. El ser humano parece más decidido que nunca a salvarlo o a terminar de destruirlo, así de contradictorio es este mono desnudo. Pero mientras decidimos si nos cargamos el mundo definitivamente o si lo arreglamos (confieso que aún no está definida ninguna de ambas tendencias), la migración de las aves nos mantiene en contacto con los ritmos de la naturaleza, con el ciclo de la vida.

grullas

Grullas EFE

Mientras cada otoño los milanos realicen su particular y masivo “paso del Estrecho” y las grullas vuelvan a abarrotar nuestras dehesas, da la sensación de que aún no está todo perdido, es como si el planeta continuase funcionando como si los humanos no existiéramos, como ha sido así durante los últimos miles de años. Particularmente, me conforta ver este trasiego de aves de norte a sur y viceversa.

Pero me extraña que esta “operación salida” no sea cubierta por los medios de comunicación como debería. Sería un sano ejercicio de anti-antropocentrismo, de mostrar a las nuevas generaciones que el ser humano es una pieza más del engranaje planetario, que hay mucho más allá de los lloriqueos de la estrellita futbolera de turno, o los escándalos del caspa-famoso de moda.

Si de verdad queremos que el ser humano tome conciencia de lo que nos estamos jugando en nuestro planeta, es fundamental que conozcamos al dedillo los ciclos estacionales de nuestro mundo y cómo la Naturaleza responde y se adapta a ellos. Ese es el camino: conocer para tomar conciencia.

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