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En verano también hace frío

Las bajas temperaturas durante los meses estivales tienen un explicación sencilla: la llamada inversión térmica

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Río Ungría

Río Ungría Roberto Granda

Este mes de agosto ha entrado fuerte. Las temperaturas, ahora en descenso, han alcanzado valores máximos muy notables. En el caso de Castilla-La Mancha, destacan los más de 42ºC de sitios como Oropesa o Albacete (AEMET). Las noches tampoco han dado tregua, con mínimas superiores incluso a 24ºC en algunos puntos. Sin embargo, no en todos sitios han pasado por este calvario. Hay zonas donde el “llévate una chaqueta, por si refresca” se ha quedado corto: más bien, hacía falta un abrigo.

¿Cómo? ¿Abrigo, en pleno agosto y en unos días tan tórridos en todo el país? Pues sí, y, contrariamente a lo que se pueda pensar, no hablamos de altos picos ni de sitios del norte de la Península. Hablamos, ni más ni menos, de zonas del interior. El pasado día 4 de agosto, mientras la mayor parte de nosotros luchábamos por dormir con el agobiante calor, en numerosos valles y mesetas durmieron tranquilamente, sin descartar incluso la calefacción en algunos casos. Lugares como Uña, en Cuenca, tuvieron unos muy agradables 6.2ºC de mínima. En el caso de la estación situada en el río Ungría en Lupiana, al lado de Guadalajara ciudad, se alcanzaron 13.8ºC (estaciones disponibles en meteoclimatic). Guadalajara, como dato añadido, no bajó de 20.9ºC (AEMET).

Mapa temperaturas

Roberto Granda

¿Cómo es esto posible? ¿Cómo puede hacer ese frío en plena canícula, incluso tras días con máximas elevadas también en estas zonas? El saber popular ya nos da pistas, con refranes como “agosto, frío en el rostro”. La explicación científica es sencilla: toda la culpa recae sobre el proceso conocido como “inversión térmica”. Si al caer el sol el viento está calmado y no sopla mucho durante la noche, el aire cercano al suelo pierde calor, enfriándose rápidamente. Este aire frío, debido a las características propias en función de su temperatura, tiende a acumularse en zonas llanas o bajas, como podría ser el caso de un valle, mientras el aire más cálido se queda por encima.

El resultado de esto es que las mínimas son muy bajas en los meses estivales en las zonas propensas a tener el viento en calma y acumular este aire frío durante las noches. En el interior de la península, especialmente, la mayor altitud y sequedad del clima intensifican los efectos. Este mismo fenómeno también tiene lugar durante el invierno, siendo el causante de los registros de mínimas absolutas más destacados del país. Sin embargo, si bien el proceso es el mismo, hay ciertas diferencias entre las inversiones de verano y las de invierno.

En Castilla-La Mancha hay zonas que son muy propensas a estos fenómenos: áreas de las amplias llanuras manchegas, los profundos valles de la Alcarria, zonas de las serranías de nuestra geografía, y, por supuesto, los famosos páramos del entorno del Señorío de Molina de Aragón. En muchos pueblos de estas zonas la manta es algo totalmente necesario casi todas las noches, y no es raro despertar con temperaturas de menos de 10ºC en pleno julio o agosto en pueblos de estas comarcas.

Si bien puede ser algo molesto para nuestra vida nocturna este frío, no podemos obviar el hecho de que tiene consecuencias positivas. La cantidad de agua que el aire puede contener varía en función de la temperatura, y, cuanto más baja, menos puede tener. Esto provoca que, al enfriarse el aire cercano al suelo, el exceso de agua se deposite en forma de rocío en las superficies y vegetación. Esto es la “precipitación horizontal”, y supone un aporte de agua a veces muy relevante en algunas zonas.

La próxima vez que vayas al pueblo, y te recomienden llevarte la chaquetita por si refresca, ¡ya sabrás por qué deberías hacer caso a tan sabio consejo!

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