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‘Las Chicas del Cable’: una visión femenina de la España de los años 20

Ramón Campos y Gema R. Neira encabezan el primer proyecto seriéfilo de Netflix en España

Marga, Lidia, Carlota y Ángeles se enfrentarán a las vicisitudes de una época adversa para la mujer

Foto: netflix.es

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‘Las Chicas del Cable’, la primera serie ‘Netflix’ producida en España, se estrenó el pasado 28 de abril a nivel mundial en su plataforma. Las expectativas -y las ganas- depositadas en su segundo proyecto nacional tras la película ‘7 años’, eran altas; de hecho, el despliegue publicitario -en todos los ámbitos- es un reflejo perfecto. En él cuentan con la ayuda de Bambú Producciones, con Ramón Campos y Gema R. Neira a la cabeza, responsable de ficciones como ‘Velvet’, ‘La embajada’ o ‘Bajo Sospecha’; un socio con el suficiente músculo y experiencia en el ámbito televisivo para dejar pocos cabos sueltos en su primera incursión seriéfila en nuestro país.

La historia se contextualiza a finales de los años veinte en Madrid, capital de España, en la novedosa y recién creada empresa telefónica. El destino unirá bajo el techo de su moderno edificio a Marga (Nadia de Santiago), Lidia (Blanca Suárez), Carlota (Ana Fernández) y Ángeles (Maggie Civantos) como telefonistas. Entre ellas surgirá una amistad poderosa que les valdrá de soporte para enfrentarse a una época que les niega libertades y derechos.

Foto: netflix.es

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Mis propias expectativas se vieron sacudidas negativamente tras el visionado de los tres o cuatro primeros episodios, que es cuando empieza arrancar el meollo de la historia y los conflictos interesantes de ‘Las Chicas del Cable’; aún así, tampoco fue mucho mejor hasta el final de la primera temporada y, sinceramente, me da pena que no me hubiera gustado más. Porque la narrativa me parece tediosa, tarda más de lo debido en explotar los conflictos y no deja de ser demasiado simplona, lejos de encontrar una dinámica textual más honda y compleja. Esto último, para mí, quita toda la gracia a las francas intenciones de la serie.

Lejos de crear una serie más novedosa y atrevida, Bambú Producciones y sus creadores, no han salido de su agradable zona de confort: un drama de época enraizado con bastantes similitudes a ‘Velvet’. No estoy diciendo que esto sea algo negativo pero si que me esperaba algo distinto y transgresor. Desde el principio, se tiene la sensación que se está ante historias antes vistas -y desarrolladas- y eso provoca un más que acuciado aburrimiento con el paso de los capítulos.

Foto: Netflix.es

Foto: Netflix.es

El eminente tono culebronesco de la serie es demasiado para mí, al igual que los clichés -tanto en historias y personajes- que inundan ‘Las Chicas del Cable’; me resulta demasiado fácil entrever comportamientos, desarrollo y finalización de historias, y que conste, no me he sacado el título de adivino y clarividente. Sin embargo, es cierto, que con historias tan facilonas, cuando el listón era tan alto, que me resulta imposible disfrutar como es debido.

El punto de partida de ‘Las Chicas del Cable’ me parece muy interesante. El problema está en el desarrollo de su discurso, es decir, su concepto feminista no llega a ser rico y complejo más allá de la primera capa. Sin embargo, tampoco se puede discutir que se plantean conflictos interesantes: independencia, maltrato, divorcio, privación voto femenino, privación de derechos y libertades, etc.; eso sí, sin la profundidad necesaria. El rasgo positivo es que la serie muestra la dura batalla que tuvieron que librar muchas mujeres para conseguir los derechos y libertades que se les negó durante tanto tiempo y, quizás, por eso, sea importante. Las cuatro protagonistas, como todas las mujeres, luchan en una época que les resulta muy adversa, repleta de tabúes, en un país que intenta ir hacia la modernidad.

Foto: Netflix.es

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Porque realmente el edificio de telefónica representa un paso a hacia la modernidad de España; hacia la vanguardia -la primera llamada transoceánica-. Sin embargo, lo que ocurre entre sus paredes precisamente no reflejan ese paso, sino más bien, una lucha de sus protagonistas por abrir una brecha en la anquilosada sociedad machista que impera en España. A través de sus cuatro protagonistas se exploran los diferentes conflictos:  la transición del pueblo a la ciudad, la lucha por el voto femenino, la violencia doméstica, la igualdad de oportunidad, el divorcio o la sexualidad, entre otros temas.

Esta vez no me podré quejar de la duración de los capítulos ya que rondan los 50 minutos, sin embargo, si me puedo quejar de las ciertas dosis sobre explicativas y de los diálogos pobres. La menor duración no mitiga la falta de tensión y ritmo en el tramo intermedio de la primera temporada; resultando tediosa. También hay que añadir el poco nivel y actuaciones muy limitadas de gran parte del reparto, lo siento, Yon González.

‘Las Chicas del Cable’ es una serie muy floja, vistas las expectativas puesta en ella y, quizás, pase esto porque realmente no fui su público objetivo desde el minuto uno -y lo sabía-. Aún así, no dudéis en echar un vistazo a sus primeros episodios porque quizás sea tu serie.

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