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El Trabajo Social desde la óptica de un recién graduado

"En una sociedad con elevados índices de desigualdad y altos índices de opulencia, los recursos destinados al reequilibrio social son patéticos"

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Hoy me decido a escribir este artículo desde un punto de vista muy distinto por el que hasta ahora esta sección ha discurrido. Hablo desde el punto de vista del Trabajador Social graduado recientemente y en consecuencia neófito en la profesión. En este año transcurrido desde mi graduación he observado, y casi padecido, el engañoso concepto que ha arraigado en la sociedad, con la anuencia de la Administración, del concepto de Trabajo Social.

La cruda realidad, en general,  es que dicho concepto esta infelizmente anclado en el imaginario colectivo en íntima relación con el asistencialismo más arcaico. Años, más bien siglos, de pugna por superar este marco mental y creo, siempre desde mi inexperiencia, y tan solo por los aún breves contactos con el mundo profesional, tanto como usuario, como por el desempeño de funciones, o como aspirante opositor a puestos profesionales en la Administración, que esta  batalla está perdiéndose.

La figura del Trabajador Social en el sector privado está casi asimilada a la de gestor y asumo que el cortoplacismo de los resultados y los beneficios arrinconen en este espectro profesional las verdaderas habilidades y la orientación profesional nuclear para la que hemos sido preparados, reitero que lo asumo, pero entiendo que es una perversión de la esencia del Trabajo Social.

Análoga es la situación dentro de la Administración, análoga pero más sangrante, puesto que ante la inoperancia del sector privado en el fortalecimiento de la figura del Trabajo Social, debieran ser los poderes públicos, representantes de la ciudadanía y garantes de la igualdad social y los derechos inherentes al ser humano, quienes potenciaran el concepto de Trabajo Social y la figura profesional del Trabajador Social.

En una sociedad con elevados índices de desigualdad y a la vez, aunque más concentrados en una minoría, altos índices de opulencia, los recursos destinados al reequilibrio social  y los objetivos de inclusión, son patéticos.

Las administraciones trabajan con el cortoplacismo, concepto discordante con el Trabajo Social, y con el relámpago electoralista de rendir cuentas cada cuatro años. Su falta de compromiso e imaginación ahonda en el problema básico de que la mayoría de recursos son tratados bajo los mencionados parámetros cortoplacistas y por tanto destinado a mayor gloria del preboste de turno, para ello lo más fácil es seguir la filosofía del asistencialismo ya que puede plasmarse rimbombantemente en cifras estadísticas tras las cuales los resultados reales son nulos y cuya derivada es la cronificación de la desigualdad y el dilapidamiento de recursos.

Por no aburriros más, pero igualmente importante, sería también analizable críticamente nuestro papel como profesionales y/o la falta de compromiso y pérdida de ilusión. Entiendo que hay que pagar las facturas, hipotecas, o lo que fuere, y que para mayor inconveniente las administraciones son nuestros principales “patronos”, pero no todo lo puede justificar este factor, a veces es necesario decidir si somos Agentes de Cambio o Agentes de Control al servicio de los poderes más tradicionalistas y que tanto daño hacen a la médula del Trabajo Social.

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