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“Es una suerte poder conjugar el lenguaje del cine con el de la ciencia”

Arturo Mombiedro, director del galardonado cortometraje ‘El mecanismo de un botijo’ apuesta por “regresar a todo lo bueno del mundo rural”.

“No podemos meternos en cajones cerrados de conocimiento; hay que abrirnos, hay que mezclarnos y saber de todo”.

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El cineasta Arturo Mombiedro

El cineasta Arturo Mombiedro

Romperse el brazo con 8 años le cambió la vida. Estando en el hospital conoció al literato conquense Gustavo Villalba, que le introdujo en el mundo del teatro, la antesala de lo que sería después su pasión por el cine. Y decir pasión no resulta manido en este caso. Porque con solo 20 años, Arturo Mombiedro ya ha dedicado la mitad de su vida a hacer películas. Este estudiante de Farmacia, nacido en Madrid pero criado en Cuenca, ha revolucionado los códigos cinematográficos y las redes sociales con su cortometraje ‘El mecanismo de un botijo’, ganador del Certamen Nacional Reacciona, en el que explica la capacidad de enfriamiento de este recipiente tradicional de manera tan científica como sencilla.

Mombiedro ha conseguido este galardón tras haberse quedado a las puertas en la edición anterior, en el que realizó un cortometraje sobre el indicador de PH de la lombarda. Decidió volver a intentarlo con otro tema totalmente diferente. Había estado investigando sobre la físico-química del botijo, y consultando con una profesora, ambos descubrieron la tesis que sobre esta vasija había hecho el doctor Gabriel Pinto en 1990. “Descubrimos un mundo apasionante sobre el botijo, así que me puse a hacer el vídeo para explicar de la manera más sencilla y didáctica una ecuación tan compleja”.

No se trata de un hecho baladí. El primer botijo del mundo se descubrió en un pueblo de Almería aproximadamente en el año 2000 a.C. y se trata de uno de los inventos más revolucionarios de la historia. Este joven cineasta considera fundamental reivindicarlo como recipiente tradicional. Y va más allá: “a lo mejor es lo que le hace falta a la sociedad española, reinventar lo que hubo años atrás, quedarse con lo que sigue funcionando; a lo mejor tenemos que volver a lo bueno que tiene lo rural”.

Desde luego, el premio Reacciona ha venido darle la razón. Dice que para él ha supuesto como el Goya de Honor que este año recibió Antonio Banderas, “como una nueva etapa de mi vida”. “Llevo diez años haciendo películas y esto es un punto de inflexión en el que se ha reconocido toda una carrera. Para mí es un orgullo y ahora solo tengo ganas de continuar haciendo películas todos los años de mi vida”, destaca.

Pero la trayectoria de Mombiedro no es la típica de cualquier otro profesional del cine. Comenzó a estudiar audiovisuales en Aranjuez, y en los exámenes finales del primer curso, decidió que su vocación no era esa, sino la Farmacia. Ahora estudia tercero de esta carrera y no cree se dedique profesionalmente al cine “porque lo terminaré desvirtuando”. Tiene claro que quiere compatibilizar su futuro trabajo como investigador o docente con hacer películas. “No lo he dejado ahora, así que no lo voy a dejar nunca. Estoy convencido de que voy a hacer películas siempre”.

Sus estudios de Farmacia le inspiraron el cortometraje ganador

Precisamente han sido sus estudios de Farmacia, con una vocación también muy temprana, los que le han ayudado para tener un bagaje de conocimiento que “no habría tenido” si hubiese seguido estudiando audiovisuales. Porque “no se trata solo de química, física y biología, se trata también de una visión humanista de la vida”. Tanto es así que fue esa percepción la inspiradora de ‘El mecanismo de un botijo’.

“Es una suerte poder conjugar el lenguaje del cine y el lenguaje de la ciencia y si sabes cómo explicar en imágenes algo complejo, y tienes una parte de espectadores que está sin explotar o mal explotada, ya tienes todo ganado”. Mombiedro opina que en pleno siglo XXI es absurdo diferenciar entre letras y ciencias: “no podemos meternos en cajones cerrados de conocimiento, hay que abrirnos, hay que mezclarnos y saber de todo”.

Todo el trabajo realizado por este joven no solo ha dado como fruto el premio del Certamen Reacciona. También ha montado la asociación Mombi Entretiéneme, que actualmente cuenta con 40 miembros y que tiene como único objetivo “seguir haciendo películas” mediante la autofinanciación, con un carácter abierto a todos aquellos que quieran aportar ideas y guiones para futuras historias.

Lejos de las recurrentes etiquetas con las que suele catalogarse a los jóvenes de su generación, Mombiedro ha demostrado, desde aquella particular historia que rodó bajo el nombre ‘Un pelo en la sopa’, su antecedente más conocido, que “hay que tener la voluntad y la valentía de tirarse al charco”. “Hay que ser valiente para equivocarse, para volver a hacerlo una vez más y perseverar. Hay que creer en uno mismo y si tienes un entorno que cree en ti, pues ya lo tienes todo”, concluye.

A continuación, ‘El mecanismo de un botijo’:

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