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De los veranos en Caracenilla a investigar cuevas lunares con la NASA

La Agencia Espacial americana se ha interesado por un proyecto que simula el transporte de luz del joven científico de raíces conquenses Adrián Jarabo

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Adrián Jarabo

Adrián Jarabo Foto: Fundación BBVA

Adrián Jarabo es maño pero su familia es de Caracenilla, donde residen sus padres, y tiene una estrecha relación con esta tierra. Este joven científico de raíces conquenses colaborará con la NASA gracias a un proyecto de investigación que ha recibido una beca Leonardo de la Fundación BBVA.

Jarabo estudió Ingeniería Informática en Zaragoza porque le gustaba el mundo de los videojuegos. “Al terminar la carrera me había centrado fundamentalmente en informática gráfica, en hacer imágenes por ordenador. Eso, que al final es lo que vemos en las películas de animación, requiere simular los procesos físicos del transporte de luz. Así, durante mi tesis doctoral investigué técnicas para este tipo de simulaciones de la forma más precisa posible colaborando, junto con compañeros de mi grupo, con colegas del Instituto de Tecnología de Massachusetts y la Universidad de Wisconsin. Y a raíz de esto empezamos a trabajar en este proyecto”, explica.

Se trata del primer sistema capaz de capturar videos con una resolución temporal de un billón de fotogramas por segundo, y de grabar así “a cámara lenta” cómo la luz se propaga e interactúa con la materia. Esta tecnología ha abierto un gran número de aplicaciones en visión por computador y reconocimiento de escenas. Entre ellas, una de las más excitantes es la posibilidad de ver a través de esquinas.

Este proyecto se enmarca en una colaboración con la NASA, y el objetivo a largo plazo es usar esta tecnología en la exploración remota de cuevas lunares. En palabras del investigador, la clave consiste en utilizar cámaras ultra-rápidas, con resolución efectiva de alrededor del billón de fotogramas por segundo, “que nos permiten ver cómo la luz se propaga y rebota en las superficies a casi 300.000 kilómetros por segundo. Esto nos revela qué distancia ha recorrido la luz desde que se emite hasta que la recibe la propia cámara y, en base a esta distancia y con suficientes medidas, podemos tratar de invertir computacionalmente el camino que ha seguido la luz, y reconstruir con qué superficies (visibles y no visibles) ha rebotado, y dónde están esas superficies”.

El problema es que, a día de hoy, las técnicas computacionales de reconstrucción no son suficientemente robustas como para su uso fuera de condiciones controladas.

Por ello, el objetivo inicial es sacar esas técnicas del laboratorio al mundo real. “La idea es que a largo plazo seamos capaces de integrar este tipo de cámaras ultra-rápidas en un satélite y que los sistemas de medida y reconstrucción sean lo suficientemente fiables para poder reconstruir de forma remota las posibles cuevas lunares”, señala Jarabo.

Si se demuestra que es una tecnología viable fuera del laboratorio ya podría utilizarse en otras aplicaciones en la tierra por ejemplo para observar partes de una escena que no sean directamente visibles como misiones de rescate, coches autoconducidos, puntos ciegos en cámaras de vigilancia o defensa.

Si la tecnología descubierta es viable tendrá aplicaciones prácticas en la Tierra

El currículum de Adrían quita el hipo: investigador post-doctoral en el Graphics and Imaging Lab de la Universidad de Zaragoza, ha colaborado, además de con la Agencia Espacial americana, con universidades estadounidenses y con compañías como Microsoft y Disney. Ha realizado estancias en Trinity College Dublin, Microsoft Research Asia, Tsinghua University y University of Wisconsin – Madison. Es revisor habitual en las mejores revistas y conferencias del área y el año pasado recibió el Eurographics PhD Thesis Award, por una de las tres mejores tesis en informática gráfica en Europa.

Sin embargo, y como muchos otros jóvenes investigadores “y no tan jóvenes”, ve el futuro de la Ciencia “complicado”. “Seguimos teniendo un problema enorme de pérdida de gente muy buena que se va, o que no puede conseguir cierta estabilidad para poder investigar a medio-largo plazo. Además, en mi experiencia, es muy complicado atraer talento de fuera, con lo que a ese respecto tenemos un déficit de personal muy importante”.

A esto se une la enorme cantidad de trámites burocráticos que son necesarios debido a una falta de normativa específica adaptada a la investigación y la falta de financiación, lo que dificulta las contrataciones, la adquisición de material o las estancias. Pese a las dificultades, dice, en términos de producción científica el avance de los últimos años es muy significativo “lo cual muestra que hay gente muy buena, haciendo cosas muy interesantes”. Considera además que haber puesto al frente del Ministerio de Ciencia e Innovación al astronauta e ingeniero aeronáutico Pedro Duque supone, al menos, “toda una declaración de intenciones”.

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