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10 trucos para ahorrar dinero en el supermercado en la cuesta de septiembre

Tras el periodo vacacional, nuestros bolsillos suelen estar vacíos y por lo tanto es cuando más duelen los excesos en la cuenta al salir del supermercado

Las grandes superficies están diseñadas para que compremos más de la cuenta y sobre todo cosas que en realidad no necesitamos

Existen sin embargo trucos para evitar que los estímulos que nos impulsan a la compra acaben por ganarnos la partida

Foto: U.S. Department of Agriculture

Foto: U.S. Department of Agriculture

Nos suele pasar a muchas y muchos que entramos en super semanalmente necesitando cosas acaso por el valor de 100 euros y salimos con una cuenta de 300 euros y un montón de productos de más, una buena parte de los cuales no sabemos si realmente los necesitamos, y algunos de ellos desgraciadamente destinados a pasarse en la alacena o pudrirse en el frutero o la nevera.

Neuromarketing, el diablillo que nos susurra sentado en un hombro

Son las compras compulsivas y desordenadas de aquellas personas que no pueden resistirse a la fuerza del neuromarketing, la ciencia perversa que domina tanto los diseños como la distribución de productos e incluso los trayectos en el laberinto de pasillos de las grandes superficies. Porque en el neuromarketing todo está pensado y concebido para que nosotros dejemos de pensar y nos llevemos por el impuso y el deseo de adquisición. Este artículo lo explica de una manera muy gráfica.

Se trata de una disciplina a caballo entre la psicología y la mercadotecnia que lleva décadas estudiando qué es lo que más nos llama la atención de los productos, así como el modo de estimular en nuestro cerebro el deseo de comprar todo tipo de cosas sin importar que en realidad no las necesitemos. Es decir que es como el pequeño diablillo rojo de los cómics, que se sienta en uno de nuestros hombros susurrándonos hacer cosas por instinto y sin pensar las consecuencias. 

Fot: Oswaldo Rubio

Fot: Oswaldo Rubio

Poner en el otro hombro al angelito del neo-cortex cerebral

Así, el neuromarketing se ocupa de que la decoración del interior de los supermercados sea acogedora y formada por pasillos estrechos que nos hagan sentir protegidos. Adicionalmente añadirá olores y música ambiental agradables, para que no queramos salir. También procura que los colores que nos rodean sean una combinación de tonos relajantes, como las hojas del bosque, con otros chillones, como los frutos.

Por eso el embalado de muchos productos tiene gran presencia del rojo, el naranja o el amarillo, etc., para llamar nuestra atención. Se encarga además de que los productos estén distribuidos en los pasillos de una manera aparentemente caótica. Pero nada es por casualidad ni desordenado en el neuromarketing; lo que ocurre es que no apela a nuestro lado racional y cartesiano en cuando a la concepción del espacio, sino que busca los aspectos más oscuros e instintivos de nuestra mente, los impulsos límbicos y reptilianos, que son los que modulan desde el deseo sexual al de comer o adquirir determinados productos. 

Por ejemplo, si nos fijamos bien, veremos que los productos se disponen a diferentes alturas, de modo que los de adultos están a la altura de los ojos de estos y los de los niños más abajo, para que los puedan ver estos y los reclamen. También comprobaremos que el aparente caos laberíntico no tiene otro objetivo que el de hacernos pasar por el máximo de pasillos, de modo que nos expongamos visualmente al máximo de productos, y por tanto excitemos nuestro deseo de compra.

Frente a esta tentación constante, que nos acecha una vez dentro de esta "selva de productos" que puede ser una gran superficie, no debemos dejarnos vencer y asumir que siempre gastaremos el triple de lo que queremos y necesitamos, y mucho menos en la cuesta de septiembre, uno de los periodos del año en el que más necesitamos contener la economía doméstica. Hay esperanza y se llama neo-cortex cerebral, es decir la zona de nuestro cerebro que toma las decisiones de manera racional, como el angelito que se sitúa en el hombro opuesto al diablillo del neuromarketing. 

Foto: Wikimedia Commons

Foto: Wikimedia Commons

Si le ayudamos, el neo-cortex cerebral es capaz de modular y vencer los impulsos irracionales, pero para ello debemos reducir al máximo nuestra exposición a las tentaciones del neuromarketing. A tal fin te ofrecemos diez trucos sencillos que ayudarán a tu neo-cortex cerebral a vencer al neuromarketing, y a ti a ahorrar dinero en la cuenta del super.

Diez trucos para ahorrar dinero en el supermercado

1. Ir siempre con el estómago lleno

Norma básica principal es no ir nunca con sensación de hambre, pues cualquiera de nosotros ha comprobado que cuando tenemos hambre tendemos a comprar alimentos de manera compulsiva con el fin de saciarla. Como no podemos hacerlo en pleno súper, seguimos llenando el carrito. Así que ir siempre comidos, aunque sea de unas piezas de fruta o un bocadillo.

2. Hacer en casa una primera lista de los productos estrictamente necesarios

La segunda norma es salir con la lista de los imprescindibles, lo que de verdad necesitamos; seguramente es una lista triste, pero ajustada a la realidad.

3. Realizar una segunda de posibles caprichos y productos innecesarios

No obstante, podemos ilusionarnos luego con la lista de los posibles caprichos que nos gustaría permitirnos pero que en el fondo no necesitamos, al menos psicológicamente. Por ejemplo, sería la diferencia entre una pechuga de pollo o unas hamburguesas de pollo con queso fundido dentro. Necesitamos carne blanca, pero las deseamos en forma de hamburguesa, que es el capricho. También calificaremos los productos que en un momento dado consideremos innecesarios en lo que puede ser una tercera lista.

4. Fijar una cantidad límite a gastar

Es el momento de cruzar las dos listas con el presupuesto, es decir con lo que nos podemos gastar para ir bien durante el mes. Pongamos que son 120 euros; en ellos tienen que estar al menos los imprescindibles y si sobra dinero, podemos dar juego a alguno de los caprichos según orden de oportunidad, excluyendo siempre los innecesarios. Por ejemplo, la carne es necesaria, la hamburguesa un capricho y el pollo en salsa barbacoa picante puede ser innecesaria a todas luces. Ahí cada uno juega con sus preferencias, pero ciñéndonos a presupuesto.

5. Optar por las cestas y evitar el carro

Otra regla de oro es tomar siempre la cesta más pequeña, o si se quiere más ajustada a la compra que se vaya a hacer, ya que a la sensación de vacío que provoca una cesta o carro grande se contrapone con la necesidad de llenarla. En cambio la cesta o cestas menores, cuando se llenan ofrecen sensación de plenitud, como una especie de saciedad del deseo de adquirir. Si somos dos o más podemos coger una cesta cada uno.

6. Seguir las indicaciones para ir directamente a los productos

Aunque los pasillos resulten laberínticos y caóticos, si miramos para el techo veremos que hay indicaciones de qué podemos encontrar en casa pasillo, y en algunos casos nos ayudarán a ir lo más directos posibles a la fila donde están los productos necesarios. Nos ahorraremos así muchas tentaciones.

7. Evitar ir con niños

Si es posible, mejor no llevar a los niños, ya que van más lentos y su deseo por los productos destinados a ellos está más exacerbado. Es algo que el neuromarketing explota poniendo golosos alimentos y juguetes a la altura de sus ojos. Y ya se sabe que cuando se proponen conseguir algo, los niños pueden llegar a ponerse muy pesados. Hasta el punto de sobrecargar sustancialmente el gasto con productos superfluos cuando no llenos de azúcares y grasas.

8. Cuidado con los packs 2x1, 3x2, etc.

¿Necesitamos realmente un exceso de cervezas, café de máquina, latas de atún u otras cosas que se nos ofrecen en los packs ahorro? El problema no es que tomemos un pack una semana en concreto, sino que lo hagamos por norma y vayamos acumulando más existencias de las que necesitamos mientras crece la cuenta…

9. Aceptar solo las ofertas en los productos de la primera lista

Las ofertas siempre son tentadoras, pero suelen producirse en productos cercanos a su caducidad, o bien cuando una marca quiere dar a conocerse en el mercado. Puede que coincida con los productos que necesitemos y con nuestra coyuntura, por ejemplo que el producto se pueda congelar o que nos apetezca probar la nueva marca. Fuera de estas circunstancias, nos grabaremos en la psique la norma de rechazarlas, especialmente las que se reparten cerca de las cajas de pago.

10. Comparar los precios sobre una misma base unitaria

Finalmente, un gran truco para no caer víctimas de la confusión de medidas, volúmenes, pesos y formatos en que se presenta el producto, es mirar siempre a cuanto sale el kilo de materia cuando comparamos dos marcas diferentes de una misma cosa. Es algo que se debe indicar en la etiqueta por ley, precisamente para facilitarnos la ponderación de cantidades y precios. 

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