eldiario.es

9

ConsumoClaro ConsumoClaro

Los diez mitos más extendidos sobre los alimentos irradiados

Esta técnica implica el uso de barras de los isótopos radioactivos cobalto-60 y cesio-137 para esterilizar diversos productos alimentarios. 

Foto: Wikimedia Commons

Las ancas de rana, que Francia importa de Asia, frecuentemente son irradiadas. Foto: Wikimedia Commons

La irradiación de alimentos, es decir el uso de isótopos radioactivos que emiten rayos gamma como forma de esterilizar los más diversos productos alimentarios, es una técnica que se ha propuesto desde diferentes organizaciones y gobiernos como una alternativa a los tratamientos químicos, ya sean herbicidas o insecticidas. Se considera la irradiación una forma ecológica, limpia, eficaz y a la larga barata de eliminar microorganismos e insectos que causan plagas en cosechas almacenadas, y también de retrasar la germinación de los frutos y semillas.

Así mismo, se puede aplicar sobre carnes y derivados lácteos para mejorar su conservación y asegurar que sus niveles microbiológicos no suponen un peligro para el consumidor. Se considera una técnica ideal para países en vías de desarrollo que exportan productos agrícolas, de ganadería o pesca a largas distancias, ya que asegura que el viaje no alterará sus cualidades. Tailandia, Corea o Indonesia, así como Argentina, Brasil o México, irradian muchos de los productos que exportan para mejorar su conservación.

Sin embargo, no pocos consumidores tienen reticencias a este proceso que implica pasar los alimentos por el fondo una piscina repleta de radiaciones gamma, gracias a la presencia de una barra del isótopo radioactivo que a cielo abierto podría resultar letal. La creencia generalizada en algunos sectores es que la radiación destruye el alimento, merma sus cualidades o lo altera de forma que lo convierte en cancerígeno. 

Foto: Wikimedia Commons

'Radura' es el símbolo que aparece en el etiquetado de los alimentos irradiados. Foto: Wikimedia Commons

De este modo, el rechazo a estos procesos ha calado hondo en países como España, donde sólo se irradian unos pocos productos y siempre con destino a la importación. ¿Hay motivo para tales miedos? ¿Es la irradiación de alimentos peligrosa para las personas y el medio ambiente? ¿Podría acelerar las mutaciones en microorganismos e insectos haciéndolos inmunes? Este artículo intentará contestar estas preguntas y algunas otras.

Diez mitos sobre la irradiación de alimentos

  1. Se utilizan residuos nucleares para irradiar los alimentos: las plantas de irradiación de alimentos son instalaciones que pueden costar entre dos y tres millones de euros, lo cual no las hace precisamente baratas. La mayor parte de sus componentes están pensados para dar total seguridad al proceso y por supuesto las barras de cobalto-60 y cesio-137 empleadas son destinadas expresamente a este proceso tras haber estado sujetas a numerosos controles. Al menos así lo asegura el Organismo Internacional de Energía Atómica.
  2. Los alimentos resultantes pueden ser radiactivos: los alimentos radiados podrían en todo caso sufrir alteraciones genéticas o de su estructura física debido a la radiación, pero nunca emitir ellos radiación. La radiación solo la pueden emitir los isótopos radioactivos y estos no llegan en ningún caso al alimento.
  3. La radiación altera la estructura de los alimentos y los puede hacer cancerígenos: los niveles de radiación a los que se someten la mayoría de productos son inferiores a 10 kiloGray, una medida de radiación cuyos efectos son similares a la pasteurización de la leche, pero que no los esterilizan. Si bien muchos científicos creen que incluso a niveles superiores de radiación no tendrían efecto peligroso sobre la estructura de los productos, por ejemplo creando radicales libres, se toman los 10 kiloGray como límite preventivo.
  4. Puede crear mutantes resistentes: es pura especulación. La generación de especies de microorganismos mutantes o de insectos resistentes al tratamiento no tiene por qué ser en este caso mayor que la que se provoca con los tratamientos antibióticos, donde sí se generan cepas peligrosas de superbacterias. Respecto a insectos resistentes, el abuso de insecticidas tiene gran culpa de la existencia de los mismos. 
  5. La irradiación altera los sabores y puede estropear los alimentos: en cuanto a los sabores, es posible que sea así en algunas ocasiones, como en las patatas, donde puede provocar una hidrólisis en el almidón que de como resultado moléculas de glucosa. También se ha comprobado que enrancia las grasas, sobre todo las lácteas. En consecuencia, estos productos no suelen ser tratados con irradiación. En el caso de verduras, frutas, pescados o carnes magras las alteraciones de sabor no superan a las que provocan otros tratamientos. Respecto a estropear los alimentos, es cierto que puede incidir sobre algunas vitaminas hidrosolubles de las frutas y las verduras, y liposolubles en el caso de lácteos y carnes grasas. Pero se cree que lo hace en menor medida de lo que lo haría un tratamiento con calor, por ejemplo. Además se ha visto que la destrucción no es total, y que los niveles vitamínicos restantes son suficientes para saciar cualquier déficit de un individuo sano.
  6. La irradiación tiene como único objetivo aumentar la duración de un producto en el lineal de distribución: si bien es cierto que mejora la resistencia de los productos en el tiempo, ello se debe a que elimina muchos de los organismos que intervienen en su descomposición. Y también otros bastante peligrosos para los humanos como Escherichia coli O150:H7, Salmonela tifi o Campylobacter jejuni. Con la irradiación se asegura la eliminación de muchos de los potenciales patógenos de los alimentos y se eleva la seguridad alimentaria. Se calcula que en Estados Unidos mueren unas 9.000 personas al año por causa de estas bacterias.
  7. La irradiación es una práctica del capitalismo neoliberal: aunque es muy útil al comercio global, pues permite mover con seguridad alimentos de un extremo a otro del planeta, su origen se sitúa en 1904, cuando se registró la primera patente sobre esta práctica. Posteriormente fue usada para conservar los alimentos de los Marine durante la Guerra de Corea y más tarde los de los astronautas. Su paso a los tratamientos industriales ha tenido más éxito en los países pobres que en el Primer Mundo, porque permite tratar con rapidez grandes volúmenes de producto y asegura las cosechas contra los insectos predadores.
  8. Solo se usa en los Estados Unidos: también se usa en Canadá, China, Sudáfrica, Holanda, Bélgica, Francia e Inglaterra, por ejemplo. Y a pesar de que la legislación Europea es muy restrictiva respecto a su uso -solo permite por defecto irradiar especias, hierbas secas y condimentos- numerosos países añaden anualmente excepciones que son aceptadas siempre que se sigan los preceptivos controles.
  9. En España abundan los productos irradiados en los lineales: en nuestro país son totalmente inexistentes los productos irradiados, a no ser que sean importados. En primer lugar porque la legislación apenas permite tratar con radiación unos pocos, y en segundo porque el rechazo es tan grande que ni distribuidores ni productores quieren arriesgarse a sufrir el rechazo de los consumidores. Solo se irradian especias y condimentos destinados a la exportación.
  10. No se puede saber si un producto está irradiado: se puede saber, o se debería saber, gracias a su etiquetado. Los alimentos irradiados deben llevar una etiqueta que indica el tratamiento al que han sido sometidos y que presenta el símbolo 'radura'. Sin embargo, en el pasado se han detectado alimentos irradiados de importación en nuestro país, si bien se cuentan pocos casos.  

Si no te quieres perder ninguno de nuestros artículos,  suscríbete al boletín de ConsumoClaro 

Además te recomendamos: 

Foto: Wkimedia Commons

Adiós carne, hola vegetales: ¿cómo sería un mundo completamente vegano?

Comentar

Enviar comentario

Comentar

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha