Aritmofobia: ¿sudas de pánico cuando tienes que hacer cuentas domésticas?

Los tipos de fobia que existen son innumerables y algunos casi increíbles: se puede experimentar ese pánico irracional hacia prácticamente cualquier cosa. Por eso, no es extraño que exista una fobia a los números o la matemática, una asignatura que genera dolores de cabeza en muchas personas.

Realidad virtual aplicada a las fobias: cómo ayuda a superarlas

Más

Es llamada aritmofobia, aunque también se usan otras denominaciones, como numerofobia o matefobia. Un estudio de la Universidad de Nevada, en Estados Unidos, la define como “la sensación de tensión y miedo que dificulta el manejo de números, así como la resolución de problemas matemáticos en diversas situaciones”.

Los autores detallan que “en algunos afectados, la fobia a las matemáticas es leve y conduce a la frustración”, mientras que otros la sufren con mayor intensidad y “luchan contra auténticos arrebatos emocionales cuando se enfrentan a ejercicios de cálculo”.

En los casos más graves, la necesidad de calcular el costo de una compra o la propina para el camarero o la mera observación de números en un cartel pueden originar sensaciones de nerviosismo o ansiedad.

Síntomas de la aritmofobia

De forma similar a otras fobias, la aritmofobia puede generar síntomas físicos: desde sudoración excesiva y aumento de los ritmos cardiaco y respiratorio y de la tensión sanguínea, hasta dolor de cabeza, náuseas, malestar estomacal e hiperventilación.

También suelen aparecer síntomas conductuales, como la evitación del estímulo temido: en este caso, los cálculos o los números. Un tercer conjunto de efectos son los cognitivos: por un lado, algunos comunes a todas las fobias, como angustia, confusión y pensamientos catastrofistas.

Pero, por el otro, la aritmofobia tiene consecuencias relacionadas de manera específica con los números y las operaciones matemáticas. En concreto, afecta el rendimiento de las personas que la padecen al momento de realizar cálculos. Lo han comprobado algunos estudios científicos.

Investigadores de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, realizaron un experimento con un grupo de personas de alto rendimiento intelectual (con una elevada memoria de trabajo, la que se encarga de almacenar datos de forma temporal y permite resolver esa clase de problemas) y distintos grados de aritmofobia.

El rol del estrés

Los científicos midieron los índices de cortisol -la “hormona del estrés”- en la saliva de esas personas antes y después de enfrentarse a una serie de operaciones matemáticas complejas.

Hallaron que, en las personas más aritmofóbicas, los mayores niveles de estrés coincidían con un peor rendimiento en la resolución de los ejercicios. Para ellos, los cálculos matemáticos representan un obstáculo tan grande que su rendimiento intelectual se debilita y queda por debajo de su verdadera capacidad.

En los que padecían una aritmofobia moderada, sin embargo, el estrés causó el efecto contrario: el rendimiento mejoró. Un estudio posterior, realizado por científicos de Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá, llegó a conclusiones similares.

Hay, en esos casos, una clave: la motivación. Si las personas con niveles bajos de aritmofobia están lo suficientemente motivadas, los problemas matemáticos se presentan como desafíos y se tornan un estímulo positivo, pues generan el deseo de resolverlos.

Miedo anticipatorio ante los números

Otros estudios fueron aún más allá. Un trabajo realizado en la Universidad de Stanford, también en Estados Unidos, analizó con resonancia magnética la actividad cerebral de niños de entre 7 y 9 años mientras se enfrentaban a una serie de cálculos sencillos.

Las imágenes mostraron que, en los niños que experimentaban mayor ansiedad ante la matemática, la amígdala (el área cerebral donde se procesa el miedo) se activaba con mayor intensidad y establecía más conexiones con otras regiones vinculadas a esa misma sensación.

En ese miedo anticipatorio podría estar la clave del origen de la aritmofobia, y también de posibles tratamientos para remediarla. ¿Cómo surge ese miedo? En muchas ocasiones, tal como sucede con otras fobias, todo comienza con una experiencia traumática. Puede ser, por ejemplo, un examen de matemática que obligue a resolver muchos ejercicios en un muy breve lapso de tiempo.

La presión y el estrés de una situación como esa puede hacer que la matemática o los números en general queden asociados con una sensación tan negativa que produzca ansiedad cada vez que reaparezcan en el futuro.

Así lo explica Jo Boaler, profesora especializada en la enseñanza de la matemática, también de la Universidad de Stanford, en una análisis de los estudios existentes sobre la cuestión.

Pero la fobia también puede aparecer a causa de lo que se denomina el condicionamiento vicario: por presenciar un episodio traumático sufrido por otra persona, o porque el miedo sea propiciado por las opiniones y los comentarios de alguien más.

Otro estudio del ya citado equipo de la Universidad de Chicago descubrió que las maestras de escuela primaria que experimentan algún grado de ansiedad ante las matemáticas la transmiten en sus clases.

Y no solo eso: en muchos casos también transmiten el prejuicio de que “los niños son buenos en matemática y las niñas son buenas en lectura”. De hecho, las niñas experimentaban más miedo que los niños ante los exámenes de matemáticas, aunque luego las calificaciones no eran mejores o peores en función del género.

Qué hacer ante la aritmofobia

La aritmofobia forma parte del grupo de las fobias específicas, según la clasificación de la última edición de ‘Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales’ (DSM-5). Es decir, forma parte del mismo grupo que las fobias a volar, a hablar en público, a recibir inyecciones, etc.

Tales fobias no siempre necesitan tratamiento. Si los números o los cálculos generan una ligera inquietud o un cierto bloqueo, seguramente no haga falta hacer nada. Pero sí conviene tomar medidas cuando producen reacciones físicas y psicológicas y muy intensas. Y sobre todo cuando perjudican la vida social, académica o laboral.

En general, la forma más efectiva de tratamiento consiste en la terapia psicológica. Sobre todo, la terapia cognitivo-conductual; para estos casos, se utilizan sobre todo las técnicas de exposición, que consisten en que la persona afectada se enfrente poco a poco al estímulo que le produce el pánico irracional.

Esto se combina a menudo con técnicas de relajación (respiración, meditación, etc.), en procura de que se produzca una desensibilación sistemática y que el elemento en cuestión deje de producir ese miedo y de afectar la cotidianeidad -y por ende la calidad de vida- del paciente.

Si no te quieres perder ninguno de nuestros artículos, suscríbete a nuestros boletines

Los tipos de fobia que existen son innumerables y algunos casi increíbles: se puede experimentar ese pánico irracional hacia prácticamente cualquier cosa. Por eso, no es extraño que exista una fobia a los números o la matemática, una asignatura que genera dolores de cabeza en muchas personas.

Realidad virtual aplicada a las fobias: cómo ayuda a superarlas

Más

Es llamada aritmofobia, aunque también se usan otras denominaciones, como numerofobia o matefobia. Un estudio de la Universidad de Nevada, en Estados Unidos, la define como “la sensación de tensión y miedo que dificulta el manejo de números, así como la resolución de problemas matemáticos en diversas situaciones”.

Los autores detallan que “en algunos afectados, la fobia a las matemáticas es leve y conduce a la frustración”, mientras que otros la sufren con mayor intensidad y “luchan contra auténticos arrebatos emocionales cuando se enfrentan a ejercicios de cálculo”.

En los casos más graves, la necesidad de calcular el costo de una compra o la propina para el camarero o la mera observación de números en un cartel pueden originar sensaciones de nerviosismo o ansiedad.

Síntomas de la aritmofobia

De forma similar a otras fobias, la aritmofobia puede generar síntomas físicos: desde sudoración excesiva y aumento de los ritmos cardiaco y respiratorio y de la tensión sanguínea, hasta dolor de cabeza, náuseas, malestar estomacal e hiperventilación.

También suelen aparecer síntomas conductuales, como la evitación del estímulo temido: en este caso, los cálculos o los números. Un tercer conjunto de efectos son los cognitivos: por un lado, algunos comunes a todas las fobias, como angustia, confusión y pensamientos catastrofistas.

Pero, por el otro, la aritmofobia tiene consecuencias relacionadas de manera específica con los números y las operaciones matemáticas. En concreto, afecta el rendimiento de las personas que la padecen al momento de realizar cálculos. Lo han comprobado algunos estudios científicos.

Investigadores de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, realizaron un experimento con un grupo de personas de alto rendimiento intelectual (con una elevada memoria de trabajo, la que se encarga de almacenar datos de forma temporal y permite resolver esa clase de problemas) y distintos grados de aritmofobia.

El rol del estrés

Los científicos midieron los índices de cortisol -la “hormona del estrés”- en la saliva de esas personas antes y después de enfrentarse a una serie de operaciones matemáticas complejas.

Hallaron que, en las personas más aritmofóbicas, los mayores niveles de estrés coincidían con un peor rendimiento en la resolución de los ejercicios. Para ellos, los cálculos matemáticos representan un obstáculo tan grande que su rendimiento intelectual se debilita y queda por debajo de su verdadera capacidad.

En los que padecían una aritmofobia moderada, sin embargo, el estrés causó el efecto contrario: el rendimiento mejoró. Un estudio posterior, realizado por científicos de Estados Unidos, el Reino Unido y Canadá, llegó a conclusiones similares.

Hay, en esos casos, una clave: la motivación. Si las personas con niveles bajos de aritmofobia están lo suficientemente motivadas, los problemas matemáticos se presentan como desafíos y se tornan un estímulo positivo, pues generan el deseo de resolverlos.

Miedo anticipatorio ante los números

Otros estudios fueron aún más allá. Un trabajo realizado en la Universidad de Stanford, también en Estados Unidos, analizó con resonancia magnética la actividad cerebral de niños de entre 7 y 9 años mientras se enfrentaban a una serie de cálculos sencillos.

Las imágenes mostraron que, en los niños que experimentaban mayor ansiedad ante la matemática, la amígdala (el área cerebral donde se procesa el miedo) se activaba con mayor intensidad y establecía más conexiones con otras regiones vinculadas a esa misma sensación.

En ese miedo anticipatorio podría estar la clave del origen de la aritmofobia, y también de posibles tratamientos para remediarla. ¿Cómo surge ese miedo? En muchas ocasiones, tal como sucede con otras fobias, todo comienza con una experiencia traumática. Puede ser, por ejemplo, un examen de matemática que obligue a resolver muchos ejercicios en un muy breve lapso de tiempo.

La presión y el estrés de una situación como esa puede hacer que la matemática o los números en general queden asociados con una sensación tan negativa que produzca ansiedad cada vez que reaparezcan en el futuro.

Así lo explica Jo Boaler, profesora especializada en la enseñanza de la matemática, también de la Universidad de Stanford, en una análisis de los estudios existentes sobre la cuestión.

Pero la fobia también puede aparecer a causa de lo que se denomina el condicionamiento vicario: por presenciar un episodio traumático sufrido por otra persona, o porque el miedo sea propiciado por las opiniones y los comentarios de alguien más.

Otro estudio del ya citado equipo de la Universidad de Chicago descubrió que las maestras de escuela primaria que experimentan algún grado de ansiedad ante las matemáticas la transmiten en sus clases.

Y no solo eso: en muchos casos también transmiten el prejuicio de que “los niños son buenos en matemática y las niñas son buenas en lectura”. De hecho, las niñas experimentaban más miedo que los niños ante los exámenes de matemáticas, aunque luego las calificaciones no eran mejores o peores en función del género.

Qué hacer ante la aritmofobia

La aritmofobia forma parte del grupo de las fobias específicas, según la clasificación de la última edición de ‘Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales’ (DSM-5). Es decir, forma parte del mismo grupo que las fobias a volar, a hablar en público, a recibir inyecciones, etc.

Tales fobias no siempre necesitan tratamiento. Si los números o los cálculos generan una ligera inquietud o un cierto bloqueo, seguramente no haga falta hacer nada. Pero sí conviene tomar medidas cuando producen reacciones físicas y psicológicas y muy intensas. Y sobre todo cuando perjudican la vida social, académica o laboral.

En general, la forma más efectiva de tratamiento consiste en la terapia psicológica. Sobre todo, la terapia cognitivo-conductual; para estos casos, se utilizan sobre todo las técnicas de exposición, que consisten en que la persona afectada se enfrente poco a poco al estímulo que le produce el pánico irracional.

Esto se combina a menudo con técnicas de relajación (respiración, meditación, etc.), en procura de que se produzca una desensibilación sistemática y que el elemento en cuestión deje de producir ese miedo y de afectar la cotidianeidad -y por ende la calidad de vida- del paciente.

Si no te quieres perder ninguno de nuestros artículos, suscríbete a nuestros boletines

Los tipos de fobia que existen son innumerables y algunos casi increíbles: se puede experimentar ese pánico irracional hacia prácticamente cualquier cosa. Por eso, no es extraño que exista una fobia a los números o la matemática, una asignatura que genera dolores de cabeza en muchas personas.

Realidad virtual aplicada a las fobias: cómo ayuda a superarlas

Más

Es llamada aritmofobia, aunque también se usan otras denominaciones, como numerofobia o matefobia. Un estudio de la Universidad de Nevada, en Estados Unidos, la define como “la sensación de tensión y miedo que dificulta el manejo de números, así como la resolución de problemas matemáticos en diversas situaciones”.