Hipo: ¿existe realmente un sistema eficaz para librarse de él?

Foto: Pixabay

Marta Chavarrías

Aparece sin avisar, casi de forma repentina, sin dar señales ni bajo ninguna razón aparente. Es muy característico y rara vez puede confundirse con otra cosa. Generalmente, y en la mayoría de los casos, desaparece al cabo de unos minutos. Hablamos del hipo, o del singultus si usamos el término médico. Un término tan curioso y particular como el síntoma al que hace referencia. ¿De dónde proceden estas contracciones repetitivas incontrolables y los sonidos extraños que emitimos cuando tenemos hipo?

Qué es el hipo

El hipo es una “contracción espasmódica involuntaria o incontrolada del músculo en la parte inferior de los pulmones (diafragma) seguido por el cierre rápido de las cuerdas vocales”. Así lo define la Organización Nacional de Enfermedades Raras (NORD). Por tanto, el principal responsable de que tengamos hipo es el diafragma, el músculo que se encuentra justo debajo de los pulmones y el que marca el límite entre el pecho y el abdomen.

Es, también, el que regula la respiración. Cuando se contrae, los pulmones cogen oxígeno; cuando se relaja, los pulmones liberan dióxido de carbono. Y es precisamente en este órgano donde se origina el hipo. Porque la contracción del diafragma fuera de ritmo es lo que provoca el hipo.

Cada espasmo del diafragma provoca que la laringe y las cuerdas vocales se cierren de forma repentina. El cuerpo reacciona con una especie de sonido, muy particular del hipo que, en condiciones normales, suele tener una frecuencia de 4 a 60 por minuto.

Según el tiempo que dure el hipo, se clasifica en:

  • Agudo: o crisis de hipo, transitorio o autolimitado. Es el que suele durar menos de 48 horas.
  • Persistente: puede durar entre las 48 horas y un mes.
  • Intratable: si dura más de dos meses.

Según la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), “a diferencia de otros reflejos como la tos, el hipo no sirve como función protectora y no parece que desempeñe ninguna función fisiológica”.

¿Por qué aparece el hipo?

Aunque en la mayoría de los casos aparece sin una causa aparente, la presencia de hipo suele estar provocado por algo que ha alterado el normal funcionamiento del diafragma. Entre las distintas causas más habituales suelen estar:

  • La ingesta excesiva de alimentos y comer demasiado rápido
  • Situaciones emocionales como nerviosismo o ansiedad
  • Tener o sufrir alguna enfermedad que irrite el nervio frénico, es decir, el que se encarga del movimiento del diafragma: neumonía, pleuresía (irritación o inflamación de la pleura, revestimiento situado alrededor de los pulmones).
  • Trastornos metabólicos, irritación del estómago o la garganta y trastornos del sistema nervioso central.

Pese a todo, en muchos casos es posible que no exista una causa concreta y clara que justifique la aparición del hipo. Aparece de golpe, sin más, y desaparece de la misma manera que ha aparecido.

¿Se puede quitar el hipo?

En una rápida búsqueda por internet aparecen miles de sitios con numerosos tipos de “curas” para el hipo. En la mayoría de los casos, estos remedios caseros implican algún tipo de estimulación glótica como:

  • Contener la respiración: dejar de respirar durante unos 15 segundos aumenta el CO2 en la sangre y se activan los nervios responsables de los movimientos del diafragma. Por tanto, sirve para que la glotis se vuelva a abrir y el hipo desaparece. En algunos casos, aumentar la concentración de dióxido de carbono que se respira disminuye la frecuencia con la que se tiene hipo. Al contener la respiración, ocurre algo similar: se bloquea el patrón motor y provoca una acumulación de dióxido de carbono.
  • Beber varios tragos de agua fría: el cambio de temperatura provoca un estímulo en el nervio vago, implicado en la aparición del hipo y que obliga a que el diafragma se contraiga.
  • Recibir un susto: cuando nos sorprenden con un susto que no esperamos, interrumpimos de manera momentánea la respiración. Después, la frecuencia respiratoria se vuelve a normalizar, favoreciendo así la desaparición del hipo.
  • Beber un vaso de agua del revés: quizás es uno de los trucos menos efectivos. Aunque al ingerir un líquido al revés se queda de respirar durante unos segundos y, por tanto, se altera el ciclo respiratorio, esto no tiene que ver con beber del vaso al revés, sino en contener la respiración.

En ocasiones, estos tratamientos cotidianos pueden ser útiles. Esto ocurre en el caso del hipo agudo. Pero en otros casos, y según un estudio publicado en Journal of the National Medical Association, los remedios caseros no funcionarán. En el caso del hipo persistente o el intratable, ninguno de estos trucos nos servirá para eliminarlo. En estos casos debemos ir más allá y recurrir a otro tipo de remedios que requieren la intervención de profesionales médicos para conocer las causas de su origen.

Para el hipo persistente, se asume que se trata más de una enfermedad que de un simple hipo y se relaciona con algún tipo de afección del nervio frénico. En estos casos es necesario recurrir, como reconoce la American Family Physician (AAFP) a una terapia farmacológica con clorpromazina, nifedipina, haloperidol, fenitoína o baclofeno e, incluso, a una intervención quirúrgica, como inyecciones en el nervio frénico, en los casos en los que las otras terapias han fallado. 

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