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Qué es la hidrocución y cómo puede afectar a los niños en la piscina

Este fenómeno está relacionado con los cambios en el sistema nervioso que puede provocar una inmesión en el agua demasiado fría 

Imagen: Public Domain Pictures

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Todos aquellos que solemos nadar en piscinas municipales, aunque sean climatizadas, sabemos que una parte fundamental del protocolo es pasar por la ducha antes de la inmersión. Una de los objetivos de este "lavado ritual" es quitarnos el posible sudor, pero el otro, tal vez más importante, es evitar la hidrocución, es decir el contacto demasiado brusco con el agua de la piscina cuando nuestro cuerpo está caliente. Es cierto que solemos ducharnos con agua caliente en lugar de fresca, pero el personal de la piscina por lo menos se asegura que hemos cumplido con el requisito.

¿Qué es la hidrocución?

La hidrocución –derivado de electrocución, puesto que son los mismos síntomas que si recibiésemos una descarga–, tal como relatábamos en este artículo sobre cómo proteger a los niños en las piscinas, es una reacción del sistema nervioso a un cambio brusco de temperatura corporal, sobre todo a nivel de piel. Puede producir desde mareos o malestar general, hasta una suerte de desmayo y pérdida de conocimiento en los casos más extremos.

Aunque no es un fenómeno ni frecuente ni probable, no es descartable y se da cuando tenemos la temperatura corporal muy elevada y nos sumergimos en un medio notablemente más frío, como pueda ser una piscina profunda y de climas continentales.

Hay que destacar que el síncope que nos puede producir este contraste de temperaturas no está relacionado con el sistema digestivo sino con el nervioso. De todos modos las consecuencias que puede tener sobre el sistema cardiorrespiratorio pueden ser de consideración. La hidrocución se podría producir también en una bañera, pero en este caso el peligro de muerte sería bajo a no ser que la bañera fuera muy grande o se tratase de niños.

En cambio, en una piscina el riesgo es mucho más alto, puesto que al perder el conocimiento nos hundiremos. A este respecto, no son pocas las muertes en España que se pueden achacar cada verano a este fenómeno, sobre todo entre niños. Ahora bien, no es lo mismo meterse en caliente en el Atlántico que en el Mediterráneo en agosto.

En el primer caso hay peligro, pero en el segundo se puede decir que no existe, pues el agua está caliente. Y lo mismo sucede con el agua de la piscina: depende del volumen de agua, de las temperaturas nocturnas de la zona, etc., y otros factores que determinarán lo fría que pueda estar. 

imagen: AnneCN

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¿Tiene que ver la hidrocución con las dos horas de digestión antes de bañarnos?

"Niña: después de comer hay que esperar dos horas a hacer la digestión antes de meterse en el agua, ya que puedes tener un corte de digestión y morir ahogada". A todas y todos nos la han repetido en numerosas ocasiones esta frase, y con la edad nos hemos acabado planteando si tenía algún fundamento científico o era un mito popular perpetuado por el el miedo y la precaución excesiva.

Lo cierto es que en términos generales el consejo de esperar las dos horas preceptivas, sobre todo en el caso de los niños y los ancianos, es acertado, al menos de forma preventiva. A pesar de que la hidrocución no se ve afectada por el aparato digestivo y los cortes de digestión no existen, sí es cierto que una comida copiosa puede hacernos subir significativamente la temperatura del cuerpo si el día es caluroso. Sobre todo en niños, cuyo volumen corporal es pequeño, la subida de temperatura tras comer es importante, pues la sangre se acumula en el estómago y no refrigera el resto del cuerpo.

Es por ello que sí es aconsejable de modo preventivo, cuando sabemos que el agua va a estar fría, que nos abstengamos, y hagamos abstenerse a nuestros hijos y nietos, de meternos en el mar o la piscina como mínimo hasta una hora y media después de comer. Sobre todo si hemos comido copiosamente, que es como suelen hacerlo los más pequeños, dado que están consumiendo mucha energía. Así lo recomienda la propia Cruz Roja.

Ahora bien, tampoco es recomendable en absoluto pasar esas dos horas de digestión haciendo ejercicio intenso, ya que sube la temperatura corporal. Por lo tanto, si vemos que nuestros hijos se impacientan tras algo más de una hora de quietud y comienzan a jugar activamente, tal vez sea mejor que les permitamos ir al agua, aunque siempre bajo nuestra vigilancia visual.

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