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Conteo bajo de espermatozoides, ¿cuáles son sus principales causas?

Cristian Vázquez

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Días atrás, la publicación de un estudio realizado por científicos de varios países -entre ellos, expertos de la Universidad de Murcia- dio cuenta de una notoria caída en la calidad del esperma en los hombres: en los últimos 50 años, la cantidad de espermatozoides se redujo a la mitad.

Cáncer de testículo: cómo detectar precozmente un tumor

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La noticia podía parecer antigua, porque en 2017 se publicó un estudio similar. Pero en aquel momento solo se habían analizado datos de Europa, Estados Unidos y Australia. El trabajo actual, en cambio, incorpora cifras de Centro y Suramérica, Asia y África. Las conclusiones son las mismas.

De hecho, ya había trabajos en la década de 1990 que registraban descensos considerables en el recuento de espermatozoides en comparación con datos de hasta seis décadas atrás.

En general, se considera normal una concentración superior a 15 millones de espermatozoides por mililitro de esperma. Para lograr un embarazo, en tanto, se estima que una eyaculación debe contener al menos 39 millones.

El estudio publicado este mes en la revista especializada Human Reproduction Update apunta que, de media, la concentración espermática cayó de 101 millones por mililitro de semen en 1973, a solo 49 millones por mililitro en la actualidad. Además, esa caída se ha acelerado: en los últimos lustros, el declive aumenta más de un 1% cada año.

Consecuencias de un semen de peor calidad

La primera consecuencia de este hecho son, por supuesto, los problemas de fertilidad. Pero no es lo único. El conteo de espermatozoides es un marcador del estado general de la salud de un hombre, tal como lo explica una investigación dirigida por Alberto Ferlin, científico de la Universidad de Brescia, en Italia, y presentada en 2018.

Un número bajo se asocia con alteraciones metabólicas, presión arterial más alta, riesgo cardiovascular, mayor grasa corporal y peores índices de colesterol. Más aún: también es mayor el riesgo de tener una baja masa ósea, lo cual aumenta las probabilidades de padecer osteoporosis.

Estos y otros factores de riesgo metabólicos hacen que los hombres con baja concentración espermática corran un riesgo mayor de padecer diabetes, enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular. Y también se ha señalado más posibilidades de un cáncer testicular.

Los estudios no dicen que una baja concentración espermática sea causa de trastornos metabólicos. Pero sí permiten tener una idea, como se ha mencionado, del estado general de la salud. Es por ello que conviene dedicar mucha atención a la profunda caída que las cifras de espermatozoides han experimentado en las últimas décadas.

La culpa de la contaminación

Ahora bien, ¿cuáles son las causas de esa bajada en la calidad del semen? Hasta ahora, los trabajos científicos no se han centrado en elucidarlo. Es difícil, dado que los seres humanos estamos expuestos a numerosos factores ambientales y resulta complejo calcular el grado de incidencia de unos y otros.

Existen evidencias, no obstante, de que un tipo especial de contaminantes llamados disruptores endocrinos desempeñan un rol fundamental en este sentido. Se trata de sustancias químicas exógenas incluidas en muchos productos industriales y que tienen efectos adversos sobre los organismos.

Entre los disruptores endocrinos más frecuentes se encuentran los parabenos, ftalatos, el bisfenol, la benzofenona-3 y el triclosán. Muchas veces estamos expuestos a ellos sin saberlo, pues se encuentran en numerosos alimentos, electrodomésticos, pinturas, productos de higiene personal, envases de plástico y otros objetos de uso cotidiano.

Por eso, el problema es muy complejo, sus efectos se vienen sufriendo desde hace décadas y parece difícil que la situación cambie en el corto o mediano plazo. Y lo más peligroso es la fase prenatal: se estima que la exposición del feto a esos contaminantes con actividad hormonal determina muchos problemas futuros.

Causas médicas del conteo bajo de espermatozoides

Más allá de los factores contaminantes que están ocasionando esa pronunciada caída, el conteo de espermatozoides puede ser bajo por muchas otras posibles causas, que se pueden clasificar en médicas, ambientales y de estilo de vida, como hace un documento de la Clínica Mayo, de Estados Unidos.

Entre las causas médicas, una de las principales es el varicocele, una hinchazón, con dolor testicular, de las venas que drenan el testículo y que se constituye en el responsable más frecuente de la infertilidad masculina (aunque se desconoce el motivo exacto por el cual se produce esa esterilidad). Por fortuna, es reversible.

Otras razones médicas comunes son las infecciones en la zona genital, como los testículos o el epidídimo, o algunas de transmisión sexual, como la gonorrea o el VIH. También la enfermedad celíaca puede afectar la calidad del semen; en este caso, la solución puede pasar por adoptar una dieta sin gluten.

La patología conocida como testículos no descendidos (durante el desarrollo fetal, esos órganos no abandonan el abdomen para ubicarse en su sitio normal: el escroto) también afecta la calidad del semen y reduce el conteo de espermatozoides.

Otras afecciones que provocan el mismo efecto son los problemas o ausencia de eyaculación, desequilibrios hormonales, defectos cromosómicos o en los conductos por donde se trasladan los espermatozoides, producción de anticuerpos que confunden a los espermatozoides con elementos dañinos, cáncer o tumores.

Y también ciertos medicamentos (como los anabólicos esteroides a largo plazo, algunos fármacos contra el cáncer, antimicóticos, antibióticos, etc.) o cirugías en la zona genital o inguinal pueden ser causantes de una reducción en el número de espermatozoides.

Otras razones ambientales y de estilo de vida

Por su parte, las causas ambientales más importantes son los ya mencionados disruptores endocrinos, a los que corresponde añadir contaminantes como el plomo y otros metales pesados.

Hay que recordar que, aunque desde principios de la década de 1970 se sabe que el plomo es dañino para la salud, en España su uso no se prohibió hasta 2002, y dejó de comercializarse en todo el mundo hace nada más que un año.

La exposición a rayos X o radiación también puede reducir la producción de espermatozoides, de forma temporal (aunque pueden pasar varios años hasta volver a las cifras anteriores) o permanente.

Incluso el calor excesivo en los testículos es una posible razón de la baja calidad del semen. No solo por calores como los ocasionados por el uso frecuente de la sauna o los baños con agua muy caliente, sino también por el uso de ropa ceñida o el ordenador portátil durante mucho tiempo directamente sobre las piernas y la zona genital.

Y con respecto al estilo de vida, los factores que pueden ser perjudiciales para la concentración espermática son similares a los que perjudican la salud general: desde la obesidad, el estrés emocional, la ansiedad y la depresión hasta el consumo excesivo de alcohol, tabaco y otras drogas.

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Días atrás, la publicación de un estudio realizado por científicos de varios países -entre ellos, expertos de la Universidad de Murcia- dio cuenta de una notoria caída en la calidad del esperma en los hombres: en los últimos 50 años, la cantidad de espermatozoides se redujo a la mitad.

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La noticia podía parecer antigua, porque en 2017 se publicó un estudio similar. Pero en aquel momento solo se habían analizado datos de Europa, Estados Unidos y Australia. El trabajo actual, en cambio, incorpora cifras de Centro y Suramérica, Asia y África. Las conclusiones son las mismas.

De hecho, ya había trabajos en la década de 1990 que registraban descensos considerables en el recuento de espermatozoides en comparación con datos de hasta seis décadas atrás.

En general, se considera normal una concentración superior a 15 millones de espermatozoides por mililitro de esperma. Para lograr un embarazo, en tanto, se estima que una eyaculación debe contener al menos 39 millones.

El estudio publicado este mes en la revista especializada Human Reproduction Update apunta que, de media, la concentración espermática cayó de 101 millones por mililitro de semen en 1973, a solo 49 millones por mililitro en la actualidad. Además, esa caída se ha acelerado: en los últimos lustros, el declive aumenta más de un 1% cada año.

Consecuencias de un semen de peor calidad

La primera consecuencia de este hecho son, por supuesto, los problemas de fertilidad. Pero no es lo único. El conteo de espermatozoides es un marcador del estado general de la salud de un hombre, tal como lo explica una investigación dirigida por Alberto Ferlin, científico de la Universidad de Brescia, en Italia, y presentada en 2018.

Un número bajo se asocia con alteraciones metabólicas, presión arterial más alta, riesgo cardiovascular, mayor grasa corporal y peores índices de colesterol. Más aún: también es mayor el riesgo de tener una baja masa ósea, lo cual aumenta las probabilidades de padecer osteoporosis.

Estos y otros factores de riesgo metabólicos hacen que los hombres con baja concentración espermática corran un riesgo mayor de padecer diabetes, enfermedad cardiaca y accidente cerebrovascular. Y también se ha señalado más posibilidades de un cáncer testicular.

Los estudios no dicen que una baja concentración espermática sea causa de trastornos metabólicos. Pero sí permiten tener una idea, como se ha mencionado, del estado general de la salud. Es por ello que conviene dedicar mucha atención a la profunda caída que las cifras de espermatozoides han experimentado en las últimas décadas.

La culpa de la contaminación

Ahora bien, ¿cuáles son las causas de esa bajada en la calidad del semen? Hasta ahora, los trabajos científicos no se han centrado en elucidarlo. Es difícil, dado que los seres humanos estamos expuestos a numerosos factores ambientales y resulta complejo calcular el grado de incidencia de unos y otros.

Existen evidencias, no obstante, de que un tipo especial de contaminantes llamados disruptores endocrinos desempeñan un rol fundamental en este sentido. Se trata de sustancias químicas exógenas incluidas en muchos productos industriales y que tienen efectos adversos sobre los organismos.

Entre los disruptores endocrinos más frecuentes se encuentran los parabenos, ftalatos, el bisfenol, la benzofenona-3 y el triclosán. Muchas veces estamos expuestos a ellos sin saberlo, pues se encuentran en numerosos alimentos, electrodomésticos, pinturas, productos de higiene personal, envases de plástico y otros objetos de uso cotidiano.

Por eso, el problema es muy complejo, sus efectos se vienen sufriendo desde hace décadas y parece difícil que la situación cambie en el corto o mediano plazo. Y lo más peligroso es la fase prenatal: se estima que la exposición del feto a esos contaminantes con actividad hormonal determina muchos problemas futuros.

Causas médicas del conteo bajo de espermatozoides

Más allá de los factores contaminantes que están ocasionando esa pronunciada caída, el conteo de espermatozoides puede ser bajo por muchas otras posibles causas, que se pueden clasificar en médicas, ambientales y de estilo de vida, como hace un documento de la Clínica Mayo, de Estados Unidos.

Entre las causas médicas, una de las principales es el varicocele, una hinchazón, con dolor testicular, de las venas que drenan el testículo y que se constituye en el responsable más frecuente de la infertilidad masculina (aunque se desconoce el motivo exacto por el cual se produce esa esterilidad). Por fortuna, es reversible.

Otras razones médicas comunes son las infecciones en la zona genital, como los testículos o el epidídimo, o algunas de transmisión sexual, como la gonorrea o el VIH. También la enfermedad celíaca puede afectar la calidad del semen; en este caso, la solución puede pasar por adoptar una dieta sin gluten.

La patología conocida como testículos no descendidos (durante el desarrollo fetal, esos órganos no abandonan el abdomen para ubicarse en su sitio normal: el escroto) también afecta la calidad del semen y reduce el conteo de espermatozoides.

Otras afecciones que provocan el mismo efecto son los problemas o ausencia de eyaculación, desequilibrios hormonales, defectos cromosómicos o en los conductos por donde se trasladan los espermatozoides, producción de anticuerpos que confunden a los espermatozoides con elementos dañinos, cáncer o tumores.

Y también ciertos medicamentos (como los anabólicos esteroides a largo plazo, algunos fármacos contra el cáncer, antimicóticos, antibióticos, etc.) o cirugías en la zona genital o inguinal pueden ser causantes de una reducción en el número de espermatozoides.

Otras razones ambientales y de estilo de vida

Por su parte, las causas ambientales más importantes son los ya mencionados disruptores endocrinos, a los que corresponde añadir contaminantes como el plomo y otros metales pesados.

Hay que recordar que, aunque desde principios de la década de 1970 se sabe que el plomo es dañino para la salud, en España su uso no se prohibió hasta 2002, y dejó de comercializarse en todo el mundo hace nada más que un año.

La exposición a rayos X o radiación también puede reducir la producción de espermatozoides, de forma temporal (aunque pueden pasar varios años hasta volver a las cifras anteriores) o permanente.

Incluso el calor excesivo en los testículos es una posible razón de la baja calidad del semen. No solo por calores como los ocasionados por el uso frecuente de la sauna o los baños con agua muy caliente, sino también por el uso de ropa ceñida o el ordenador portátil durante mucho tiempo directamente sobre las piernas y la zona genital.

Y con respecto al estilo de vida, los factores que pueden ser perjudiciales para la concentración espermática son similares a los que perjudican la salud general: desde la obesidad, el estrés emocional, la ansiedad y la depresión hasta el consumo excesivo de alcohol, tabaco y otras drogas.

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Días atrás, la publicación de un estudio realizado por científicos de varios países -entre ellos, expertos de la Universidad de Murcia- dio cuenta de una notoria caída en la calidad del esperma en los hombres: en los últimos 50 años, la cantidad de espermatozoides se redujo a la mitad.

Cáncer de testículo: cómo detectar precozmente un tumor

Más

La noticia podía parecer antigua, porque en 2017 se publicó un estudio similar. Pero en aquel momento solo se habían analizado datos de Europa, Estados Unidos y Australia. El trabajo actual, en cambio, incorpora cifras de Centro y Suramérica, Asia y África. Las conclusiones son las mismas.