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¿Por qué un gobierno de coalición para España?

Abrazo de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tras la moción de censura contra Mariano Rajoy.

Los gobiernos de coalición en Europa son la norma desde hace muchos años. De los 28 Estados que la componen, 21 tienen actualmente esta forma de gobierno dado que ninguno alcanza la mayoría absoluta. Una coalición implica un programa de gobierno consensuado y la participación en el ejecutivo con vicepresidencias y ministros. Por destacar algunos de los 21: Alemania (3 partidos), Francia (3 partidos), Italia (2 partidos), Hungría (2 partidos), Bélgica (3 partidos), Dinamarca (3 partidos), Finlandia (5 partidos), Países Bajos (4 partidos), Polonia (3 partidos) y Suecia (2 partidos). Estas coaliciones no implican necesariamente que se obtenga la mayoría absoluta y, por ello, a veces necesitan de acuerdos puntuales con otras fuerzas políticas. También se puede gobernar en solitario con apoyo externo, como lo hace Portugal.

En razón de ello, la demanda de un gobierno de coalición por parte de Unidas Podemos (UP) con su presencia en el ejecutivo, previo pacto de un programa de izquierda, se inscribe en lo razonable y no debería suscitar más rechazo o asombro que el de las fuerzas de la derecha. Sin embargo, el partido socialista (PSOE) se resiste a esta posibilidad ofreciendo un "gobierno de cooperación" con cargos de UP en escalones intermedios de la Administración sin presencia en el ejecutivo. Por otra parte, los posibles apoyos o las abstenciones del Partido Nacionalista Vasco, Partido Regionalista de Cantabria, Bildu y Esquerra Republicana de Cataluña no han manifestado ninguna dificultad ante la presencia de UP en el gobierno lo cual facilita dicha coalición. Entonces, surgen dos preguntas que trataremos de responder: ¿Por qué el PSOE no pacta con UP y acepta formar gobierno con estos? y ¿por qué UP no acepta pactar un plan de gobierno y un "gobierno de cooperación" o incluso un pacto programático sin cargos intermedios?

El presidente ha dicho claramente que su socio preferente es UP y que quiere un gobierno de izquierdas. Pero quiere gobernar en solitario con el apoyo de los 42 diputados de UP. Piensa que el pueblo eligió al PSOE para dirigir a España solo, ya que obtuvo un gran número de diputados (123). Argumento ciertamente falaz cuando este número no le permite gobernar (mayoría 176). Pero incluso si seguimos este razonamiento, vemos que el pueblo votó a dos partidos progresistas que si se unieran (UP 42) estarían cerca de la mayoría absoluta (sumados 165) y, según las encuestas realizadas, esta es la coalición que le gustaría a los votantes de ambos partidos.

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La España rural, anhelo romántico de comunidad

El municipio de Aladrén, con un censo de poco más de 50 habitantes.

En los últimos tiempos, en los más cercanos, la referencia de la llamada "España vacía" o "vaciada" es una constante en los medios de comunicación que, tras décadas de ominoso silencio sobre la despoblación, comienzan a tratar la cuestión con programas especiales y secciones específicas. Bienvenido sea este esfuerzo por poner en la agenda política el verdadero problema territorial de España, que no es otro que el de la desigualdad demográfica entre los diferentes puntos de una geografía castigada por el desempleo, la dispersión poblacional y la falta de infraestructuras, pero debería ser también tratada esa bienvenida con el recelo que despierta toda súbita revelación. Y es que, al margen de la oportunidad o no del término "España vacía" que ha logrado popularizarse, creo que subyace a este tratamiento mediático un error de enfoque que puede desvirtuar el propósito mismo, sin duda loable, de quienes se preocupan cada vez más por esta España nuestra que desfallece.

Veamos las últimas noticias al respecto. Comprobemos los últimos reportajes sobre la despoblación y los programas de televisión que se han realizado. Sólo se centran en aldeas perdidas a punto de desaparecer, vendiendo la realidad rural como una resistencia numantina de unos pocos héroes que aguantan la llamada de la urbe o que, hastiados de ésta, huyen al reencuentro de una esencia perdida. En estos últimos casos es todavía más palpable el halo de romanticismo que rodea a este tipo de coberturas mediáticas, y que parte de la distinción que realizó en su momento Ferdinand Tönnies entre "sociedad" y "comunidad". Para el sociólogo alemán, la "comunidad" se refiere a todo el conjunto de lazos y vínculos sociales más naturales que se dan entre las personas, generalmente en el seno de grupos estables, pequeños y donde existe la posibilidad del reconocimiento mutuo. Es el humanizado mundo rural, en el que priman relaciones horizontales, solidarias y permanentes, el mismo mundo que en la época de Tönnies comenzaba a fenecer como consecuencia de la revolución industrial y el correlativo proceso de urbanización en Occidente. La "sociedad", en cambio, es la construcción artificial, impersonal y anónima, donde la relación vertical es hegemónica y donde se han perdido o difuminado las relaciones humanas de fraternidad, sustituidas por la vertiginosa y anónima vida diaria de las grandes urbes. La "sociedad", con la artificialidad del aséptico imperio de la ley, permite la división del trabajo, la competencia entre los mismos trabajadores y un individualismo extremo que se pierde en la masificación y la falta de reconocimiento social.

A pesar de su dualismo y de la generalidad de la división, ésta nos sirve para ilustrar el error de enfoque en torno a la España vaciada que apuntamos. Porque la perspectiva parte siempre de la ciudad, de la "sociedad", que ve lo rural como una válvula de escape para sus problemáticas urbanas, para la artificialidad de las relaciones impersonales que en ella predominan. Por ello se busca la "comunidad" perdida, esa esencia de origen en el que todo es supuestamente fraternidad y humanidad, donde los individuos son, antes que nada, personas. Y por ello, en consecuencia, se prefiere siempre focalizar la cuestión de la despoblación en las aldeas a punto de desaparecer, en una ruralidad demasiado rural, casi cercana a lo medieval, donde aquella "comunidad" parece subsistir por fin en medio de artesanías o ancianos que conversan a la luz de la estufa. La búsqueda de la "comunidad" perdida termina mitificando el vacío demográfico mediante su identificación con el ideal-tipo de la aldea que resiste, cuando en verdad la clave de la despoblación de la mayor parte del territorio español reside principalmente en la crisis de los núcleos intermedios.

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Los votos de Valls a Colau sí son a cambio de algo

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Ada Colau: "En ningún caso iniciaré una negociación para un acuerdo con Valls o Artadi"

La candidatura de Manuel Valls fue financiada por empresarios y fondos buitre. En las elecciones barcelonesas, Valls era el representante de las élites económicas y ello hace que, a la hora de decidir a quién otorgar su voto para la investidura de alcaldía, su razonamiento no pudiera ser otro que dárselo a aquella candidatura que garantizara una mayor conservación de la seguridad jurídica para las empresas de sus mecenas y el statu quo. Partiendo de esta premisa, ¿por qué optó por investir a Ada Colau y evitar una alcaldía de ERC? ¿son sus votos "a cambio de nada"?

Esta pregunta no puede responderse sólo desde el eje social. El programa social de ERC no supone, para los poderosos, una amenaza mayor ni menor que el de BeC, ambos se asemejan, con lo cual les debería dar igual uno que otro. La pregunta sólo puede responderse, en consecuencia, desde la profunda conexión existente, hoy en el país, entre lo social y lo nacional. De hecho, el argumento de Valls para facilitar el gobierno de BeC fue evitar un gobierno independentista. Entender la conexión entre lo social y lo nacional permite comprender por qué para las élites, impedir un Gobierno local independentista es una cuestión social o de lucha de clases.

Si bien existen varias ideas de nación, la única que nos permite entender tal conexión entre lo nacional y lo social que explica el voto de Valls es la noción histórico-materialista de nación. Esta se construye de manera opuesta a las tres grandes corrientes que, tradicionalmente, han dominado la idea de nación: las teorías metafísicas desarrolladas por los románticos alemanes y Hegel, según la cual cada nación está dotada de un espíritu nacional (Volksgeist) que determina su modo de ser, de tal manera que la historia no es otra cosa que la actualización de ese espíritu. Las teorías psicológicas que identifican la nación con los fenómenos subjetivos de la conciencia y de la voluntad de pertenencia, una nación existe porque sus miembros se auto-identifican con la misma. Y las teorías empíricas que enumeran un conjunto de elementos cuya agregación constituyen la nación: un territorio habitado, una lengua y cultura común, etc.

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¿Por qué el discurso capitalista concierne al psicoanálisis?

La democracia está siempre amenazada y en riesgo de desaparición

Sabemos que la democracia es un ideal que, como tal, es inalcanzable. Por otra parte, es un sistema contrario a la idiosincrasia de los seres humanos que están empeñados en hacer la guerra, en dañar al otro, en explotarlo y robarle -lejos de cualquier idea de solidaridad. A raíz de esto, la democracia está siempre amenazada y en riesgo de desaparición y requiere de acciones para mejorarla y sostenerla cada día. Mediante la división de poderes que la caracteriza, el hombre ha encontrado una manera, precaria ciertamente, de dirimir las diferencias entre antagonistas sin la necesidad de matarse. Pero, al mismo tiempo, por el hecho de hacer visibles a los invisibles, resulta ser peligrosa para todos aquellos cuyo anhelo es controlar y dominar a los ciudadanos excluyéndolos de cualquier participación y buscan conseguir que se sometan mansamente a cualquier tropelía. Confirma esto la respuesta que dio la Comisión Trilateral en 1975 (fundada en 1973 por Rockefeller) ante la corriente democratizadora en EE. UU durante los años sesenta del siglo pasado. Escribió un famoso informe llamado "La crisis de la democracia" donde decía con total claridad que "lo que se necesita es un mayor grado de moderación democrática" ya que había demasiada democracia.

Hay hoy en la UE, con justificada razón, una gran preocupación por el auge de los partidos ultraderechistas y, como consecuencia, se acuerdan cercos sanitarios contra ellos sin abordar las verdaderas causas que lo han originado. La UE no quiere valorarlas porque esto pondría en cuestión todo el sistema económico que es el que provoca las injusticias y desigualdades flagrantes que padecemos. Todo el mundo sabe lo que sucede -no hay ninguna inocencia-, pero nadie de los que manejan la UE quiere tocar la base en la que se sustenta el modo de lazo en el que vivimos. Dicho más claramente, la democracia llega hasta la elección de los gobiernos nacionales y de los diputados europeos y se suspende cuando hay que elegir a las máximas autoridades de la UE, las cuales garantizarán la no confrontación con el neoliberalismo. Ahí se acaba la democracia ya que se da por hecho que cuando hablamos de ella indefectiblemente hablamos de capitalismo, como si estas dos palabras estuvieran unidas de modo indeleble y no fuera posible pensar otro tipo de sistema económico asociado a la democracia. Cualquiera que sugiera esto o, más modestamente, pretenda una mejor distribución de la riqueza es tildado de populista, tal como en épocas anteriores lo era de comunista. Bajo este significante insulto se iguala a todo tipo de regímenes o proyectos. Es lo mismo Vox que Podemos, Mélenchon que Le Pen, Salvini, Orbán o Amanecer Dorado y Evo Morales o Lula que Bolsonaro o Trump. En este sentido, la posición de Ciudadanos es cristalina: ningún acuerdo de gobierno del Estado con el PSOE si están Vox o Podemos. Dos partidos que se ubican en las antípodas, ya que uno pretende un retorno a la tradición franquista sin tocar la economía neoliberal y el otro pretende una profundización de la democracia y ciertas medidas que mejoren de algún modo la distribución del ingreso. Empero para Ciudadanos, preclaro defensor del neoliberalismo, los dos son enemigos populistas, aunque finalmente uno más que otro ya que termina pactando con la ultraderecha.

Realmente no es posible llamar democracia a un sistema donde se le ponen barreras a su ejercicio. En la actualidad podemos hablar de los perjuicios del sistema de acumulación capitalista imperante siempre que lo que ese hablar proponga no tenga ningún efecto real sobre la vida de los ciudadanos. Sabemos que existe un consenso mundial alrededor de las bondades del neoliberalismo, el cual es promovido por el FMI, el BM, la OCDE, la UE y por todos los bancos centrales y privados del mundo, las grandes empresas multinacionales, los fondos de inversión y la mayoría de los gobiernos de los países. La globalización marca el triunfo del capitalismo.

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Perdonen las molestias, en España se producen detenciones arbitrarias

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Joaquim Forn y los Jordis declaran a petición propia en el Supremo

El miércoles pasado conocimos la Opinión número 6/2019, referente a España, emitida por el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria, con sede en la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra.

Una Opinión dictada por este Órgano no es una mera manifestación de la voluntad o una expresión consultiva sobre un tema cualquiera: la Opinión es una Resolución, tras una investigación, sobre un asunto que llega a través de una reclamación de cualquier ciudadano del mundo que se sienta desprotegido y vulnerado ante una detención o privación de libertad arbitraria.

En este caso, los ciudadanos Jordi Cuixart, Jordi Sànchez y Oriol Junqueras presentaron denuncia por considerar que habían sido privados de libertad injusta y arbitrariamente. Alegaron principalmente que su situación de prisión se debía "al ejercicio de sus derechos a la libertad de opinión y de expresión, que fue criminalizado. La detención fue el resultado de haber expresado pública y pacíficamente el deseo de independencia".

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No cabe la suspensión y lo saben

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La suspensión de electos se está complicando a pasos agigantados y, seguramente, ello se debe a algo que es esencial: no existe previsión legal para hacerlo en esta fase procesal y, por ello, el Tribunal Supremo está tan interesado en que lo hagan las Cortes Generales. Me explicaré.

El artículo que se aplicó cuando los presos políticos catalanes fueron procesados es el artículo 384 bis del Código Penal, y dicha norma sólo es aplicable una vez que el auto de procesamiento es firme; pero cualquier interpretación que se haga de dicho precepto impide su aplicación en el momento actual toda vez que la norma dice, literalmente, que: "Firme un auto de procesamiento y decretada la prisión provisional por delito cometido por persona integrada o relacionada con bandas armadas o individuos terroristas o rebeldes, el procesado que estuviere ostentando función o cargo público quedará automáticamente suspendido en el ejercicio del mismo mientras dure la situación de prisión". 

Pero no sólo basta tener presente la literalidad de la norma sino, también, su ubicación sistemática dentro de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y, en este caso, nos encontramos con que dicho precepto se ubica Título II (denominado "De la querella") y, más específicamente en su Capítulo III (denominado "De la identidad del delincuente y sus circunstancias") pero, muy significativamente justo antes del Capítulo IV  que se llama "de las declaraciones de los procesados".

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La democracia europea ampara lo antidemocrático

Hay un debate sobre dónde se sitúan las amenazas a la democracia en Europa que termina señalando dos polos.

Por un lado, el imperio de las normas en la Unión Europea, reflejo de una idea de gobierno donde lo fundamental es la aplicación de lo acordado por las mismas. Así, lo esencial no es gobernar sino sostener una correcta gestión y la idea de Europa como una empresa a la que hay que administrar. Este modo de acción deja fuera a la política en tanto debate, confrontación, antagonismo, participación e invención. Lo que finalmente gobierna son "las cosas", las normas -como sostiene Jean Claude Milner- y lo que hay que hacer es simplemente aplicarlas.

Por el otro, las ideas totalitarias que reniegan de esta Europa, corrientes profundamente antidemocráticas que se sienten autorizadas a representar el descontento y la desesperanza que causa en la población la falta de accionar político de la democracia europea. Esta ideología "aggiornada" intenta instaurar gobiernos que llaman democracias iliberales debido a su descreencia en la democracia liberal y su equilibrio entre los tres poderes. El gobierno húngaro nos sirve muy bien como ejemplo para esto ya que su presidente, Viktor Orbán, afirmó en su investidura en mayo de 2018 que "la era de la democracia liberal ha terminado". Estas democracias iliberales (término acuñado por Fareed Zakaria) donde el poder se concentra fundamentalmente en el Ejecutivo, terminan siendo sistemas autoritarios por consenso, en los cuales la oposición debe callarse la boca como sostiene el nuevo gurú de la ultraderecha mundial Steve Bannon. Este artífice del triunfo de Trump está montando, junto con los sectores más conservadores de la Iglesia, una internacional ultraderechista con sede en Bélgica, "The Movement", y usa como puerta de entrada en Europa una escuela para dirigentes de ultraderecha en un monasterio en Italia, la Cartuja de Trisulti.

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El caso Iceta, la cortesía y los requisitos para un diálogo honesto

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Miquel Iceta.

Días atrás, Pedro Sánchez elegía a Miquel Iceta para presidir el Senado, presentando la propuesta como un gesto hacia Catalunya. La negativa de JuntsxCat, ERC y la CUP de votar, en el Parlamento catalán, a favor de la designación de Iceta como senador autonómico, ha sido calificada por el PSOE y muchos medios de comunicación como una negación del diálogo y un ataque a la convivencia y a la cortesía parlamentaria. Sin embargo, si quitamos, por un momento, el foco en la respuesta de los independentistas y lo colocamos encima de la propuesta de Sánchez, podemos ver que la oferta de este carece de los requisitos básicos de cualquier propuesta honesta que pueda ser aceptada.

Para que, en el marco de un conflicto político, una oferta de diálogo por parte de un gobierno pueda considerarse honesta, debe cumplir dos reglas de cortesía indispensables: 1. Debe ir acompañada del cese de la represión contra la otra parte. No se puede pretender cortesía y diálogo del otro si no suspendes, al menos temporalmente durante la negociación, la represión y vulneración de derechos contra éste. Y, 2. El diálogo no puede basarse en el engaño a la otra parte.

Ninguna de estas dos reglas de cortesía o requisitos han acompañado las, hasta ahora, ofertas de diálogo ofrecidas por el Gobierno de Sánchez a los partidos catalanes, ni tampoco acompañaban al supuesto gesto con Catalunya de querer nombrar a Iceta como presidente del Senado.

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El club que no quiere que se vigilen los derechos humanos

Foto de archivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Días atrás, cinco de los países del gran club de la (extrema) derecha de América Latina, Colombia, Chile, Argentina, Paraguay y Brasil enviaron un comunicado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dirigida a su secretario general Paulo Abrao, para según ellos "proponerle respetuosamente" que este tribunal no interfiera más en los asuntos internos de los países firmantes cuando de violación de DDHH y reparación se trata.

Este club de los cinco mencionan que la CIDH al "momento de decretar medidas de reparación deben guardar una debida proporcionalidad y respetar los ordenamientos constitucionales y las exigencias propias del Estado de Derecho". Es decir, que el sistema de protección a los Derechos Humanos no puede "sobrepasar" la autonomía de los Estados.

Son varias las sorpresas que resultan de esta solicitud:

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El tránsito de la derecha española al neofranquismo

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Javier Ortega-Smith, número dos de Vox

Vivimos un auge del neofascismo que, en España, adopta la forma de neofranquismo. Ello no se expresa sólo en la aparición de Vox, sino, también, en el claro tránsito ideológico del PP de Rajoy al de Casado, o en el del primer Ciudadanos que se definía como socialdemócrata, laico y no monárquico, al actual. Como se explica este auge?

Solemos escuchar, a menudo, que es una reacción al Procés. No obstante, las causas son más complejas. El fenómeno requiere una doble explicación: por un lado, una explicación global. El auge del neofascismo en España no puede entenderse aisladamente sino en el marco de una tendencia global en este sentido (Trump, Bolsonaro, Frente Popular francés, Alternativa alemana, etc.). Y, por otro lado, una explicación particular. Las determinaciones históricas propias de España hacen que el neofascismo franquista sea muy distinto al neofascismo inglés o francés.

Empecemos por la explicación global. Cualquier proyecto político de la derecha ha estado, siempre, orientado a establecer las condiciones para la reproducción del capitalismo. El hecho de que este último no sea un modo de producción estático sino cambiante, hace que el proyecto político que necesita, en cada momento histórico, sea también distinto. Así pues, mientras el capitalismo del s. XIX, en su fase de libre competencia, necesitaba del constitucionalismo liberal temprano como proyecto político. Y, el capitalismo del s. XX, en su fase monopolista de Estado, del Estado social. El neofascismo constituye el sistema jurídico-político necesario y funcional a la actual fase de transición hacia una nueva forma de capitalismo.

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