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Israel: crónica de un descenso anunciado

La decisión israelí de persistir en su ocupación ilegal del territorio palestino y en la sistemática violación de los derechos humanos del pueblo palestino acarreará, tarde o temprano, su descenso de la "liga de las Naciones Unidas" a la "liga del apartheid", donde ya estuvieron en el pasado sus socios sudafricanos.

El aplastante voto del Parlamento británico por el reconocimiento del Estado de Palestina (274 votos frente a 12) no debe ser interpretado solamente como la representación de la opinión pública británica en cuanto a Palestina, sino también al cansancio de quienes incluso habiendo cultivado la cultura de impunidad israelí hoy se sienten traicionados por un gobierno extremista como el de Benjamin Netanyahu, a quien sencillamente ya nadie cree. La pregunta pertinente es si esta "tarjeta amarilla" a la ocupación israelí se va a transformar en una tarjeta roja por parte de la comunidad internacional; o si Israel entiende el mensaje recibido y voluntariamente se retira de los territorios palestinos ilegalmente ocupados. Parafraseando -en parte- al gran Gabriel García Márquez, esto es la "crónica de un descenso anunciado". El descenso de Israel desde una "liga de naciones" a "la liga del apartheid", donde ni sus más acérrimos defensores podrán defenderle.

Es muy ilustrativo e interesante ver el debate del Parlamento británico sobre el reconocimiento de Palestina. Parlamentarios de todos los colores políticos (salvo los ultranacionalistas) apoyaron la moción. Se pudo escuchar desde sectores progresistas llamando a terminar con la culpa histórica de la "Declaracion Balfour" a otros que simplemente pedían a Londres asumir su responsabilidad histórica. También hubo quienes tomaron la resolución como una forma de apoyar la perspectiva diplomática de la OLP frente al recurso a la violencia de Hamás. Lo más notable fue la posición de una serie de parlamentarios conservadores, empezando por el ex ministro Alan Duncan, quien hizo una impecable defensa del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino.

También se pudo escuchar al parlamentario conservador Richard Ottaway, un histórico defensor del sionismo, afirmar que "el gobierno israelí me ha hecho ver como un estúpido". Si bien Ottaway no votó a favor, dijo que no podía oponerse a la resolución debido a la posición adoptada por el gobierno de Netanyahu. Todos quienes apoyaron la moción -e incluso un grupo de quienes se abstuvieron- señalaron ser amigos de Israel y defender su derecho a existir, pero también afirmaron que defender hoy al gobierno israelí es algo simplemente imposible.

La masacre israelí en Gaza, así como el inmediato e históricamente sin precedentes avance de las colonias en Cisjordania, ha cambiado los papeles para todos los actores regionales. En el caso de Palestina, la agresión no significó un cambio de estrategia de la OLP en cuanto a su rechazo de la violencia, sino la necesidad de impulsar una serie de canales diplomáticos hasta entonces cerrados para Palestina. En paralelo, el reconocimiento por parte de Suecia del Estado palestino -unos pocos días antes del anuncio por parte de la OLP de buscar una resolución en el Consejo de Seguridad que ponga fecha de término a la ocupación israelí- ha contribuido de forma fehaciente a la consecución de un momento diplomático único. Hoy como nunca Europa está preparada para dar el siguiente paso, el cual ha de consistir en que las opiniones públicas de cada país presionen a sus gobernantes para que la visión mayoritaria de los ciudadanos europeos se concrete en el reconocimiento de Palestina como primer paso.

Israel se ha tomado esta tarjeta amarilla mostrada por el Parlamento británico y otros actores internacionales con la arrogancia de costumbre. Con mensajes descoordinados entre su cancillería y la oficina del primer ministro, los intentos de Netanyahu por ignorar la presión diplomática continúan fallando. Incluso el Partido Laborista intentó hacer lobby en contra del reconocimiento, dejando claro que su compromiso es todavía con la impunidad israelí y no con la paz. El Partido Comunista de Israel y el Meretz fueron los únicos dos partidos con participación judía donde el reconocimiento de Palestina fue totalmente apoyado.

Israel hoy se parece mucho a aquellos equipos de fútbol que, habiendo tenido en el pasado años de gloria y grandes presupuestos, hoy se baten luchando por el descenso. Las reglas del juego han cambiado, pero el terco dueño del equipo se niega a aceptarlo. Podrá recibir el apoyo de sus fanáticos hooligans, pero nada podrá evitar que el descenso se consume a menos que entienda que no se puede golpear en la cabeza a un rival sin ser expulsado. En la "liga" de Naciones Unidas ya conocemos un descenso anterior: la Sudáfrica del apartheid.

Esta semana una entrevista en Israel Hayom (el medio de propaganda de Netanyahu) del vice-primer ministro Moshe Ya'alon ha dejado las posiciones aún más claras: el equipo quiere descender. Desde la rotunda negación de la solución de dos Estados, la absoluta negativa a aceptar un Estado palestino y su total apoyo al asesinato de civiles en Gaza, así como su rechazo a una intervención internacional, el gobierno israelí sigue encerrado en su lógica colonialista. La tarjeta amarilla a la ocupación presumiblemente no ha de ser suficiente para que el gobierno israelí cambie de rumbo, al contar con una población que todavía no siente las consecuencias de vivir en un país que viola sistemáticamente el Derecho internacional. Ni siquiera los más fervientes admiradores de este sistema, aquellos que hasta el momento han hecho todo lo posible por evitar la crítica internacional mostrando imágenes del gay parade en Tel Aviv o publicitando la producción de ciencia israelí, van a poder continuar colaborando con el apartheid en Israel.

¿Y qué se le pide a España en esta situación? Palestina ya ha pedido formalmente el reconocimiento a España en varias ocasiones. Sencillamente creemos que no hay excusa para que un país que tanto ha invertido en el desarrollo de las instituciones del Estado palestino y que haya hecho pública en tantas ocasiones su condena al proceso de colonización israelí, no lleve a cabo ese acto soberano y tan de principios como es el reconocimiento de Palestina. Todo indica que hoy, habiendo sido elegida España para el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con el decisivo apoyo de muchos de los que hacen lobby para conseguir el fin de la ocupación israelí, el reconocimiento de Palestina y el apoyo para poner una fecha final a la ocupación han de ser cuestiones prioritarias en la política exterior española.

Con un poderoso equipo, Israel va camino al descenso tal como sus socios del apartheid sudafricano lo hicieron hace unas décadas. Por no contentarse con lo que el Derecho internacional le entrega, puede terminar perdiendo todo su capital internacional. El no responder positivamente a la tarjeta amarilla mostrada por las opiniones públicas del mundo va a determinar que pronto ni la UEFA ni Eurovisión lo tengan fácil a la hora de justificar la presencia de Israel en sus competiciones y concursos. En efecto, esta "crónica de un descenso anunciado" ha comenzado. Su duración, antes de que aquel se consume, dependerá de la voluntad de la comunidad internacional de tomar partido o no. Quién sabe. Puede que en el camino la lógica prime e Israel entienda que aún está a tiempo de no descender.

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