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Atentados de la extrema derecha y servicios secretos: hoy como ayer

La solicitud de reapertura de los atentados cometidos en los años 80 por grupos neonazis en Alemania es una buena oportunidad para empezar a esclarecer la turbia relación entre estos grupos y los servicios secretos de los Estados.

La relación entre los atentados de la extrema derecha y los servicios secretos es una historia interminable. Baste un ejemplo para mostrarlo: el servicio secreto italiano estuvo directamente involucrado cuando, en el transcurso de una operación secreta de la OTAN denominada Gladio, 17 personas perdieron la vida en Milán en 1969 y otras 85 personas fallecieron en Bolonia en 1980 en atentados perpetrados por la extrema derecha.

Sobre el tema no se sabe nada en concreto. Tampoco en Alemania donde la comisión investigadora del Parlamento de Turingia ha presentado su informe final acerca de las actividades de la denominada Clandestinidad Nacionalsocialista (CNS). El informe contiene, además de una dura crítica a las autoridades de Turingia, una gran cantidad de preguntas abiertas. Estas existen también a nivel federal, sobre todo con relación al papel de los informantes de las Oficinas de Protección de la Constitución en las acciones de la CNS y el conocimiento que tuviesen de ello.

Por ello, el Parlamento federal debe crear una segunda comisión investigadora sobre las actividades de la de la CNS. A ver si los partidos se lo toman realmente tan en serio como afirmaron la primera vez. El juicio contra Beate Zschäpe -integrante del grupo neonazi CNS- ante el Tribunal Superior Regional de Múnich, previsto para el verano de 2015, podría proporcionar una buena ocasión para ello. En vista de los indicios, tanto históricos como actuales, que apuntan a una conexión entre la violencia de extrema derecha y los servicios secretos, así como de una cadena de omisiones que no se explica tan solo por los errores cometidos por personas individuales, no comprendo por qué la solicitud de reabrir el caso del atentado de la Oktoberfest de 1980 recibe tan poca atención pública.

El 26 de septiembre de 1980, durante la Oktoberfest (que se vuelve a celebrar esta semana) explotó una bomba que acabó con la vida de trece personas e hirió a otras 200, a algunas de ellas de gravedad. Se identificó con celeridad a Gundolf Köhler, el radical de extrema derecha que colocó la bomba y que perdió la vida durante el atentado. La policía y el ministerio fiscal abrazaron, de forma igualmente rápida, la hipótesis de la autoría individual. Se trata de un modelo explicativo que se repite cada vez que los radicales de derechas cometen actos de violencia: un caso aislado, grave, sí, pero sin ninguna organización reconocible a sus espaldas, con lo que se descarta la exigencia de consecuencias políticas. El abogado de Múnich Werner Dietrich, representante de las víctimas, trabaja desde hace 29 años para desarmar esta tesis de la autoría individual que, en aquel entonces, defendieron las autoridades judiciales y policiales.

Los autores Ulrich Chaussy y Wolfgang Schorlau, quienes en sus libros Oktoberfest. Un atentado. Como comenzó la represión del terrorismo de derechas y El complot de Múnich se esforzaron por pedir la revisión del atentado, apoyan las tesis del abogado Dietrich. Ya en 1980 hubo indicios de vinculaciones entre el terrorista Köhler y grupos neonazis. Los investigadores -entonces, de la República Federal- no siguieron la pista a estos indicios. De hacerlo, habrían tenido que admitir que el grupo "Wehrsportgruppe Hoffmann" y los grupos vinculados al proveedor de armas Heinz Lembke -que presuntamente se quitó la vida después de haber confesado- o al neonazi Odfried Hepp, existían de verdad. También se ignoraron los testimonios de testigos que señalaban que había más personas en el lugar del atentado. Autoría individual, casualidad, omisiones: hoy como ayer.

En los últimos años el Ayuntamiento de Múnich y el Parlamento de Baviera también han apoyado la reapertura de las investigaciones. No obstante, aunque se volviera a investigar el caso treinta y cuatro años después, la búsqueda de pruebas se convierte, naturalmente, en algo muy difícil. Sin embargo, esto no justifica no intentarlo y abrir los expedientes que se han mantenido en secreto hasta ahora. Hay muchas razones para esclarecer a nivel judicial y parlamentario tanto el atentado de la Oktoberfest como toda la serie de asesinatos y atentados de la CNS con la mayor firmeza posible.

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