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Juzgar en Europa las violaciones de derechos humanos cometidas por EEUU

Dada la negativa de los tribunales estadounidenses a investigar los casos denunciados de torturas y otras violaciones de derechos humanos cometidas por sus agentes en la "guerra contra el terror", el foco debe centrarse en conseguir que estas acciones sean investigadas en tribunales europeos.

Se lo debemos a las víctimas y a la creencia en el principio de prohibición absoluta de la tortura.

La American Society for International Law se reunió la semana pasada en Washington DC en un hotel en Capitol Hill, es decir, en el centro político de la ciudad. Aquí se reúnen los juristas con perfil internacionalista de gobiernos, grandes bufetes relacionados con empresas y multinacionales, universidades y organizaciones de derechos humanos. Hubo varios paneles que trataron sobre las violaciones de los derechos humanos de los Estados Unidos en nombre de la “guerra contra el terror” tras el 11 de septiembre del 2001. Yo también participé. El tema fue los juicios por dichas violaciones a celebrar fuera de los Estados Unidos.

En Europa están cambiado las cosas. No solo en Europa occidental ha habido y están teniendo lugar investigaciones serias. Organizaciones de derechos humanos de Europa del este denuncian a sus propios Estados y contra actores estadounidenses. Durante sus actividades globales Estados Unidos usó territorios europeos; mantuvo cárceles secretas de tortura en Polonia, Lituania y Rumanía; secuestró personas en Italia y Macedonia. Algunas de estas acciones se dirigieron contra ciudadanos europeos. Por ese simple hecho ya es competencia de tribunales europeos.

Tardaron mucho los europeos en admitir su propia responsabilidad. Mucho tiempo duró la fidelidad incondicional hacia los Estados Unidos y la ignorancia respecto a los excesos de tortura. El Consejo de Europa -una institución muchas veces subestimada- y el Parlamento Europeo iniciaron el camino hace unos diez años con importantes informes al respecto. Después, le siguieron comisiones investigadoras en países como Suecia, Alemania y Gran Bretaña, entre otros.

Acciones penales en España, Italia y Alemania condujeron a la emisión de órdenes internacionales de busca y captura contra agentes de la CIA que participaron en los secuestros del ciudadano alemán Khaled El Masri y de Abu Omar, un ciudadano egipcio. En Italia, donde se puede celebrar un juicio penal en ausencia del acusado, hubo sentencias. Por otro lado, las órdenes de captura del Juzgado Municipal de Múnich no han podido ser llevadas a efecto hasta el momento, pero los procesos muestran sus efectos: varios cientos de agentes de la CIA, quienes trabajan en el programa transnacional de secuestro y tortura, ahora no viajan a Europa -al menos no bajo su nombre real- por miedo a arrestos e interrogatorios.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha decidido en varios casos que Polonia y Macedonia han violado el Convenio Europeo de Derechos Humanos al ayudar a la CIA en las torturas. Ambos países ignoraron las acusaciones. Mientras, en el congreso celebrado en Washington DC una colega estadounidense expresó explícitamente su lamento. Y es que varios casos presentados en Estados Unidos no solo no fueron juzgados, sino que ni siquiera fueron admitidos por sus tribunales. Las razones: ocultación e inmunidad. Por eso debemos esforzarnos en Europa.

Aparte de los casos en Europa del Este, resulta interesante la situación actual en España y Francia. Antiguos prisioneros de Guantánamo denuncian la tortura allí sufrida. En Alemania la Fiscalía General Federal (sita en Karlsruhe) analiza la situación desde la publicación en diciembre de 2014 del informe del Senado estadounidense sobre la tortura practicada por la CIA. Además, revisa la denuncia que el European Center for Constitutional and Human Rights presentó contra el antiguo jefe del servicio secreto estadounidense, George Tenet.

No sabemos si en este proceso lograremos que las víctimas reciban, aunque sea tardía, algo de justicia. Pero sí sabemos que a ellos les debemos -y también a la defensa de la prohibición absoluta de la tortura- el seguir intentándolo.

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